Wednesday, September 26, 2007

BUFFET LIBRE

Siguiendo con lo que les anunciaba en el post anterior quiero dedicar este artículo a algo que nos agrada en desmesura a los que somos "de vida": el buffet libre.

¡Ay qué buen invento que es el Buffet Libre! Buffet es el anglicismo para una palabra de origen francés buffet que viene a significar "mostrador", "despacho", "aparador", así como el mostrador de una tienda es donde se trata con el público. Así pues la palabra nos ha dado la idea de ser un mueble donde se expone. Estamos acostumbrados a escuchar esta palabra a la inglesa para referirnos al mostrador del Buffet Libre. Sin conexión alguna con lo que he explicado, existe la coincidencia que la palabra BUFETE, que según tengo entendido, significa CULO en caló, la variante ibérica de la lengua romaní, habla del pueblo gitano.

Vistas la etimología y una curiosidad sobre esta palabra, vamos a entrar en materia con lo que comentado que es un gran invento: la idea de comer todo lo que puedas por un precio pre-establecido. No sé quién tuvo la brillante idea de poner al alcance de los más tragones la posibilidad de salir más que satisfecho de uno de estos restaurantes habiendo pagado lo que cuesta un menú en cualquier restaurante convencional. Bueno, tal vez el precio sea un poco más caro que en otro restaurante pero el reto está en que te salga a cuenta el haber pasado por el buffet libre. Normalmente los restaurantes de buffet libre se ceban un poco en el precio de las bebidas por lo que el comensal tiene que ser un poco más vivo y pedirse la bebida más barata que haya en el restaurante que generalmente suele ser agua. En cuanto a la bebida y su proporción con respecto a la comida voy ahora a dar un pequeño consejo. Tomen nota:





Por favor, vigile de no hincharse el estómago de líquido ya que no alcanzaría a meter en el estómago la cantidad suficiente de comida para que salga a cuenta haber ido a comer a ese sitio. Ya he escrito que se tiene que obtar por la bebida más barata, el agua mineral sin gas, que suele venir presentada en botellas de litro y medio. No sea toca-cojones con si la botella viene desprecintada, si tiene el gusto de la cañería, que si se nota que es del grifo y han rellenado la botella. Déjese de imbecilidades y dedícase a engullir comida que para eso hemos venido, el agua sólo tiene que ser para, en caso de atragantamiento, poder salvarnos la vida o salvarnos del bochorno de ponernos a toser de manera escandalosa mientras nos atragantamos con piezas alimenticias mayores de las que nuestra garganta puede admitir. Así pues evite beber agua y dedíquese a lo que ha venido, a papear. Por supuesto no me sea cenutrio y vaya a pedirse un refresco carbonatado para acompañar la comida porque, además de que le va a costar un ojo de la cara, las burbujas de los refrescos de naranja, limón, cola,... se concentran en el estómago, nos lo hinchan y éste interpreta que ya está lleno y, por tanto, el cerebro nos da una información falsa diciéndonos que ya estamos satisfechos cuando aun tenemos centímetros cúbicos de estómago por llenar. Ni qué decir tiene que no se decante por bebidas alcohólicas por la razón de la cantidad-precio.

Yo quisiera dejarle claro que en la única situación en que se puede permitir tomarse un refresco de burbujas para acompañar una comida es cuando vaya a un Restaurante Chino ¿por qué? pues porque como uno ya paga el menú, y el menú tiene un principio y un fin, no tiene que reservar espacio para ver cuánto más puede meter en su estómago, simplemente usted ya sabe qué es lo que hay y tiene que contar con ese espacio. Sólo en este caso se permite el uso de una bebida carbónica pero, ojo, no sea burro y no se vaya a pedir una lata de Coca-Cola por aquello de que van 33 cl., y sería usted un tontorrón profundo si se pidiera el botellín de 20 cl. de Coca-Cola (aunque tenga mejor sabor). Usted lo que tiene que pedir en estos casos es una botella de gaseosa. ¿Por qué? pues porque por el mismo precio de una lata de Coca-Cola de 33 cl. se puede meter medio litro de gaseosa que, al fin y al cabo, usted lo que quiere es notar un saborcillo dulce y con burbujas en el fluido que acompaña su "menú-diario-lunes-a-viernes-mediodía,-5€.-excepto-festivos" o lo que coño suela pedir en un chino.

Sobre la comida de los restaurantes chinos diré que me encanta. Ya sé que lo que nos ponen en estos restaurantes está a años luz de lo que realmente comen los chinos en China. Para el que no esté iniciado diré que la gastronomía china difiere mucho de la nuestra ya que allí se lo comen todo, y cuando digo todo es todo. En China comen alimentos que aquí no comeríamos jamás, alimentos como todo tipo de insectos, escorpiones, perros, ratas, etc... Existe la anécdota en la que un embajador británico en China recibió en su casa a no sé qué ministro del gobierno chino. El embajador tenía una perra que acababa de dar a luz una camada de cachorros y después de la reunión el británico decidió regalarle dos perrillos al ministro chino. Al cabo del tiempo el chino agradeció al británico el regalo diciéndole que los perros estaban muy buenos y que hicieron las delicias de los invitados a su casa. Pues lo que decía, en China se come muy diferente de lo que nos ponen en los restaurantes chinos de Europa. Aun y así sí que hay platos comunes como el "cerdo agridulce", el "rollo de primavera" o el "plátano frito".

La comida servida en los restaurantes chinos me mola un mazo porque:

1º. Es abundante (sin más comentarios)
2º. No es a lo que estoy acostumbrado (me gusta variar)
3º. Es muy golosa por ese magnífico invento que es el potenciador del sabor llamado Glutamato el cual ponen en todos los platos de manera bestial.

Llegados a este punto ya están ustedes preparados para saber cual es la máxima aspiración en lo que en materia de papeo se refiere: EL BUFFET LIBRE ORIENTAL

Sí, amigos, si me gusta la comida china y me gusta ingerirla en cantidades industriales, mi máximo sueño es reventar en un buffet libre de comida china a la europea. Comida golosa y a granel aderezada con las más exquisitas salsas de soja tostada, yogur, tahín (pasta de sésamo), salsa de cachuete, etc... Infinidad de ensaladas de lechuga Iceberg con gelatina de agar, rollitos de primavera, la siempre apetecible ternera con salsa de ostras, el gelatinoso pollo con almendras, los tallarines fritos con ternera o gambas, deliciosos bulbos de pasta rellenos de preparados cárnicos con un sinfín de especias,... y todo esto en las más grandes cantidades que un ser humano pueda comer.

Aunque un servidor actualmente no tenga por costumbre comer carne me salto la dieta semi-vegetariana cuando tengo al alcance estos exóticos manjares suculentos en los que los productos de origen animal saltan del plato rogándome que los devore para así llenar mi cavidad bucal de una orgía de sabores y aromas que me transportan en una nave que surca el mar del más placentero de los placeres gastronómicos.

Por la filosofía de la comida vegetariana estuve una vez en una feria dedicada a las costumbres del naturismo, la alimentación biológica, etc... en esta feria había azafatas que repartían publicidad de diversas empresas dedicadas a la agricultura ecológica, alimentación natural, etc... y, cómo no, restaurantes vegetarianos. Así una chica me ofreció la tarjeta del restaurante para el que trabajaba. ¡Dioses! tal vez aquel momento fue una revelación divina. En cuanto leí la tarjeta se me abrió el cielo:

RESTAURANTE VEGETARIANO ORIENTAL - BUFFET LIBRE.

Naturalmente no pasó ni una semana que ya me presenté en el citado restaurante a ver qué se cocía, y nunca mejor dicho. La decoración, hay que decirlo, era muy cutre. El restaurante por dentro simulaba el compartimento de pasajeros de un avión, con ventanillas en las cuales se podían ver vistas aéreas de la ciudad de Nueva York, paisajes de la Micronesia, la Torre Eiffel, etc... las paredes de maedra aglomerada mal-pintadas con esmalte "verde laguna", mesas fijas muy feas. Al inicio del local la barra del bar y al final del mismo... ay! al final del mismo, justo antes de la cocina y los labavos. Al final del local: EL BUFFET. Un mueble de acero inoxidable en el que las bandejas se mantenían calientes por el sistema de calefacción del mismo buffet, bandejas cargadas de comida, eso sí toda vegetariana, dispuesta a ser servida en los platos que se amontonaban junto a la ventanilla de la cocina por la que no paraban de salir más productos alimenticios listos para consumir.

La ventaja es que el restaurante no estaba muy concurrido lo que me permitía ir y venir contínuamente de la mesa al buffet y del buffet a la mesa con todo lo que me iba a llevar al estómago sin vergüenza alguna. Además como las mesas estaban separadas por cortinillas uno tenía la intimidad suficiente para poder cargar el plato hasta los límites del equilibrio y llevarlo a la mesa para devorar el contenido resguardado de las miradas de los que son igual de glotones que yo pero que van a fijarse en lo mucho que come el vecino.

¿Qué comí? todo y de todo. Desde ensaladas inundadas de salsas, falafel (bolas fritas de harina de garbanzo típicas de la cultura árabe), patatas guisadas en salsa ligeramente picante, rollitos de primavera de col, lechuga y zanahoria, bambú guisado en salsita, tallarines de harina de arroz salteados con setas shiitake, estofados de tofu, sopa de azuquis (especie de legumbre asemejada al frijol), arroces de todas clases, etc... Madre del alma, aun y después de varios viajes al buffet el plato siempre aparecía vacío cuando me levantaba de la mesa.

Cuando terminé me pedí un té de gengibre. ¡Qué calentito! ¡qué picantito! ¡qué delicioso! Bebí un trago bueno de ese caldo tan aromático. Noté cómo bajaba el calor por mi esófago arrastrando cualquier trozo de comida que hubiera quedado pegado al interior de la luz de la parte alta de mi tubo digestivo. En cuanto el cálido líquido llegó a mi estómago noté como si diera una vuelta entera al gran bolo alimenticio que yacía en mi panza esperando a ser digerido por mi sistema digestivo. La sensación de notar el calor paseándose por la pared interna de mi órgano gástrico me dio un vuelco que me hizo palidecer y sentir como un escalofrío me recorría la columna vertebral hasta llegar a mi cerebelo, desde éste se mandaría un mensaje nervioso a la protuberancia que activaría el sistema parasimpático de mi cuerpo. Este mensaje fue devuelto a mi estómago en forma de orden para que la musculatura lisa de éste actuara dicéndome que tenía que ir urgentemente al labavo. Con sudor frío, pero calmadamente, fui al labavo y, apuntando mi boca al interior del WC, eché las rabas. Mientras vomitaba, notaba como los azuquis que había comido en sopa sin masticar salían disparados cual munición de una ametralladora M-60, proyectándose sobre la superficie interior del WC hasta el punto que pensaba que iba a romper la cerámica del Roca.

Cuando salí del labavo me pregunté si me había salido a cuenta ir a ese buffet libre. En realidad qué buscaba yo ¿alimentarme o simplemente comer? Yo lo que quería era papear, cuanto más mejor, saborear la comida. Y así lo hice. Mi cuerpo no sintió la sensación de estar hambriento porque comer había comido lo único es que nutricionalmente hablando no me había servido para nada pero yo salí de allí contento. Voy a decirles que, en la edad antigua, los romanos como no tenían tele se tenían que entretener con otras distracciones, de ahí las famosas fiestas y bacanales en las que se recreaban en vícios y placeres, y no tanto con el sexo que lo había, si no con el gran placer de la comida. Los romanos en esas fiestas practicaban el sexo con el fin de practicarlo de manera lúdica y no de reproducirse, de la misma manera comían por el placer de comer y no de alimentarse, y para evitar engordar tomaban sustancias emetizantes que les ayudaban a vomitar lo ingerido de manera lúdica. Para alimentarse comían en casa, para disfrutar del placer de la comida comían en sociedad. Al día siguiente volví para tomarme la revancha con ese maldito té de genjibre y me puse ciego de nuevo. Esta vez no me dio el vuelco en la panza y gané la batalla. No me volví a sentir como un romano.

VIVA EL COMER. VIVAN LOS BUFFETS LIBRES.

EL HUEVO ASQUEADO

Con este artículo se inicia una mini-serie de posts de temática gastronómica. Y es que ya hacía falta que los lectores de este blog tuvieran unas dosis de uno de los placeres más grandes de la vida como es el comer. En siguentes posts se hará un análisis exhaustivo de mis experiencias culinarias tanto como comensal como por haber sido profesional de la restauración. Ahora, sin más dilación, les dejo con el artículo sobre uno de los temas que más han preocupado a niños y mayores como ha sido el comedor de los colegios.



Antes hablaba de uno de los placeres más grandes de la vida... bueno, precisamente un placer no fue lo que se narra en las siguentes lineas ya que se puede hablar de un trauma infantil. Un servidor de ustedes y su hermano en los primeros cursos de EGB (sí, hemos tenido una educación reglada ¿qué os pensábais?) vivían en un pueblo de la costa gerundense y el colegio estaba, entonces, apartado del núcleo urbano con lo cual, al no tener coche nuestra madre, nos veíamos obligados a quedarnos a comer en el comedor del colegio. Ahora muchos de los que leen esto dirán: "Hala! ahora te vas a meter con la comida de los colegios. Pues yo me quedaba al comedor y me molaba" pues yo contesto: "Me alegro que te molase. Si hubieras estado en aquel comedor no dirías lo mismo".



Lo mejor de quedarse a comer en ese colegio era que coincidíamos con un chaval de segundo, Manolo (yo iba a primero) y uno de séptimo, Evaristo. Así, nos sentábamos en una mesa de 4 (en sentido de las agujas del reloj) Evaristo, Manolo, yo y mi hermano. Lo pasábamos en grande con las tonterías que soltaba Evaristo. El tío tenía puntazos.



Lo peor: la comida. En ese colegio la comida era una mierda. No. Corrijo, la comida era una puta mierda. Comer mierda y comer esa comida era lo mismo. Si alguna vez me preguntan ¿a tí te gusta la mierda? yo respondo que no ¿y por qué puedo decir que no me gusta la mierda? pues porque la he probado. No me he comido ningún truño, no. No seamos guarros. Pero aquella comida era mierda.



Si alguna palabra podía definir el comedor de ese colegio la palabra es ASCO. Me daba asco entrar en aquel comedor, que aunque disfrutaba de un escenario para exposiciones y obras de teatro, el aspecto rancio de las paredes con los pósters de paisajes ya amarillentos por el desgaste ya me removían las tripas. Me daba asco el olor de la cocina donde tenía lugar la macabra preparación de los víveres-vívoras (porque eso era venenoso). Me dio mucho asco una vez llevar la bandeja de la bazofia que comíamos a la misma cocina y sorprender a las dos cocineras (por llamarlas de alguna manera) comiendo los restos de la ensalada que había aquel día, sobre todo el detalle que presencié: una cocinera con cara de asco que se comía una aceituna y, en ese momento, se sacaba el hueso de la boca mientras cogía la siguente aceituna para papeársela. Me daban asco los macarrones al gratén que no eran más que un pegote de pasta pasadísima con tomate de manera testimonial (o sea más blanco que rojo) y un queso que, lejos de estar gratinado, estaba crudo. Seguiría enumerando platos inmundos y no terminaría... Pero lo que más asco nos daba a mi hermano y a mi era cuando nos ponían: EL HUEVO ASQUEADO.



¿Qué coño era El Huevo Asqueado (en adelante EHA)? Pues EHA era una especie de huevo frito. Y me dirán ustedes: "pero si el huevo frito es la comida favorita de los niños". Sí, el huevo frito sí pero es que aquello era EHA. Presentado en un plato de metal, redondo y pequeño, como los platos donde se pone la ración individual de canelones, EHA yacía en él sin más guarnición que el huevo en sí. Una clara con los bordes tostados, sin apenas burbujas de su cocción, y la yema de color amarillo selectivo (el amarillo claro de las luces de cruce de un coche de los años 80 y 90) le daban a EHA un aspecto como... de plástico. Me recordaba al típico huevo frito de plástico que incluyen en los juegos de comiditas para las niñas. Cuando uno pasaba el tenedor por la superficie de EHA no encontraba imperfecciones, simplemente era una superficie lisa. No hablemos ya de la yema: a parte del color, que ya he comentado, debo añadir que la maldita yema estaba completamente cuajada. A todo niño le gusta mojar pan en la yema del huevo frito, con EHA no era posible ya que, más que cuajada, estaba petrificada. La solidez de la yema hacía que no se pudiera mojar pan alguno y que si uno cortaba con un cuchillo EHA quedara seccionado dejando a la vista un interior perfectamente lleno de yema cuajada de color amarillo selectivo. Pero lo mejor está por contar, y es el sabor.

El sabor.

Vamos a ver. Si le llamo EHA ¿por qué puede ser? Lógicamente por el asco que daba. Un sabor rancio que no he vuelto a experimentar en mi vida. Mis papilas gustativas no han tenido ocasión de saborear otra vez esa mezcla de rancidez, amargura y no sé cuántos sabores inmundos más combinados en el cúmulo de aromas bucales más asquerosos que haya probado en mi vida. Ahora, ya de mayor, me cuesta de imaginar otro sabor comparable a aquella porquería. He comido de todo, me gusta comer y he saboreado algunos manjares que me han gustado más y otros que menos, además de otros que no me han gustado nada, pero el recuerdo que tengo de EHA es algo indescriptible que me hace venir arcadas tan sólo de pensarlo pero como soy masoquista en este aspecto voy a intentar de poner palabras a tan horrible sensación estomatológica a la vez que miraré de dar una explicación al origen de tan monstruosa aberración culinaria.

He comentado que se trataba de un sabor rancio, como si fuera un alimento que se haya pasado de la fecha o simplemente no esté destinado al consumo humano. No sé si alguno de ustedes, hambrientos lectores, han mordido o lamido alguna vez la pezuña del jamón que cuelga de un gancho de la cocina por Navidad. Si es así, ¿verdad que tiene un sabor como amargo y fuertemente concentrado? Pues EHA tenía un sabor similar pero como si el puto huevo hubiera estado frito con aceite requemado, con un aceite que se haya usado más veces de lo debido y muchas más. Ahora dudo que ese aceite pudiera ser de gira-sol, ni mucho menos de oliva. De hecho como esta historia ocurrió a principios de los años 80, es muy posible que el aceite fuera de colza y que, juntamente con los refritos de los que era objeto durante semanas, el aceite se volviera más peligroso que el gas sarín. Afortunadamente sólo estuvimos 2 años en ese colegio, mal-disfrutando de ese comedor inmundo, de haber estado más tiempo hubiéramos formado parte de las estadísticas de mortalidad infantil (o tal vez nos hubéramos hecho inmunes a toda enfermedad).

En casa denunciábamos los hechos diciéndoles a nuestros padres que la comida en el cole era muy mala, que era una mierda, evidentemente dimos parte del plato que en especial nos tenía amargados (nuestro querido EHA) pero nuestros padres en lugar de decir: "pero cómo se atreven a poner tal bazofia!" no, se partían la caja en un mar de risas por el apelativo con el que habíamos bautizado a uno de los platos más antiguos de la historia y que en ese colegio se convertía en nuestra peor pesadilla. Nuestros padres nos decían que no es lo mismo cocinar para 5 personas que para tanta gente como había en el comedor del colegio y que era normal que la comida no fuera tan buena como la de casa. Pero es que la comida no era buena en absoluto. Además nuestro padre nos decía que en otros tiempos se pasaba hambre y la gente se lo comía todo por malo que fuera y que cuando él estaba en el colegio de curas uno no podía escoger la comida, lo que había era lo que se comía, sin más contemplaciones.

Hoy en día hechos como los que he narrado no tendrían lugar. Seguro que se hacen catas de los menús que se sirven en los colegios para que los padres vean que sus hijos están bien alimentados y que la comida no sólo cumple con su función nutritiva, en base a una dieta "sana y equilibrada", sino que el sabor de la misma hace que la hora de comer no sea un suplicio para los paladares de los niños. Pienso yo... ¿sesiones de catas para la conformidad de los padres en 1981? Jamás de los jamases. Decían que en el servicio militar se comía mal y que los reclutas se veían forzados a tener que comprarse bocadillos durante el paseo y que cuando iban de permiso a sus casas volvían al cuartel cargados con el chorizo de cantimpalo y el pan redondo de kilo. Pues una mierda! donde se comía mal no era en otro sitio que en el maldito comedor del colegio donde estudié primero y segundo de EGB.

Y dicen que el "fast food" es comida-basura. El Huevo Asqueado era una BASURA POR COMIDA.

Saturday, May 26, 2007

LA MÁQUINA DE CAFÉ

Conversación telefónica basada en un caso real que le ocurrió a un buen amigo mío que trabaja como reponedor para un empresa de Vending.


María: ¡Paco! Yama ar número que t'han dado en er armacém de los materiales para poner la máquina de café en el trabajo.

Paco: Ya va... (Joder con la mujer). Vamos a ver... 6, 1, 6, 5,...

Vending: ¿Digame?

Paco: Hola, buenos días.

Vending: Buenos días.

Paco: ¿Son ustés los que ponen las máquinas der café?

Vending: Sí.

Paco: Yo quiero que me pongan una máquina der café.

Vending: Bueno pero para eso tiene usted que llamar a la oficina...

Paco: No, no. Yo la ofisina la tengo en casa y el café me lo hase mi mujé. Lo que quiero es que me pongan una máquina der café en la obra. Verá, el que somos construnsiones Francisco Martínez, s.l.

Vending: Ya, señor, pero usted lo que tiene que hacer es llamar a nuestra oficina. Que le pongan con el departamento comercial.

Paco: ¡Pero qué coño dise der apartamento y der comersio! Si la quiero pa una obra. Le esplico: resulta que los chicos se me van a tomá er café ar bar y es que me tardan mucho rato en volvé a poné los ladrillos. A parte que uno no controla qué es lo que toman, que si er carajillo,... y ya sabe usté lo serias que se están ponieno las altoridades con eso de los riejgos labolares, y por eso quiero una maquinita der café al lao der containe de los vestuariosss.

Vending: Pero no es conmigo con quien tiene que hablar. Si yo soy un reponedor. REPONEDOR.

Paco: Pué eso es lo que quiero yo: que me la PONGA. Joder.

Vending: uhm...

Paco: Mire usté. Lo que passa es que si no tiene ganas de trabajá me lo dise y ya está, en lugar d'estar mareando tanto la perdís. Coño. Así va España. Ya le diré a mi mujé que me prepare er café y se le yevaré en TERMO a los chicoss.

Vending: Pe... pero...

Paco: Ni pero ni ostras en vinagre. Ahí se queda. Ya ha perdío un cliente. Adió, buenos días.

María: Pero Paco, ¿Qué ha pasao? ¿Qué son tantos gritos?

Paco: Ná, María, que la gente es más vaga... que no hay ganas de trabajá. Anda ve poniendo la cafetera grande ar fuego que me yevo er café en los termos...

María: Paco, no te surfures, que no te conviene pal corasón...

Paco: Que no me surfure... Así va España...

María: No me vayas a beber tu café ahora que te va a entrá argo malo...

Tuesday, December 05, 2006

¿CREEN USTEDES EN EXTRATERRESTES?

Tal vez sea una pregunta muy directa pero es que el relato, que a continuación les voy a narrar, exige de esta pregunta. Si creen en la vida extraterrestre les gustará, si no creen con esta historia empezarán a creer.

Para introducir la historia les voy a contar que Autodefensa es el mejor grupazo de Punk-Rock de la historia y que los dos hermanos miembros fundadores de la banda trabajaron de camareros (con todo lo que ello implica).

Sábado tarde de invierno de principios de 1995. El bar donde Autodefensa desarrollaba su actividad profesional estaba colmado de clientela. Jóvenes y no tan jóvenes consumían sus cervezas, cafés con leche y algún Martini (Bianco, por supuesto). Un ambiente jovial en el que la música se mezclaba con chistes, risas y todo tipo de conversaciones.

Mientras servía una y otra cerveza me fijé en un ser humano que no había visto antes por el bar. Misterioso personaje que despertó mi curiosidad. Caballero de 1.80 metros y unos 70 kilogramos, figura esbelta, cabeza erguida y de forma estirada, gafas con montura de alambre sin mucha graduación, pelo castaño y corto no muy poblado, vestía unos pantalones de "pinza" de color marrón y una camisa a cuadros, encima de ésta llevaba un "cárdigan" marrón a juego y remataba su vestimenta invernal con una gabardina de color canela. Me llamó la atención el que estuviera todo el tiempo observando a todo el mundo sin perder detalle de lo que se cocía en el bar. Llegué a pensar que podía tratarse de un policía secreta que estaba al acecho por si, entre tanto Heavy, Punky y viejo tomando el cortado, pudiera surgir un posturón de hachís. Más tarde me dí cuenta que ese hombre estaba por encima de cualquier policía. A cada cerveza que tomaba siempre dejaba 25 pesetas de propina. ¡Coño! cinco duros de propina era una pasada. Te permitía un partidilla al videojuego.

Pasaron los días y el misterioso visitante fue cada vez más asiduo. Al poco tiempo ya había entablado amistad con varios de los parroquianos del bar que ya le llamaban por su nombre:

Cliente: ¡Pedro! -decía llamarse- ¿Echas una partida al ajedrez?

Pedro: Ah! ¿Por qué no? Gracias.


Jugando al ajedrez era de película. El tío batió a los más grandes jugadores del bar y del barrio. Demostró una inteligencia sobrehumana que, junto con esa misteriosa curiosidad por el entorno, me hizo sospechar de que nos estábamos acercando a algo de fuera de este mundo.

Un día mientras unos chicos estaban jugando a las cartas, Pedro no paraba de mirar por encima de las cartas de uno de los jugadores. No sólo eso si no que además estaba hartándolo de preguntas acerca del juego.

Pedro: Disculpa. Si tiras esta carta ¿Qué pasa?

Jugador: No mira, no puedo tirar esta carta aun porque me la reservo. Verás, el objetivo es sumar quince con las cartas que hay en la mesa. Si tiro una carta y sumo quince con parte de las cartas que hay sobre la mesa, me llevo una baza. Si consigo sumar quince con todas las demás cartas de la mesa me llevo una escoba. ¿Lo ves?

Pedro: Uhm... no sé.

Jugador: Tú mira cómo juego. Así aprendes.

Entonces Pedro murmuró unas palabras que sólo yo pude oir.

Pedro: Ya. Si para eso estoy yo aquí, para aprender.

Estas palabras son las que me hicieron pensar que el misterioso Pedro había sido enviado a nuestro planeta para investigar el comportamiento del ser humano en los bares. De hecho llegó a tener bastante relación con los clientes más jóvenes del bar y, supongo, que llegó a aprender mucho de ellos hasta el punto que un día, hablando de música él descubrió que nos gustaba el Heavy Metal. A la semana siguiente se presentó con dos cintas de cassette: el “Sad Wings of Destiny” de Judas Priest y el “Raging Silence” de Uriah Heep, compradas a toda prisa en una gasolinera. El hecho que fuera Heavy le hacía un poco más cercano a nosotros y le permitía seguir de cerca las investigaciones sobre los seres humanos en los bares.

El misterioso visitante del espacio exterior tuvo un fallo. Un día le llamé por el nombre que nos había dicho y él me rectificó.

Yo: Disculpa, Pedro.

Extraterrestre: No. Me llamo José.

¿Por qué nos había dicho semanas atrás que se llamaba Pedro? En mis investigaciones particulares deduzco que Pedro era el nombre perfecto para aquél que, como el pescador bíblico pescaba almas humanas, en un principio pescaba conocimientos de los humanos. El cambio de nombre, supongo que venía porque se había encariñado de nosotros y se sentía más como el padre de Jesús en quien estaban puestas las esperanzas de salvación del mundo. En este caso José veía a la Juventud del bar como los auténticos herederos del planeta y, quién sabe, de su planeta. (me parece que estoy desvariando).

A partir de entonces, y siempre de cara a la intimidad de mi círculo de amistades, me referí a él como “Pedro-José, El Extraterrestre”.

Ahora era nuestro momento de preguntar quién era, de dónde venía. No podía ser que un jambo, salido de la nada, se presentara en el bar, sin más, e intentara hacerse amigo nuestro. ¿Qué hacía todo el fin de semana este ser de otra galaxia allí? Y es que un tío de unos 35 ó 40 años qué hacía solo en ese barrio en el cual nadie le había visto antes. Pues bien, ya he dicho que era una inteligencia superior, así tenía salidas para todo. Nos contó que él vivía en Banyoles (Girona) y que era topógrafo de profesión (¿Os suena una serie de TV checa llamada “Los Visitantes” de finales de los 70? Sí los que comían amerunes), el motivo de su visita al barrio era que sus padres vivían en él, y él bajaba los fines de semana a visitarlos, pero decía que se aburría a veces en casa de los viejos y entonces se despejaba viniendo al bar.

Una tarde no llevaba suficiente dinero y dejó a deber 5 cervezas. Al fin de semana siguiente pagó, pero dejó a deber 5 cervezas más. Al cabo de un mes ya acumulaba una deuda de 10 cervezas.

Pasó largo tiempo sin verlo por el bar hasta que un buen día lo pillé de espaldas en la calle Concepción Arenal del Barcelonés barrio de Sant Andreu. Allí lo paré y él me reconoció al momento.

Pedro-José: ¡Hombre, hola! ¿Cómo va?

Yo: Pues con ganas de verte por allí.

Pedro-José: Oh! No me digas que es porque te debo unas cervecitas.

Yo: Pues sí.

Pedro-José: Bueno, no te preocupes. Este fin de semana iré por allí ya que ahora voy a estar un tiempo trabajando por Barcelona, aquí en la Meridiana. Si no apareciera, toma mi número de teléfono, me llamas para recordármelo.

Ni qué decir tiene que pasó por el bar. Pagó su deuda pero dejó a deber 3 cervecitas más al oir que cerrábamos el bar. ¡Qué hijo puta!

No volvimos a verlo más pero ya que yo tenía su número de teléfono, un día nos dispusimos a gastarle una broma telefónica de aquellas que se hacen a las 3 de la madrugada.

Marqué el número de teléfono y en cuanto descolgaron se oyó:

Pedro-José: ¿Diga?

Yo: Buenas noches. ¿Está José?

Pedro-José: Sí, soy yo.

Entonces me quedé parado y no sabía qué decir. Podía terminar diciendo “eres un hijo de puta y te he sacado de la cama” y colgar el teléfono, ó “Hola, capullo, soy la voz de tu conciencia” y colgar el teléfono. Pero no, me quedé petrificado cuando oí su voz y no se me ocurría nada cabronamente-gracioso para soltarle en medio de la noche. En eso que fue él quien me sorprendió:

Pedro-José: Ah! Hola! Tú eres el del bar. ¿Cómo va todo?

Un servidor, acojonado perdido, colgó el teléfono a toda prisa. Me quedé helado de cómo, después de meses de su última visita y sin haber conversado más de cinco minutos seguidos, me había reconocido la voz. Me sorprendió mucho que a las 3:15 de la madrugada su voz fuera completamente nítida y de tonalidad normal. No sé si a ustedes les pasa pero cuando yo cojo el teléfono por la noche suelo bajar el tono de voz porque suele haber gente durmiendo en casa ó ya por los mismos vecinos. Derivado de esto se me plantean varias hipótesis:

1. Me reconoció porque el número de esa línea telefónica sólo me lo había dado a mí. Por tanto, cualquier llamada entrante por esa línea sólo podía ser mía. Supongo que tendría tecnología suficiente para permitirse varias líneas telefónicas para sus investigaciones.

2. Me reconoció la voz dada su prodigiosa memoria sólo posible en organismos de evolución superior. No olvidemos que si hay seres que visitan el planeta Tierra es porque tienen una tecnología avanzadísima que les permite viajar a través del espacio. No es de extrañar que gocen de mejor memoria que nosotros, simples humanos.

3. Si hablaba con una tonalidad de voz normal (40 a 50 dB.) es porque no tendría el más mínimo apuro en despertar a nadie. Estaría solo, o tal vez en una sala insonorizada como si de un laboratorio secreto instalado en un apartamento se tratara.

No me he atrevido a volver a gastarle ninguna broma más. Muy posiblemente me vendrían a visitar los hombres de negro para hacerme olvidar todo lo ocurrido. El caso es que la historia aquí narrada es (casi) toda completamente verídica y todas las teorías por mí formuladas han sido compartidas con gente que también conoció a la entidad que he descrito, a parte de que ahora hago de dominio público la experiencia.

Sepan, mis lectores, estamos vigilados. Gobierno, policía, extraterrestres, etc... todos nos observan. Sean precavidos.

Saturday, November 25, 2006

EL RODAJE DE MIGUEL BOSÉ

Cuenta la leyenda que en un "restaurante" de Nou Barris (Barcelona) ocurrió un suceso que cambió para siempre la vida de los parroquianos del lugar.



Don Aniceto era un hombre sencillo dedicado en cuerpo y alma a su familia y a su negocio. Su negocio era un modesto restaurante, de ambiente familiar, en el que los parroquianos disfrutaban de la compañía que ofrecían Don Aniceto y su amada esposa Doña Isabela. Don Aniceto, como buen camarero, ofrecía algo más que refrigerios y copiosas comidas a habituales y transhumantes. Ese algo era sin duda su amistad, su comprensión para con el prójimo, detalles impagables que nunca se incluían en el precio de los los suculentos platos que guisaba su esposa.





El humilde matrimonio, unido por Diós desde hacía años, trajo al mundo dos retoños que por aquel entonces vivían su más inocente adolescencia, dos señoritas que no se dejaban ver mucho por la posada de su Señor padre.



En los albores de 1996 un extraño visitante de personó en la posada en la que se ganaba la vida el bueno de Aniceto. Aquel extraño iba vestido con las mejores prendas. Traje, corbata y gabán cubrían a todo un señor que, surgido de la nada, se presentó en casa de Don Aniceto. Hablando con un correctísimo castellano de acento neutro preguntó por el dueño de la casa:



Extraño: Buenos días. Disculpe, camarero, ¿podría avisar al maestro?



Don Aniceto: Está usted hablando con él.



Extraño: Magnífico. Déjeme que me presente: soy productor cinematográfico y me he quedado prendado de los exteriores que ofrece la calle donde está ubicado su bar. De hecho me ha gustado mucho la fachada de su establecimiento.



Don Aniceto: Lo celebro. Muchas gracias por los cumplidos. ¿Qué se le ofrece?



Extraño: Verá. Actualmente estamos rodando una película protagonizada por Miguel Bosé -¿Sabe usted quién és?- y dada la magnífica panorámica que nos regala su bar, sería realmente interesante ambientar una escena justo en la puerta del mismo.



Don Aniceto: ¡Caray! Pu... Pues... No sé qué decir... Será todo un honor para mí dar la imagen de mi humilde posada para tal evento. Ver mi bar inmortalizado en celuloide... para la posteridad.



Extraño: Además, piense usted que, a corto plazo, obtendrá pingües beneficios dado que todo el equipo tendrá que almorzar y comer en algún sitio... Lo que significa que tendrá que preparar la cocina para la ocasión. Ya no digamos a largo plazo, ya que los seguidores de Miguel Bosé reconocerán el sitio hasta el punto de que su bar puede convertirse en un lugar de culto y reunión para todos los fans.



Don Aniceto: Ups! Jamás lo hubiera imaginado. Cuente con mi bar. Quedo a su disposición para todo lo que haga falta.



Extraño: Le pido una cosa.



Don Aniceto: Usted manda.



Extraño: Corra la voz entre la parroquia del bar para que haya un buen ambiente y se vea gente en el local.



Don Aniceto: Faltaría más. Mis parroquianos son una legión muy fiel al bar. Por cierto... ¿Apareceré en los créditos de la película?



Extraño: No se preocupe por ello. Déjelo en mis manos. Ya verá que dentro de una semana exacta, vendrá la grúa a retirar los coches que queden en la calle. Hasta la vista, señor...?



Don Aniceto: Aniceto. Señor Aniceto. Don Aniceto para usted. Adiós.



La noticia corrió como la pólvora. Quién lo hubiera imaginado: Miguel Bosé rodando una película en casa de Don Aniceto. Era tal la psicosis que había en el barrio que todo el mundo planchaba los trajes de los domingos para asistir a la gran cita con Miguel Bosé y su equipo de rodaje.



Don Aniceto dio instrucciones precisas a todo el mundo de cómo tenían que arreglarse para no quedar mal en su gran encuentro con la inmortalidad que ofrece el formar parte de una película. Doña Isabela estaba tan emocionada o más que se su marido hasta el punto que se le ofuscó la mente y no supo reaccionar cuando tuvo que pensar en el menú que presentaría al equipo técnico, actores, vecinos y curiosos que irían el día D al bar. Veamos qué se dijo:



Doña Isabela: Ho, Ho. ¡Qué nervios! La de gente que se va a juntar en casa. No sé qué hacer.



En eso que una vecina inteligentemente propuso:



Vecina: Ah! No sé. Haz una tortilla de patatas. ¿no?



Doña Isabela: Ho, Ho. Ah! Pues sí. Y pediremos doble de todo para que no falte de nada...



Esa misma tarde, con la emoción y en un momento de ausencia de clientela, la feliz pareja decidieron de forma espontánea expresar su amor y alegría de forma física, sobre la mesa donde preparaban los bocadillos. Mientras practicaban el amor digital (que no ciber-sexo, no nos confundamos) entraron dos clientes que sorprendieron al fogoso matrimonio, pero esto es otra histora que, como diría Michael Ende, debe ser contada en otro momento.



La noche anterior al gran día Don Aniceto y Doña Isabela no pegaron ojo. En parte por los nervios y, en parte, porque estuvieron pelando más patatas que un quinto en el calabozo, haciendo la mili. Hasta las gallinas hicieron horas extras poniendo huevos. El resultado fueron 7 tortillas de patatas de 50 centímetros de diámetro. O sea, cada tortilla tenía una superficie de 1963,5575 cm2. Es decir, que de los 30 metros cuadrados que tenía el bar de Don Aniceto, 1,37449025 m2 estaban ocupados por tortillas de patatas. Lógicamente no estaban en el suelo, pero es lo de menos.



Llegó el gran momento. El Bar estaba lleno de personal, propios y ajenos, habituales y curiosos. No cabía un alfiler. Todo el mundo estaba expectante al momento en el que bajara Miguel Bosé del coche que tenía que aparecer de un momento a otro. Pasaban los segundos, los minutos, las horas. La mañana entera. Los asistentes iban marchando decepcionados por no haber visto al gran héroe. Es más, no apareció ni una sola grúa para llevarse los coches que continuaban aparcados en la calle sin el más mínimo aviso de "próximo rodaje". No se presentó ni el Tato.



Don Aniceto y Doña Isabela quedaron en evidencia cuando todos los asistentes les pedían explicaciones sobre lo ocurrido. El matrimonio se escudaba en la excusa de que un señor, bien vestido, se presentó como productor cinema... Pero lo mejor fue cuando la misma vecina que propuso hacer UNA tortilla de patatas preguntó:



Vecina: ¿Y qué vas a hacer ahora con tanta tortilla?



Doña Isabela: Ho, Ho. Oh! No hay problema, estooo... nada. Mis hijas que se de van excursión...



No se sabe cuántas excursiones se organizaron antes de que se resecaran o se pudrieran las tortillas, lo que sí está documentado es el misterioso aumento de peticiones de análisis para mirar el nivel de colesterol en sangre en los centros médicos de Nou Barris.



Vigilad, amigos, no seais avariciosos. La codicia por la fama puede que os haga pagar un precio muy alto y, a veces, el precio viene con esta forma.

Saturday, October 28, 2006

EL PICHA LOCA
El Picha Loca es un personaje que toca muy de cerca a Autodefensa. Un tío sin par que lo mismo te hace reir como te hace llorar (de risa, claro).
El Sr. Juan M. C. nació a principios de los 60 en el área metropolitana de Barcelona. De origen andaluz, tanto pasea con orgullo su sangre mora como hace gala de su catalanidad. Un tío muy legal, amigo de sus amigos, al cual siempre se le había identificado por su "Vespino"... aunque de la moto ya hablaremos un poco más adelante. Entre sus peculiaridades está la de contar chistes a toda velocidad, básicamente chistes de Arévalo.

¿Qué tiene que ver con Autodefensa? Autodefensa se formó en el pueblo de veraneo. Los hermanos de Autodefensa han veraneado toda la vida en la misma urbanización y ya desde los más remotos orígenes de la historia habían oido hablar de "El Picha". La familia de El Picha Loca también poseía una casa en la misma urbanización desde toda la vida. Desde muy pequeños los músicos de Autodefensa habían oído hablar de las aventuras de El Pichita, aventuras y leyendas que hablaban de amoríos, viajes increíbles (en moto), sus proyectos, heroicas proezas, etc...

Llegados un punto los chicos de Autodefensa entablaron amistad con el portento protagonista de este artículo. Fruto de esta amistad se dió la oportunidad de conocer un poco más de los orígenes del personaje que se ha convertido en mito. Ahora quisiera resumir un poco varios aspectos de nuestro histórico y admirado amigo:

La moto. El Picha Loca siempre fué sinónimo de "Vespino". Durante la década de los 80 se solía ver a El Picha cabalgando su Vespino. Cara al viento, cabello al aire, El Picha daba verdaderas muestras de maestría sobre las dos ruedas. El inconfundible sonido de su tubo de escape invadía la atmósfera del pueblo y los más pequeños esperábamos con impaciencia a ver si se acercaba a nuestra calle para ver al mítico guerrero del asfalto... bueno también es verdad que cuando se había caido de la moto se tomaba más como una noticia cómica que como una desgracia, porque su carácter natural hacía que todo pareciera gracioso.

Los Chistes. Su punto fuerte. Por lo visto El Picha Loca desde pequeño fué un gran admirador del humorista Arévalo, del cual poseía dos cintas de cassette cargadas de chascarrillos. Tenía tan sumamente bien aprendidos los chistes de esas grabaciones discográficas que, al recitarlas, como él ya los sabía de memoria, los contaba tan de prisa que, a veces, uno no se enteraba de lo que decía. Hacía más gracia escucharle recitando a toda hostia que el chiste en sí.
Cuando eran las fiestas de la urbanización siempre se podía contar con su actuación improvisada. El Sr. Picha no perdía la oportunidad de subirse al escenario y tomar el micrófono para regalar al respetable con su portentosa memoria para los chistes. Empezaba diciendo:

-Buenas noches. Voy a contarles unos chistes... aquí... en diresto.- a lo que continuaba.
-A ver. ¿De qué los queréis? ¿De Mexicanos?- y así empezaba el espectáculo con uno de sus cañonazos:

"Dice el Mexicano que va a confesarse:
-¡Padre, Padre! Me quiero confersar de lo puro macho que soy, que anoche me acosté con Sofía Loren... ¡y le metí cuatro!
y el cura respondía: "Pues no te voy a dar la ves porque seguro que no te arrepientes" (ves = vez = absolución).

A partir de ahí seguía con un repertorio que variaba según el público. Tenía chistes para niños y mayores.

El orígen de su nombre venía por un vecino suyo al que él llamaba Paco "El Gitano". Ambos se pusieron los apodos de mútuo acuerdo y siempre de buen rollo. Paco por ser moreno de piel se llevó el sobre nombre de "El Gitano", a El Picha Loca... me parece que queda bastante claro el por qué de su apodo ¿no? y si no sigan leyendo...

De sus heroicas proezas me gustaría destacar la vez que quiso demostrar su valor después de una temporada en la que no gozaba de gran popularidad. Por aquel entonces sufrió la pérdida temporal de su inseparable compañera de viajes: La Vespino. Como tenía la moto en el taller su sex-appeal disminuyó hasta el punto de que, como no se percibía el sonido de su moto, parecía que no había Picha. Él, no conforme con esta situación, decidió tomar una acción para demostrar que tenía mucho a ofrecer.
Un día fué a la piscina, en una época en la que siempre estaba abarrotada de bañistas, y Don Juan El Picha Loca se puso firme ante todo el mundo desafiando a grito pelado:

-¿Queréis ver mis cojones? ¿eh? ¿Los queréis ver?

Y se bajó el bañador ante el público asistente, enseñando sus atributos sin el más mínimo rubor, tal y como su madre lo trajo al mundo. No contento con eso, dió unas cuantas vueltas sobre sí mismo para que no hubiera persona que se perdiera tal exhibición de valor y poderío. Después de la rotación hubo una pequeña persecución ya que el socorrista intentó placar a nuestro viejo amigo. El Picha pudo zafarse de las garras de su tocayo (Juan era también el socorrista) lanzándose en un estruendoso planchazo al agua, en el punto donde la piscina cubría unos 3 metros... El Picha era un genio del manillar pero... ¡No sabía nadar! Tuvo que ser Juanito El Socorrista quien lo sacara del agua.

Amores. Juan era su nombre, y no podía ser otro porque Don Juan sería la correcta denominación de nuestro amigo. Tierno como nadie sabía como engatusar a la moza con su gracia innata con besos al aire acompañados de sus más bellas palabras:

-¡Guapa! ¿Quieres un novio feo para que no te lo quiten?

Nos contó que tuvo 3 novias que él mismo plantó "por celosas". Y es que, claro, un personaje tan popular como El Pichita, al cual todas la hembras admiran, es normal que la propia novia tenga celos.
Como gran entidad folladora tenía su postura favorita: "La del perro, ¿Sabeh cuál éh?" (La del perro ¿Sabes cuál és?)

Música. Artistazo es otro sinónimo para tal hombre. Por su sangre corría la tradición flamenca y su talento para la saeta. En sus años más mozos se le había podido ver con sus camisetas de AC/DC, IRON MAIDEN,... pero con el tiempo fué ensanchando horizontes hasta el límite de ponerse a bailar música disco sin bajar de su moto, justificando su acción con la frase: "A mí me gutta tó".
Su gran descubrimiento fue asistir a un par de ensayos de Autodefensa, en los cuales vio que la música de Autodefensa era toda una dimensión desconocida para humanidad. Cada vez que los hermanos Autodefensa interpretaban una canción de las cortas (de un segundo ó dos) el Picha, boquiabierto, respondía admirado: "¡Ya veh!" (Ya ves) ó "¡No veah!" (No veas).

Proyectos. Soñador. El Picha era un soñador. Cuando ya definitivamente cesaron los servicios de su amada Babieca de dos ruedas (la Vespino) el Picha anunciaba su próxima adquisición en temas de mobilidad: Un Mercedes. Las compra no llegó a producirse ya que no se sacó el carnet de conducir (supongo que porque no estaría de acuerdo a pagar la importante suma de dinero que exige la Autoescuela por el curso). Así que finalmente la última moto que se compró fué... una Suzuki Dr. Big de color azul. Sobre su nuevo corcel de plástico y metal correría nuevas aventuras ya escritas y otras aun por escribir.

De esta manera quisiera concluir este post dedicado a una de las más grandes personas que he conocido y que tanto nos ha enseñado. Actualmente hemos perdido el contacto pero sépase que aun nos acordamos de él.

Saturday, September 30, 2006

Inauguración del BLOG DE AUTODEFENSA

Ya hace un par de meses que di de alta este blog. En realidad fue para poder participar en los comentarios de otro blog pero al final me dije: "¿Y por qué no? A ver qué pongo" y me decidí a poner todo tipo de chorradas que se me ocurren normalmente en público y de las que sólo yo me río.

Todo el mundo sabe que Autodefensa es el mejor grupazo de Punk Rock de la Historia. Autodefensa está formado por dos hermanos con un síndrome de lo chorra muy importante. Como esto es un blog vamos a poner vivencias (más o menos verídicas) que merecen ser escritas en cualquier diario pero con la particularidad que van a ser típicamente Autodefensa, o sea de lo más tonto posible.



Vamos a ver cuánto tardo en aburrirme y dejar de escribir en el blog de los cojones.