Post dedicado a la banda de rock RockerXs.
Las RockerXs es una cover-band (una banda de versiones) que nació a principios de 2018 con el objetivo de ser una banda de todo chicas. Así empezaron Ana Cien (bajo), Vanesa (batería), Lucía (guitarra), Marta (voz) y completando la formación con Joan (guitarra).
La idea surgió del festival de homenaje al fallecido bajista de los Capdetrons Xarli (el 04/11/2016) pues en aquel festival no habían muchas mujeres actuando sobre el escenario en las diferentes bandas de rock que allí se congregaron homenajeando a Xarli con una buenas selección de temas de las mejores bandas de rock de todos los tiempos. Entonces Ana Cien tuvo la idea de iniciar la banda de covers.
Lucía no podía compaginar su trabajo con los compromisos de conciertos que cada vez más iban saliendo a RockerXs, y la cantante Marta decició llamar a Artur para cubrir el puesto de Lucía mientras no llegaba otra integrante femenina. Lo que no contaban es que Artur se quedaría como miembro fijo de la banda dada la buena sintonía que se generó entre los músicos.
Después de muchos conciertos, Marta tuvo que dejar la banda y fue sustituida por Madoki, amiga del hermano de Artur. El buen gusto de Madoki por las canciones del repertorio hizo que su candidatura se tomara como definitiva desde el momento de la audición.
Gracias a un vecino de Vanesa, la banda fue invitada a grabar un video-clip promocional para la fiesta popular del pueblo Sant Martí de Tous (comarca de l'Anoia, Barcelona). La fiesta popular del Panna se celebra en el pueblo en memoria de un bandolero que actuó en la zona y que hoy en día se celebra de manera especial con un evento deportivo dedicado a la bicicleta BTT y el cross de atletismo. El video-clip cuenta la historia de cómo las RockerXs son contratadas a tocar un concierto en un castillo invitadas por un anfitrión un bandolero que no ven. Las RockerXs cumplen su parte del contrato tocando toda la noche hasta el amancer.
El tema que suena es el clásico de Metallica "Enter Sandman" ya usado por la organización del evento deportivo en otra edición del mismo. La temática del video; el hombre de arena (el hombre del saco en España), las pesadillas, el fantasma,... hacían que fuera el tema a poder seguir con la idea para montar la historia del video.
Aquí está el resultado. Espero lo disfruten y no se pierdan los conciertos de RockerXs. Les dejo el enlace a su Facebook:
https://www.facebook.com/RockerXs/
Un fanzine digital chorra. Las desventuras de Autodefensa, el mejor grupazo de Punk rock de la historia y su universo chorra. Relatos de misterio chorra, noticias chorras, punkismo chorra... básicamente lo que me salga de la chorra.
Monday, October 07, 2019
Banda de rock femenina ROCKERXS: video-clip RockerXs vs Panna el bandoler.
Monday, July 01, 2019
KETI-KAGAS: hard & grind de tierras gerundenses
En los tiempos en que el punk tenía que gritar para decir que no estaba muerto, los gritos empezaron a definir nuevos estilos. Queda tope guay la frase, verdad?
Por aquél entonces ya teníamos sonidos extremos rollo Napalm Death y otras bandas que empezaban a sentar cátedra.
En el famoso KONSIERTO de la plaza Sóller llegaban unos KETI-KAGAS, nombre con toque simpático y con un hard & grind core brutal. Ellos fueron figuran como los primeros en la lista de la primera jornada del Festival (08/11/1991).
No he logrado encontrar mucho sobre ellos a parte de este video. Por lo que veo, de los KETI KAGAS y otros músicos de la escena gerundense, se formaron Peces In the River. Si alguien puede aportar más información sobre los KK o quiere corregir y ampliar mi entrada sobre esta banda, será más aque bienvenido su comentario para poder editar el post.
Os dejo con esta joya rescatada del pozo del tiempo y puesta en Youtube para dejar la huella en la historia del punk.
No he logrado encontrar mucho sobre ellos a parte de este video. Por lo que veo, de los KETI KAGAS y otros músicos de la escena gerundense, se formaron Peces In the River. Si alguien puede aportar más información sobre los KK o quiere corregir y ampliar mi entrada sobre esta banda, será más aque bienvenido su comentario para poder editar el post.
Os dejo con esta joya rescatada del pozo del tiempo y puesta en Youtube para dejar la huella en la historia del punk.
KETI KAGAS - Tordera 1992 [VHS rip]
UFO - Garganta
Carlitros - Guitarra
Peruano (Jordi C.) - Guitarra
German - Bajo
Manolo - Bataka
Wednesday, June 19, 2019
KONSIERTO PLAÇA SÓLLER 11/1991
Mira que ha llovido desde noviembre de 1991. Ha pasado muuucho tiempo, el tiempo que hace que existe AUTODEFENSA.
Apreciados lectores, si son ustedes seguidores de AUTODEFENSA ya saben de qué va la cosa; si no, les recomiendo que indaguen un poco en este blog o que se pasen por el Facebook de Autodefensa y conocerán un poco de la historia del mejor grupazo de Punk Rock de la historia... al menos de Barcelona.
En este post quiero hacer mención al concierto que tuvo lugar en la plaza Sóller de Barcelona en dos jornadas. Un super festi que ocupó los días 8 y 9 de noviembre de 1991, y que reunió a lo más relevante del underground punk y HxCx de la Barcelona de aquella época. Entre tanta banda musical teníamos al gérmen de lo que después se convertiría en un grupo más de punk rock, pero en aquella época se revelaba como un grupo de teatro alternativo: AUTODEFENSA. Yo estuve allí junto con el mastemind de todo ello, el Sr. Oscar Vecintórix (más tarde en PVC Teatro, Aksidents, Pies de Gato).
El concierto estuvo organizado, según pone en el cartel, por los colectivos ANTI y Vocalia de Joves. Del colectivo Anti no tenía yo mucho conocimiento. Sí de la Vocalía de Joves pues era una asociación con sede en el mismo Casal de Joves Porta-Sóller y que eran muy activos en la organización de eventos para un público más juvenil. De la peña que se movía por la Plaza y conformaban la parte comprometida con el barrio, recuerdo con cariño a el Chino y a el Bony, batería y cantante de la banda Dolor Kraneal de la cual les hablaré en otra ocasión (queda pendiente).
Los bajos de la Sóller contaron con figuras como MISERIA Y KOMPAÑÍA, BUDELLAM, HASTA EL KULO, DIOS ODIOSO, unos debutantes AGUA BENDITA... todo bandas que han dejado huella en el mundo del punk de Barcelona, o que de ellas salieron talentos de lo más influyente como de PARANOIA KOLECTIVA salió Toño (Violent Headache) o el Maya (IAF), de BUDELLAM salió Unclu Garrot (gerente y DJ de la Sala Estraperlo y bajista de ZOMBI PUJOL...). Fue el mismo Óscar Vecintórix el que diseñó e imprimió el cartel del evento, aquí inmortalizado:
Tengo la memoria fresca para recordar cómo estuve yo ayudando con los barriles de cerveza, trajinando los materiales del concierto, etc. cuando aún ni me afeitaba. Cómo el sábado día 09/11 estábamos ensayando nuestro número a las 11:00 de la mañana ante la queja de los punkies borrachos que dormían la resaca después de haber pasado la noche en el mismo local sin haber ido a casa ni a desayunar (ya no digo a ducharse). Recuerdo cómo me dijeron que había un cantante que no se atrevía a salir al escenario porque estaba de permiso de la mili y temía que lo confundieran con un skin (¡!). Recuerdo cómo en el momento que teníamos que salir a escena para nuestro número, supimos que nos había despararecido el material de nuestra obra y no pudimos actuar. Luego aparecieron las bengalas y las quemamos fuera del local... se puede decir que nuestro número cambió de ubicación :-)
Pues dado que fue un auténtico hervidero de talento este festival, y que tras él se forjaron auténticas leyendas del punk y el HxCx de Barcelona, voy a dedicar una serie de posts a cada uno de los participantes según la información que dispongo en mis archivos y la que vaya pillando por internet siguiendo las huellas que han dejado en la red.
Damas y caballeros, en breve una entrada con el primero de los grupos.
Apreciados lectores, si son ustedes seguidores de AUTODEFENSA ya saben de qué va la cosa; si no, les recomiendo que indaguen un poco en este blog o que se pasen por el Facebook de Autodefensa y conocerán un poco de la historia del mejor grupazo de Punk Rock de la historia... al menos de Barcelona.
En este post quiero hacer mención al concierto que tuvo lugar en la plaza Sóller de Barcelona en dos jornadas. Un super festi que ocupó los días 8 y 9 de noviembre de 1991, y que reunió a lo más relevante del underground punk y HxCx de la Barcelona de aquella época. Entre tanta banda musical teníamos al gérmen de lo que después se convertiría en un grupo más de punk rock, pero en aquella época se revelaba como un grupo de teatro alternativo: AUTODEFENSA. Yo estuve allí junto con el mastemind de todo ello, el Sr. Oscar Vecintórix (más tarde en PVC Teatro, Aksidents, Pies de Gato).
El concierto estuvo organizado, según pone en el cartel, por los colectivos ANTI y Vocalia de Joves. Del colectivo Anti no tenía yo mucho conocimiento. Sí de la Vocalía de Joves pues era una asociación con sede en el mismo Casal de Joves Porta-Sóller y que eran muy activos en la organización de eventos para un público más juvenil. De la peña que se movía por la Plaza y conformaban la parte comprometida con el barrio, recuerdo con cariño a el Chino y a el Bony, batería y cantante de la banda Dolor Kraneal de la cual les hablaré en otra ocasión (queda pendiente).
Los bajos de la Sóller contaron con figuras como MISERIA Y KOMPAÑÍA, BUDELLAM, HASTA EL KULO, DIOS ODIOSO, unos debutantes AGUA BENDITA... todo bandas que han dejado huella en el mundo del punk de Barcelona, o que de ellas salieron talentos de lo más influyente como de PARANOIA KOLECTIVA salió Toño (Violent Headache) o el Maya (IAF), de BUDELLAM salió Unclu Garrot (gerente y DJ de la Sala Estraperlo y bajista de ZOMBI PUJOL...). Fue el mismo Óscar Vecintórix el que diseñó e imprimió el cartel del evento, aquí inmortalizado:
Tengo la memoria fresca para recordar cómo estuve yo ayudando con los barriles de cerveza, trajinando los materiales del concierto, etc. cuando aún ni me afeitaba. Cómo el sábado día 09/11 estábamos ensayando nuestro número a las 11:00 de la mañana ante la queja de los punkies borrachos que dormían la resaca después de haber pasado la noche en el mismo local sin haber ido a casa ni a desayunar (ya no digo a ducharse). Recuerdo cómo me dijeron que había un cantante que no se atrevía a salir al escenario porque estaba de permiso de la mili y temía que lo confundieran con un skin (¡!). Recuerdo cómo en el momento que teníamos que salir a escena para nuestro número, supimos que nos había despararecido el material de nuestra obra y no pudimos actuar. Luego aparecieron las bengalas y las quemamos fuera del local... se puede decir que nuestro número cambió de ubicación :-)
Pues dado que fue un auténtico hervidero de talento este festival, y que tras él se forjaron auténticas leyendas del punk y el HxCx de Barcelona, voy a dedicar una serie de posts a cada uno de los participantes según la información que dispongo en mis archivos y la que vaya pillando por internet siguiendo las huellas que han dejado en la red.
Damas y caballeros, en breve una entrada con el primero de los grupos.
Monday, April 08, 2019
Un fin de semana perfecto
Una vez hablando con un compañero punk, éste me contaba su fin de semana.
+ Pues este fin de semana... buah! De puta madre. Fuímos a la mani y vinieron los malos (la policía)...
- Ah... qué bien.
A la siguiente semana, me contaba de nuevo su "finde":
+ Qué de puta madre! Un fin de semana a tope con la birra. Estuvimos en una mani, vinieron los malos...
- Joder! qué bien.
Al siguiente lunes:
- Oye, cómo ha ido el fin de semana?
+ Una mierda, tío. Fuimos a la mani, no vinieron los malos...
- Coño! qué asco, no?
+ Ya ves...
Al siguiente lunes se me ocurrió preguntar otra vez por su fin de semana:
- Qué, cómo fue? Vinieron los malos?
+ Vaya si vinieron. Y cómo repartieron!
- De puta madre, no?
+ Pues no, porque no había mani! Vinieron a casa!!!
- JODER!!!
+ Pues este fin de semana... buah! De puta madre. Fuímos a la mani y vinieron los malos (la policía)...
- Ah... qué bien.
A la siguiente semana, me contaba de nuevo su "finde":
+ Qué de puta madre! Un fin de semana a tope con la birra. Estuvimos en una mani, vinieron los malos...
- Joder! qué bien.
Al siguiente lunes:
- Oye, cómo ha ido el fin de semana?
+ Una mierda, tío. Fuimos a la mani, no vinieron los malos...
- Coño! qué asco, no?
+ Ya ves...
Al siguiente lunes se me ocurrió preguntar otra vez por su fin de semana:
- Qué, cómo fue? Vinieron los malos?
+ Vaya si vinieron. Y cómo repartieron!
- De puta madre, no?
+ Pues no, porque no había mani! Vinieron a casa!!!
- JODER!!!
Monday, March 25, 2019
Cortos y Fanzines: SUBURBIO Nº 69
Atención, atención!!! Suburbio tiene nueva entrega en la calle. No tardes en pinchar el enlace, visitar el blog de Naxo y encargar tu ejemplar de este gran fanzine superviviente de la cultura del fanizinismo de fotocopias.
Cortos y Fanzines: SUBURBIO Nº 69: Ya estamos de vuelta con otro puñadito de sucias fotocopias mal grapadas en formato A5 y 20 páginas bien rellenas de sandeces a su ente...
Cortos y Fanzines: SUBURBIO Nº 69: Ya estamos de vuelta con otro puñadito de sucias fotocopias mal grapadas en formato A5 y 20 páginas bien rellenas de sandeces a su ente...
Friday, February 01, 2019
El Facha
1996, nos enteramos que Helloween y Iron Maiden tocaban en Fraga (Huesca) y sacamos nuestras entradas y nos fuimos a ese pueblo a disfrutar de un concierto y pasar unos días de agosto con los amigos.
Tras las horas de carretera, el breve turismo por Fraga, encontrarnos con los Helloween por las calles del pueblo y, por supuesto, disfrutar del concierto, nos vimos que queríamos seguir la marcha viviendo la movida nocturna de un pueblo que esa noche estaba tomado por miles de Heavies que fueron a ver el festival.
Tras el concierto nuestros pasos se dirigieron a la archi-famosa discoteca Florida 135. Un antro maquinero de referencia en la ruta del bakalao que, aunque alejado de las capitales de la ruta y de las zonas más influyentes como Valencia, Castellón, Barcelona, Sitges, Igualada, la Florida 135 no dejaba de ser una discoteca que se había hecho un nombre en la movida de la música Makina y el desenfreno pastillero. A nosotros lo de las discos y el makineo pues, la verdad, no nos iba mucho; por no decir que nada, pero el pueblo rugía fiesta por todos lados y nosotros teníamos ganas de marcha. Fuímos a la Florida 135 donde el portero no nos dejó entrar... por ser heavies. Fue una suerte que no entráramos. Recorrimos los bares y conocimos a gente diversa. Y cuando menos nos lo imaginábamos, llegamos a un bar llamado el Soviet.
Mientras estábamos en ese bar nos fijamos en un expositor de cintas de cassette donde destacaba una en especial. Esa portada de un individuo con gafas de sol sonriendo con un fondo de la bandera española; la cinta del artista llamado EL FACHA. Nos llamó la atención en desmesura. Casualidad de la vida fue que el dueño de ese bar era el mismo FACHA. El artista llamado Eduardo Gallinat Sama.
Don Eduardo nos contó que era conservador, que era del Partido Popular con algún cargo en el pueblo. Era curioso porque en Fraga se habla una variante del catalán llamada fragatino, y que él hablaba con todo el mundo menos con nosotros, que éramos catalanes. Pero, dejando de lado esta anécdota, seguimos con la descripción artística de El Facha.
Nos contó que era cantautor, que regentaba el bar y que además componía sus canciones; canciones dedicadas en gran medida a criticar al partido político rival que era el PSOE, aunque si habían cosas del PP que no le gustaban él no dudaba de ponerlas en verso y sobre pentagrama para denunciarlas a golpe de compás ante el mundo de la música. Eduardo decía que él tocaba la guitarra pero que contrataba músicos y coristas para grabar en estudio sus canciones. Fruto de esta contratación y entrada en estudio de grabación salió a la luz el disco, autoeditado bajo el sello Dandy Records, que posaba en el expositor de k7s. La conversación nos llevó a que mostrara orgulloso una foto de José María Aznar autografiada, o la foto en la que él posaba con el ministro del PP Álvarez Cascos. Su verborrea y desparpajo era más que notables y se hacía muy simpático el personaje pese a ser políticamente posicionado en un plano muy distinto al nuestro; pero vamos... nadie es perfecto.
Durante aquella estancia en Fraga no tuvimos ocasión de hacernos con su disco pese a los intentos comerciales con los que nos agasajaba gracias a su carisma y todos los detalles que nos daba de su obra. Un tío orgulloso de su trabajo.
Fue al año siguiente que vimos en el programa Moros y Cristianos que apareció en las pantallas de Tele5 para toda España. En aquel programa dedicado a los debates, se ponía en juicio si "los españoles somos racistas". Al aparecer nuestro amigo de nombre artístico El Facha, ya suponíamos que se pondría en el extremo más racista del debate durante su intervención como ponente sacado del público. Pues cuál fue nuestra sorpresa que el Sr. Gallinat tras presentarse con nombres, apellidos y nombre artístico, contó a toda España que él no puedía ser racista. Que tenía la suerte de dedicarse a la música y eso se lo debía a los gitanos que pasaban por Fraga de temporeros para la recogida de la fruta, que ellos fueron los que le enseñaron a tocar la guitarra. Tenía un buen amigo llamado Jimmy que era negro y que en ese momento estaba en el hospital aquejado de alguna dolencia, a lo que el presentador Jordi González le deseó una pronta recuperación.
Eduardo Gallinat volvió a salir en programas de TV de Jordi González pero ya a nivel autonómico ya incluso a cantar alguna canción, pude comprobar en algunas capturas de pantallas que lucían en su página web.
Nuestro amigo el Facha no dejaba de sorprender pues tiene un canal de Youtube en el que hay colgados videos domésticos en los que aparece en situaciones cómicas (y es que no olviden que era un artistazo), y un extracto de un programa de la TV de Aragón en la que aparece con su buen hacer, simpatía y desparpajo, en medio de la ciudad presentando su próximo éxito musical dedicado al verano y las vacaciones. No se pierdan el video que acompaña estas líneas pues en el top su intervención y entrevista parecen en el número uno.
En mis intentos por entrar en contacto con Eduardo estuvieron escribirle un email a la dirección que figuraba en su rudimentaria web. Le hicimos mención del encuentro en Fraga. Nunca tuvimos respuesta.
Más adelante, con la aparición de Facebook, descubrimos su cuenta de FB en la que solía colgar en su muro chistes, fotografías de tipo gastronómico, sus videos caseros... siempre demostrando el lado más simpático que pueda tener. Hice una solicitud de amistad jamás respondida ni rechazada, pero descubrí gracias a sus contactos que Eduardo Gallinat Sama había fallecido en 2015. Una pena porque nos quedamos con las ganas de poder visitarle después de 20 años para hablar de música e incluso ofrecernos para hacerle de banda para que él cantara cualquier chorrada que se le ocurriera... excepto de tipo político, vamos! nos hacía gracia el personaje, no que fuera PPero, claro.
Pero nuestra hambre por saber más de este caballero de lo chabacano, maestro del cachondeo ibérico, me llevó a poder encontrar su grabación "De Espana no se rie nadie y menos cuatro chorizos". Sí, sí... han leído bien: Espana. No me he equivocado al escribirlo. Un error de tipografía en la portada de su cinta de cassette. Para que no se ría nadie, la imprenta cometió ya el primer ultraje al nombre... olvidarse de la Ñ; además de omitir la tilde de "ríe".
Una vez me hice con la grabación descubrí que es algo mas que música de crítica al PSOE. Canciones de tipo político algunas hay (Roldín Roldán, El Solchi...) pero abundaban las canciones dedicadas a: las fiestas del Pilar, el rock and roll (el Rock del Eduardo); canciones de amor,... De estilo musical variado hay rock, Pop español de aire setentero, mucha rumba catalana,... Un disco completo y variado en el que se trata con humor el tema político pero no deja de lado temáticas líricas más mundanas.
Qué nos ha quedado de El Facha, pues un recuerdo imborrable, una cinta de cassette que aunque suene a casposa en cuanto a estilo y rancia en cuanto a letra, es una joya que merece ser guardada y venerada por coleccionistas. Un maestro del desparpajo y la simpatía del cachondeo español no puede quedar en el olvido, por eso le dedico este post y me agradaría que aunque fuera un "facha" se le tenga una consideración al menos como para que pueda estar en el Olimpo de los Freaks que tanto gustan a este blog.
Que descanse en Paz el Facha: un tío cachondo. En nuestra memoria.
Tras las horas de carretera, el breve turismo por Fraga, encontrarnos con los Helloween por las calles del pueblo y, por supuesto, disfrutar del concierto, nos vimos que queríamos seguir la marcha viviendo la movida nocturna de un pueblo que esa noche estaba tomado por miles de Heavies que fueron a ver el festival.
Tras el concierto nuestros pasos se dirigieron a la archi-famosa discoteca Florida 135. Un antro maquinero de referencia en la ruta del bakalao que, aunque alejado de las capitales de la ruta y de las zonas más influyentes como Valencia, Castellón, Barcelona, Sitges, Igualada, la Florida 135 no dejaba de ser una discoteca que se había hecho un nombre en la movida de la música Makina y el desenfreno pastillero. A nosotros lo de las discos y el makineo pues, la verdad, no nos iba mucho; por no decir que nada, pero el pueblo rugía fiesta por todos lados y nosotros teníamos ganas de marcha. Fuímos a la Florida 135 donde el portero no nos dejó entrar... por ser heavies. Fue una suerte que no entráramos. Recorrimos los bares y conocimos a gente diversa. Y cuando menos nos lo imaginábamos, llegamos a un bar llamado el Soviet.
Mientras estábamos en ese bar nos fijamos en un expositor de cintas de cassette donde destacaba una en especial. Esa portada de un individuo con gafas de sol sonriendo con un fondo de la bandera española; la cinta del artista llamado EL FACHA. Nos llamó la atención en desmesura. Casualidad de la vida fue que el dueño de ese bar era el mismo FACHA. El artista llamado Eduardo Gallinat Sama.
Don Eduardo nos contó que era conservador, que era del Partido Popular con algún cargo en el pueblo. Era curioso porque en Fraga se habla una variante del catalán llamada fragatino, y que él hablaba con todo el mundo menos con nosotros, que éramos catalanes. Pero, dejando de lado esta anécdota, seguimos con la descripción artística de El Facha.
Nos contó que era cantautor, que regentaba el bar y que además componía sus canciones; canciones dedicadas en gran medida a criticar al partido político rival que era el PSOE, aunque si habían cosas del PP que no le gustaban él no dudaba de ponerlas en verso y sobre pentagrama para denunciarlas a golpe de compás ante el mundo de la música. Eduardo decía que él tocaba la guitarra pero que contrataba músicos y coristas para grabar en estudio sus canciones. Fruto de esta contratación y entrada en estudio de grabación salió a la luz el disco, autoeditado bajo el sello Dandy Records, que posaba en el expositor de k7s. La conversación nos llevó a que mostrara orgulloso una foto de José María Aznar autografiada, o la foto en la que él posaba con el ministro del PP Álvarez Cascos. Su verborrea y desparpajo era más que notables y se hacía muy simpático el personaje pese a ser políticamente posicionado en un plano muy distinto al nuestro; pero vamos... nadie es perfecto.
Durante aquella estancia en Fraga no tuvimos ocasión de hacernos con su disco pese a los intentos comerciales con los que nos agasajaba gracias a su carisma y todos los detalles que nos daba de su obra. Un tío orgulloso de su trabajo.
Fue al año siguiente que vimos en el programa Moros y Cristianos que apareció en las pantallas de Tele5 para toda España. En aquel programa dedicado a los debates, se ponía en juicio si "los españoles somos racistas". Al aparecer nuestro amigo de nombre artístico El Facha, ya suponíamos que se pondría en el extremo más racista del debate durante su intervención como ponente sacado del público. Pues cuál fue nuestra sorpresa que el Sr. Gallinat tras presentarse con nombres, apellidos y nombre artístico, contó a toda España que él no puedía ser racista. Que tenía la suerte de dedicarse a la música y eso se lo debía a los gitanos que pasaban por Fraga de temporeros para la recogida de la fruta, que ellos fueron los que le enseñaron a tocar la guitarra. Tenía un buen amigo llamado Jimmy que era negro y que en ese momento estaba en el hospital aquejado de alguna dolencia, a lo que el presentador Jordi González le deseó una pronta recuperación.
Eduardo Gallinat volvió a salir en programas de TV de Jordi González pero ya a nivel autonómico ya incluso a cantar alguna canción, pude comprobar en algunas capturas de pantallas que lucían en su página web.
Nuestro amigo el Facha no dejaba de sorprender pues tiene un canal de Youtube en el que hay colgados videos domésticos en los que aparece en situaciones cómicas (y es que no olviden que era un artistazo), y un extracto de un programa de la TV de Aragón en la que aparece con su buen hacer, simpatía y desparpajo, en medio de la ciudad presentando su próximo éxito musical dedicado al verano y las vacaciones. No se pierdan el video que acompaña estas líneas pues en el top su intervención y entrevista parecen en el número uno.
En mis intentos por entrar en contacto con Eduardo estuvieron escribirle un email a la dirección que figuraba en su rudimentaria web. Le hicimos mención del encuentro en Fraga. Nunca tuvimos respuesta.
Más adelante, con la aparición de Facebook, descubrimos su cuenta de FB en la que solía colgar en su muro chistes, fotografías de tipo gastronómico, sus videos caseros... siempre demostrando el lado más simpático que pueda tener. Hice una solicitud de amistad jamás respondida ni rechazada, pero descubrí gracias a sus contactos que Eduardo Gallinat Sama había fallecido en 2015. Una pena porque nos quedamos con las ganas de poder visitarle después de 20 años para hablar de música e incluso ofrecernos para hacerle de banda para que él cantara cualquier chorrada que se le ocurriera... excepto de tipo político, vamos! nos hacía gracia el personaje, no que fuera PPero, claro.
Pero nuestra hambre por saber más de este caballero de lo chabacano, maestro del cachondeo ibérico, me llevó a poder encontrar su grabación "De Espana no se rie nadie y menos cuatro chorizos". Sí, sí... han leído bien: Espana. No me he equivocado al escribirlo. Un error de tipografía en la portada de su cinta de cassette. Para que no se ría nadie, la imprenta cometió ya el primer ultraje al nombre... olvidarse de la Ñ; además de omitir la tilde de "ríe".
Una vez me hice con la grabación descubrí que es algo mas que música de crítica al PSOE. Canciones de tipo político algunas hay (Roldín Roldán, El Solchi...) pero abundaban las canciones dedicadas a: las fiestas del Pilar, el rock and roll (el Rock del Eduardo); canciones de amor,... De estilo musical variado hay rock, Pop español de aire setentero, mucha rumba catalana,... Un disco completo y variado en el que se trata con humor el tema político pero no deja de lado temáticas líricas más mundanas.
Qué nos ha quedado de El Facha, pues un recuerdo imborrable, una cinta de cassette que aunque suene a casposa en cuanto a estilo y rancia en cuanto a letra, es una joya que merece ser guardada y venerada por coleccionistas. Un maestro del desparpajo y la simpatía del cachondeo español no puede quedar en el olvido, por eso le dedico este post y me agradaría que aunque fuera un "facha" se le tenga una consideración al menos como para que pueda estar en el Olimpo de los Freaks que tanto gustan a este blog.
Que descanse en Paz el Facha: un tío cachondo. En nuestra memoria.
Tuesday, December 25, 2018
El Dioni - Ladròn de corazones
Como muchos de ustedes sabrán, un servidor ha sido una especie de imán para personas curiosas, raras, peculiares,... y cualquier adjetivo de este estilo que puedan imaginarse.
Sí, sí. En esta onda de personajes he tenido la ocasión de conocer (y darles a conocer) a ilustres humanos como El Miguelín, El Picha Loca, Pedro-José el Extraterrestre,... pero tengo que confesarles que no únicamente este tipo de seres son los que se me acercaban, sino que he tenido cierta apetencia por esta misma tipología de fauna del género homo. Así siempre me he sentido atraído por artistas e intelectuales del mundo del famoseo como por ejemplo el cantante que les presento en forma de video: El Dioni
El Dioni saltó a la palestra a mediados de los 90s porque era un guardia jurado que se fugó con 300 millones de pesetas en el furgón que él con dos compañeros más custodiaban en su ruta de recogida de caudales por ciertas empresas clientes. Estando fugado, se le localizó en Brasil y cumplió pena de prisión. Ya después de haber pagado su deuda con la justicia, se hizo famoso e intervino en programas de televisión, montó una discoteca llamada "el Furgón del Dioni" y grabó un disco. ¿Con qué capital contaba para llevar a cabo sus proyectos? Ciertamente podía contar con lo que recaudaba con sus visitas y entrevistas televisivas, pero no nos cabe duda que, aunque en un programa de televisión confesó que sólo se quedó con 3 millones de pesetas, su parte del botín fue mucho más cuantiosa e incluso debe estar aún criando beneficios en algún lado.
Sea lo que fuere, El Dioni no deja de ser un héroe de lo pachanguero, un ejemplo de picaresca, del morro y del desparpajo, y que creo que no dudaría en acercárseme como buen monstruo de lo raro que es, y como tantos otros que he tenido ocasión de conocer.
Aquí les dejo con esta prescindible obra maestra e imprescindible a la vez.
Sí, sí. En esta onda de personajes he tenido la ocasión de conocer (y darles a conocer) a ilustres humanos como El Miguelín, El Picha Loca, Pedro-José el Extraterrestre,... pero tengo que confesarles que no únicamente este tipo de seres son los que se me acercaban, sino que he tenido cierta apetencia por esta misma tipología de fauna del género homo. Así siempre me he sentido atraído por artistas e intelectuales del mundo del famoseo como por ejemplo el cantante que les presento en forma de video: El Dioni
El Dioni saltó a la palestra a mediados de los 90s porque era un guardia jurado que se fugó con 300 millones de pesetas en el furgón que él con dos compañeros más custodiaban en su ruta de recogida de caudales por ciertas empresas clientes. Estando fugado, se le localizó en Brasil y cumplió pena de prisión. Ya después de haber pagado su deuda con la justicia, se hizo famoso e intervino en programas de televisión, montó una discoteca llamada "el Furgón del Dioni" y grabó un disco. ¿Con qué capital contaba para llevar a cabo sus proyectos? Ciertamente podía contar con lo que recaudaba con sus visitas y entrevistas televisivas, pero no nos cabe duda que, aunque en un programa de televisión confesó que sólo se quedó con 3 millones de pesetas, su parte del botín fue mucho más cuantiosa e incluso debe estar aún criando beneficios en algún lado.
Sea lo que fuere, El Dioni no deja de ser un héroe de lo pachanguero, un ejemplo de picaresca, del morro y del desparpajo, y que creo que no dudaría en acercárseme como buen monstruo de lo raro que es, y como tantos otros que he tenido ocasión de conocer.
Aquí les dejo con esta prescindible obra maestra e imprescindible a la vez.
Tuesday, October 09, 2018
Fanzine Suburbio n. 68
Pues mira que hace cosa de una semanita me llegó el último ejemplar del fanzine SUBURBIO, fanzine de fotocopias fiel a la filosofía fanzinista, surgido de la mano de Naxo Fiol.
Por dar un tiento de lo que contiene os diré que nos hace un repaso a lo mejor del Punk -rock que ha marcado al autor, sus experiencias en la compra de algunos discos y asistencia conciertos de algunos artistas del Punk que han pasado por salas ya extintas como la Sala Garatge.
Por otro lado me agradaría destacar el extenso reportaje sobre los video clubs que ha conocido Naxo, y fotos de en lo que se han convertido hoy en día.
Si queréis haceros con un ejemplar y soltar la lagrimilla, pichad el enlace y pedid una copia. Facilidades todas, podéis pagar por PayPal 2 míseros euros:
SUBURBIO N. 68
Salud.
Por dar un tiento de lo que contiene os diré que nos hace un repaso a lo mejor del Punk -rock que ha marcado al autor, sus experiencias en la compra de algunos discos y asistencia conciertos de algunos artistas del Punk que han pasado por salas ya extintas como la Sala Garatge.
Por otro lado me agradaría destacar el extenso reportaje sobre los video clubs que ha conocido Naxo, y fotos de en lo que se han convertido hoy en día.
Si queréis haceros con un ejemplar y soltar la lagrimilla, pichad el enlace y pedid una copia. Facilidades todas, podéis pagar por PayPal 2 míseros euros:
SUBURBIO N. 68
Salud.
Wednesday, May 09, 2018
Cortos y Fanzines: FANZINE SUBURBIO Nº 67
Cortos y Fanzines: FANZINE SUBURBIO Nº 67: Este 2018 "Suburbio" cumple la friolera de 25 años ininterrumpidamente activo. Algo así debe celebrarse. ¿Cómo?, pues de la me...
Pues eso, guarros. Que después de tiempo sin poner nada estoy pensando de retomar la actividad con alguna de esas historias que sólo ocurren en el universo de Autodefensa. De momento, antes de publicar la nueva aventura de acción-terror-punkrockera y de humor chorra, les dejo un enlace al último fanzine de Naxo Fiol SUBURBIO. Echen un vistazo, adquiéranlo y gocen.
Pues eso, guarros. Que después de tiempo sin poner nada estoy pensando de retomar la actividad con alguna de esas historias que sólo ocurren en el universo de Autodefensa. De momento, antes de publicar la nueva aventura de acción-terror-punkrockera y de humor chorra, les dejo un enlace al último fanzine de Naxo Fiol SUBURBIO. Echen un vistazo, adquiéranlo y gocen.
Monday, May 01, 2017
BITTERSOUND
El amargo sonido de tu vida.
Bittersound tiene su origen en la catástrofe de Chernobyl. La nube radiactiva se acercaba peligrosamente a tierras mediterráneas. Finalmente, el resultado de dicha catástrofe fué de una gran hecatombe en Ukrania, y tierras vecinas, con muchísimos afectados que aun sufren las consecuencias. Todo eso pasaba mientras en los paises más meridionales la gente suspiraba porque se había disipado el peligro radiactivo, pero lo que nunca llegaron a imaginar los científicos, políticos, y pueblo llano en general, es que ciertas partículas nucleares, que para muchos eran inocuas, se colaron por los aires de la zona mediterránea y dieron con unos receptores neuronales que eran afines a su composición molecular (véase algún libro de Fisiología humana y léase el apartado de las reacciones antígeno-anticuerpo). No todo el mundo era sensible a este tipo de partículas, poca gente tenía las dentritas de sus neuronas con ésa macromolécula que estaba esperando a ser activada por la partícula atómica procedente de la mal lograda central nuclear. Dos de los afectados eran unos niños de clase media (tirando para baja) que cursaban avanzados niveles en el conservatorio.
Uno de ellos (tECHNOMONSTRUOSITY) destacaba por su habilidad para los instrumentos de cuerda pinzada, siendo muy diestro en guitarra, bajo, laud barroco e isabelino, entre otros. El otro (cROSTRADELAPA) se había ganado la admiración de sus profesores a medida que iba progresando en todo tipo de instrumentos de percusión. A partir del día en que sus sistemas nerviosos fueron tocados por la fatalidad de las partículas subatómicas procedentes de la Europa del Este, nunca más fueron los mismos. Sus facultades se vieron multiplicadas por 1000, eran capaces de componer alrededor de 30 canciones en una hora, su velocidad de interpretación se vió alterada de tal manera que tocaban a los clásicos con un virtuosismo alucinante. Empezaron a componer canciones en las que la temática era todo un reflejo de lo que veian: injusticias sociales, burlas de todo tipo, críticas por doquier de asuntos varios, temáticas de escenas de su vida cotidiana, etc...
No sabían qué les estaba pasando... ¿Eran ellos los únicos? ¿Habría alguien que entendiera su arte? La respuesta vino en cuanto contactaron con otro tarado llamado El Grinder. Hasta la fecha lo veían únicamente como "el-pardillo-que-vive-en-la-puerta-vecina-se-peina-con-la-raya-al-lao-y-tiene-un-parche-de-iron-maiden". Pero ésa fué la "persona" quien les abrió los ojos y les mostró la luz:
"Venid, amigos"-dijo-"hay más como nosotros. Ahí afuera hay un mundo que está deseoso de conocer vuestra obra"
Desde aquél entonces, aproximadamente en 1992, decidieron montar la banda llamada "BITTERSOUND" mostrando su faceta más extrema y dando palizas sónicas a todo aquél que se atreviera a escucharlo.
Su discografía se compone de una ristra de maquetas, de unos 15 minutos cada una, con un total de canciones que oscila entre 20 y 50 temas. Las maquetas se enumeraron correlativamente, y en alguna de ellas figura la fecha de gravación. Cuando se editó el "BxSx 3" un admirador, el Sr. Mierda, se interesó por editar, en su sello independiente, un recopilatorio de los 3 primeros trabajos, dicho recopilatorio se llamó: "The Best Wishes..." de esta manera BxSx deseaba los mejores deseos a todo el mundo, entendiendo que cada deseo era una de sus canciones. Original, ¿verdad?. Así se sucedieron varias maquetas y llegó el momento de grabar una demo en 4 pistas (alucinante, un aparato tecnológico para hacer ruido). La maqueta resultante fué atronadora, Grind-Core-Noise-Industrial-de-lo-más-ruidoso concentrado en una cinta de cassette de cromo (que valían una pasta). Dicha demo se llamó "El Exorcista", por la canción homónima. Esa demo es un recipiente cargado de regalos histórico-musicales como "Carnaval en Puertohurraco", "Commercial Life" o "Punk-Bitter-Grind". Se hicieron más demos hasta completar un total de 10.
Después de una tregua de unos años, llegó el momento de editar el retorno de BITTERSOUND con un esperadísimo "BxSx 11". Esta vez se editó en CD con el magnífico regalazo de una re-masterización del exitoso "El Exorcista". En "BxSx 11" se descargó mucha rabia contenida durante años y algunos de los cortes a destacar son virus de los más infecciosos, canciones como "Kumbas a la tumba", "The Summer Song 2" o la apocalíptica "Todos los seres de este planeta se comerán los unos a los otros" dan una muestra palpable de lo enfermos que pueden estar los chicos de Bittersound.
En la actualidad están cargando fuerzas para seguir desarrollando su talento musical y creativo y descargar su violencia musical contra algún aparato de cassette. Estad atentos y no bajéis la guardia, porque ellos están al acecho.
Sunday, April 10, 2016
Un restaurante malo de Besalú
Un inciso dentro de la temática de este blog. Rompo un poco la dinámica de este blog dedicado en mayor medida a historias de acción, terror y fantasía, con humor chorra, para hacer una crítica de un restaurante que me ha dejado un poco pillao. Ahí va:
No sé cómo serán los otros restaurante de Besalú, pero el que visité la verdad es de lo peor que me encontrado en el mundo y que esté en una plaza tan céntrica en un pueblo tan turístico como Besalú, da mucha pena.
La aventura comenzó con que pedimos para comer y nos acomodaron en una mesa... por ahí bién. Lo malo fue cuando tardaban tanto en tomar nota. De lo peor fue cuando pedimos el vino y nos trajeron un caldo rosado de lo más malo que te puedes echar a la boca, todo aguado y con un sabor que se asemejaba más al vinagre que al peor vino de cartón.
Tardaron un horror en traer la comida pero cuando la trajeron, vi con mis propios ojos como la descargaban de un coche y se metían en el restaurante con el propósito, confirmado con mi percepción visual y termométrica del alimento, de recalentarla con el horno microondas: los huevos a la riojana estaban resecos y con el tomate frito del Mercadona, sí ese tomate frito azucarado de la etiqueta Hacendado. El churrasco de segundo plato seguro que era de una ternera enferma, pues era pequeñito y ni las patatas querían compartir plato con él pues había muy poca guarnición. Para matarte de hambre.
La mesa se nos volcó varias veces puesto que el tablón de madera supuestamente atornillado a una mesa de máquina de coser, no estaba atornillado. Normal pues que si te apoyas un poco en la mesa (como es costumbre en niños) el tablón se vuelque y con éste, todo lo que haya encima de la mesa. Parecía más una película del gordo y el flaco que una comida en un restaurante.
Por los postres no voy a decir nada porque estaban envasados y el pastel de queso venía hecho de otro lado. Por ahí la podrían haber cagado en cualquier cosa pero era difícil de superar lo anteriormente contado.
Destacar que en el momento de pagar aquella mierda de experiencia, me decido a pagar con Mastecard cuando me dicen que no aceptan tarjetas. Fantástico, seguro que tienen teléfonos de última generación, WIFI y mil cosas más pero no tienen un miserable datáfono para cobrar con tarjeta. En pleno siglo XXI parece ridículo... en fin.
No tenía rótulo el restaurante y el recibo carecía de nombre o NIF, y es lo que les faltaba que además queden anónimos ante el público. Pero eso no sirve para que pasen desapercibidos: si queréis comer de pena, con un vino asqueroso y en condiciones más propias del hace 30 años, id al restaurante que está el la plaza de la iglesia de Besalú: justo en frente de la iglesia.
Saturday, February 01, 2014
El búnker. La intrusión
Lo teníamos que hacer.
Después de varias semanas en la que mi amigo y yo nos intercambiábamos correos y llamadas de teléfono, entre las mil cosas de las que hablábamos, siempre surgía el tema de conversación sobre la escotilla y su misterioso contenido. Así, fue cuando un sábado, de madrugada, con los primeros rayos de sol, nos decidimos a cambiar uno de nuestro paseos por el monte por merodear la carretera que tan bien conocía. tuvimos la prudencia de aparcar lo suficientemente lejos para no levantar las sospechas de los posibles conductores que pasaran por esa carretera y, armados con una pata de cabra que tomé prestada del almacén del trabajo, nos acercamos a la misteriosa arqueta.
Antes de proceder a la apertura, nos quedamos en silencio tomando datos de temperatura ambiental, dirección del viento y alguna que otra parida más.Era fundamental documentar todos los detalles y registrar la apertura en vídeo gracias a los teléfonos móviles. ¿Qué delito estábamos cometiendo? Si pasaba la policía y nos pillaba nos podría empurar por intento de robo de la tapa de la cloaca. Vamos, como si fuéramos vulgares chatarreros. Nuestra intención, ya lo saben ustedes, mis lectores, era ver qué había dentro. No queríamos llevarnos nada, sólo observar y nutrir nuestra curiosidad con el conocimiento de algo oculto y que, como dicho en otras ocasiones, un misterio surgido de la nada y plantificado en una carretera de la noche a la mañana. Permanecimos en silencio para cerciorarnos si oíamos algún ruido procedente del interior de la arqueta, pero no se apreciaba ruido alguno.
Mi amigo grababa y yo con la pata de cabra empezaba a hacer palanca para abrir la pesada tapa. El roce de los metales chirriaba y mi acojone empezaba a tomar forma de alerta por estar pendiente de que el ruido pudiera atraer a cualquier ciclista matutino, paseante, pastor o la madre que los pariera a todos juntos. En menos de medio minuto abrimos la tapa de cloaca y la dejamos abierta. Un olor de humedad y putrefacción afloró de la abertura que nos echó para atrás. Cuando nuestras pituitarias se acostumbraron a ese hedor asomamos nuestras cabezas apuntando con linternas al interior, así comprobamos que el suelo estaba encharcado de las lluvias y la falta de ventilación y vimos una rata muerta y medio descompuesta a un lado del pozo. Nuestro gozo en un pozo, y nunca mejor dicho, porque no había ningún soldado ni espía, ni estación de radio oculta o cuartel general de alienígenas. Era el momento de empezar a bajar y ver hasta dónde llegaba el pozo porque veíamos que formaba un túnel que se metía por debajo de la carretera a unos 8 o 10 metros de bajada después de un primer tramo de escaleras que llegaba hasta una repisa donde estaba la rata muerta.
Al introducirnos por debajo de la escalera vimos, lo típico de los refugios: unos sofás, unas cajas, revistas porno, unos colchones... parecía un picadero de las putas de la carretera, o parecía un refugio para vagabundos. A un lado vimos cajas y cajas llenas de botellas de bebidas alcohólicas, algunos cartones de tabaco y un posturón de hachís. Pues, mira por dónde, aquel era nuestro premio, así que pillamos tantas botellas como pudimos, puesto que el tabaco y el chocolate no nos interesaba, y las subimos para esconderlas en unos matorrales cerca de la carretera, así luego pasaríamos con el coche y las pillaríamos. Nos fuimos a buscar el coche y recogimos las botellas de whiskey, ginebra, Cola Loca, etc... ¡cubatitas gratis durante dos años!
La última gracia no fue cosa mía pero fue lo más gracioso: bajamos expresamente otra vez para prenderle fuego a uno de los colchones. El humo negro rápidamente empezó a invadir el túnel y ya nos costaba respirar. ¡Qué tontos éramos! Nos estábamos ahogando mientras intentábamos subir por la escalera. Una trampa mortal. Pudimos salir de la cloaca apestando a goma quemada. y nos quedamos a ver cómo empezaban a asomar la llamas por la boca de la cloaca. Estuvimos a punto de morir asfixiados y abrasados pero tuvimos suerte. Cómo de burros pueden ser dos humanos pasando de 35 años.
Bajamos la tapa de la cloaca y piramos de allí corriendísimo. Sabíamos que ante tal alijo de bebidas alcohólocas y demás tesoros el incendio no haría más que alertar a los dueños del bunker. El morbo hizo que nos fuéramos a tomarnos un café con leche y volviéramos a observar si había reacción. Y así fue. Pasamos junto al bunker humeante y vimos a dos pavos vestidos con camisas de leñador con cara de mala leche. Uno de ellos estaba saltando y haciendo gestos de rabia, el otro hablaba por teléfono móvil. Seguimos nuestro camino a casa cargados de nervios y con el maletero lleno de botellas de alcohol. yo conducía y mi amigo me enseñó que finalmente echó mano del posturón de hachís. Un poco más adelante vimos un coche de bomberos que iba en dirección opuesta a nosotros y una patrulla de la policía que nos hacía señales para pararnos... Mierda!
Después de varias semanas en la que mi amigo y yo nos intercambiábamos correos y llamadas de teléfono, entre las mil cosas de las que hablábamos, siempre surgía el tema de conversación sobre la escotilla y su misterioso contenido. Así, fue cuando un sábado, de madrugada, con los primeros rayos de sol, nos decidimos a cambiar uno de nuestro paseos por el monte por merodear la carretera que tan bien conocía. tuvimos la prudencia de aparcar lo suficientemente lejos para no levantar las sospechas de los posibles conductores que pasaran por esa carretera y, armados con una pata de cabra que tomé prestada del almacén del trabajo, nos acercamos a la misteriosa arqueta.
Antes de proceder a la apertura, nos quedamos en silencio tomando datos de temperatura ambiental, dirección del viento y alguna que otra parida más.Era fundamental documentar todos los detalles y registrar la apertura en vídeo gracias a los teléfonos móviles. ¿Qué delito estábamos cometiendo? Si pasaba la policía y nos pillaba nos podría empurar por intento de robo de la tapa de la cloaca. Vamos, como si fuéramos vulgares chatarreros. Nuestra intención, ya lo saben ustedes, mis lectores, era ver qué había dentro. No queríamos llevarnos nada, sólo observar y nutrir nuestra curiosidad con el conocimiento de algo oculto y que, como dicho en otras ocasiones, un misterio surgido de la nada y plantificado en una carretera de la noche a la mañana. Permanecimos en silencio para cerciorarnos si oíamos algún ruido procedente del interior de la arqueta, pero no se apreciaba ruido alguno.
Mi amigo grababa y yo con la pata de cabra empezaba a hacer palanca para abrir la pesada tapa. El roce de los metales chirriaba y mi acojone empezaba a tomar forma de alerta por estar pendiente de que el ruido pudiera atraer a cualquier ciclista matutino, paseante, pastor o la madre que los pariera a todos juntos. En menos de medio minuto abrimos la tapa de cloaca y la dejamos abierta. Un olor de humedad y putrefacción afloró de la abertura que nos echó para atrás. Cuando nuestras pituitarias se acostumbraron a ese hedor asomamos nuestras cabezas apuntando con linternas al interior, así comprobamos que el suelo estaba encharcado de las lluvias y la falta de ventilación y vimos una rata muerta y medio descompuesta a un lado del pozo. Nuestro gozo en un pozo, y nunca mejor dicho, porque no había ningún soldado ni espía, ni estación de radio oculta o cuartel general de alienígenas. Era el momento de empezar a bajar y ver hasta dónde llegaba el pozo porque veíamos que formaba un túnel que se metía por debajo de la carretera a unos 8 o 10 metros de bajada después de un primer tramo de escaleras que llegaba hasta una repisa donde estaba la rata muerta.
Al introducirnos por debajo de la escalera vimos, lo típico de los refugios: unos sofás, unas cajas, revistas porno, unos colchones... parecía un picadero de las putas de la carretera, o parecía un refugio para vagabundos. A un lado vimos cajas y cajas llenas de botellas de bebidas alcohólicas, algunos cartones de tabaco y un posturón de hachís. Pues, mira por dónde, aquel era nuestro premio, así que pillamos tantas botellas como pudimos, puesto que el tabaco y el chocolate no nos interesaba, y las subimos para esconderlas en unos matorrales cerca de la carretera, así luego pasaríamos con el coche y las pillaríamos. Nos fuimos a buscar el coche y recogimos las botellas de whiskey, ginebra, Cola Loca, etc... ¡cubatitas gratis durante dos años!
La última gracia no fue cosa mía pero fue lo más gracioso: bajamos expresamente otra vez para prenderle fuego a uno de los colchones. El humo negro rápidamente empezó a invadir el túnel y ya nos costaba respirar. ¡Qué tontos éramos! Nos estábamos ahogando mientras intentábamos subir por la escalera. Una trampa mortal. Pudimos salir de la cloaca apestando a goma quemada. y nos quedamos a ver cómo empezaban a asomar la llamas por la boca de la cloaca. Estuvimos a punto de morir asfixiados y abrasados pero tuvimos suerte. Cómo de burros pueden ser dos humanos pasando de 35 años.
Bajamos la tapa de la cloaca y piramos de allí corriendísimo. Sabíamos que ante tal alijo de bebidas alcohólocas y demás tesoros el incendio no haría más que alertar a los dueños del bunker. El morbo hizo que nos fuéramos a tomarnos un café con leche y volviéramos a observar si había reacción. Y así fue. Pasamos junto al bunker humeante y vimos a dos pavos vestidos con camisas de leñador con cara de mala leche. Uno de ellos estaba saltando y haciendo gestos de rabia, el otro hablaba por teléfono móvil. Seguimos nuestro camino a casa cargados de nervios y con el maletero lleno de botellas de alcohol. yo conducía y mi amigo me enseñó que finalmente echó mano del posturón de hachís. Un poco más adelante vimos un coche de bomberos que iba en dirección opuesta a nosotros y una patrulla de la policía que nos hacía señales para pararnos... Mierda!
Wednesday, January 01, 2014
El búnker. La aproximación.
Durante más de doce meses he estado viendo esa misteriosa escalera emerger de la tierra como si la nada la hubiera creado y la hubiera puesto allí para que vigilara mi camino al trabajo y mi regreso a casa diarios. No es que me inquiete ni me quite el sueño pero un amante de los misterios como yo no puede quedarse indiferente ante la presencia en medio del campo de un elemento tan poco común como una escalera metálica que surge de una arqueta redonda como si alguien hubiera decidido ponerle una alcantarilla al monte sin previo aviso. Al menos podría haber visto el típico cartel de la licencia de obras del ayuntamiento presidiendo los días previos a la construcción de la arqueta, ya no digo mientras durara la construcción puesto que apareció de un día para el otro.
Comenté con un amigo, también amante de los misterios y también fan de la serie Perdidos, la presencia de esta entrada a la tierra. Mi amigo alucinaba más de la manera cómo le explicaba toda la historia que con la presencia de la arqueta en sí, puesto que no le daba más vueltas a ésa. Pero sí que le gustaba cómo le contaba la aparición y mis especulaciones de posibles motivos aparición, usos y contenidos del interior de la arqueta. Que tuviera una escalera indicaba que era para que pudiera acceder una persona, obviamente. No era simplemente un registro de alcantarillado de aguas pluviales ni un depósito de combustibles. Mi amigo coincidía en que podría haber algo más que simplemente eso, y podía atribuirlo a un refugio de pastores o de agricultores. El caso es que estos refugios tenían sentido en la época en la que los pastores dormían con el rebaño o el agricultor no disponía de transporte para volver a casa cada noche, y tal vez una tormenta podría coger desprevenidos a los profesionales del campo y tenían que refugiarse de improviso. Fuera como fuere, mi idea era poder acercarme para intentar de sacar un poco más de información de lo que me podía guardar esa misteriosa tapa de metal con escalerilla vertical, así que le conté a mi amigo que un día me bajaría de coche para ver un poco de cerca este extraño elemento que formaba ya parte de ese bello rincón de bosque que adornaba esos 20 metros de carretera.
Fue un sábado, sin levantarme demasiado pronto, me preparé un bocadillo y, como en otras ocasiones fui a trabajar. Coincidió que ya clareaba el día pues, el jefe me dijo que no hacía falta que para esa jornada fuéramos de madrugada, y eso me permitió poder ver bien el lugar. El caso es que tomé el coche y yendo con una ventaja de 20 minutos al trabajo, llegué al lugar del misterioso pozo de tapa metálica y escalera igualmente metálica. Dejé el coche en el pequeño arcén que se formaba unos diez metros antes de la zona de árboles y arbustos que decoraban mi lugar de misterio y me acerqué caminando. Allí estaba: la escotilla, la escalera y el periscopio (los tubos de ventilación), esperando a que yo llegara para verlos de cerca, para investigarlos. Estos elementos no tenían nada de especial, tan sólo podría destacar que la pesada tapa de la arqueta estaba puesta del revés y no me permitía ver los grabados de la fundición que la fabricó, sólo presentaba un grabado de cuadrícula, una bisagra con la que se enganchaba al marco de la arqueta y una muesca que servía para poner la pata de cabra para abrir la tapa. De la escalera de mano no hay mucho a decir a parte que sobresalía unos 5 peldaños de la superficie de la tierra, dando el aspecto de ser de acero inoxidable, y sobre el misterioso tubo de ventilación de forma curva se puede decir que emergía del suelo un metro y medio y terminaba en forma curvada claramente para que no entrara agua en caso de lluvias, siendo éste también de acero inoxidable y constando de una única soldadura en el momento en que iniciaba la curva. Al acercar el oído a la boca del tubo no oí nada más que un tenue sonido de aire que corre como el que oye el mar en las caracolas.
Me apresuré a tomar todas las fotos que pude con mi teléfono móvil a máxima resolución y geo-etiquetado y volví al coche para ir a trabajar. Una suerte de que no pasara nadie en el ratito que estuve en el lugar de la "escotilla". Ni un coche, ni una persona andando o en bicicleta. Ese sábado no coincidí con nadie en la carretera.
En el ordenador del trabajo descargué las fotos al ordenador y las envié a mi amigo de los misterios para su disfrute. Nos intercambiamos un par de correos electrónicos y nos decidimos que teníamos que ir juntos a ver qué había allí. Estábamos tramando la apertura de la "escotilla". La cosa se ponía emocionante y por momentos me estaba haciendo películas de qué podríamos encontrar allí. ¿Encontraría un refugio anti-aéreo? ¿Un soldado transmitiendo datos? ¿Un espía? ¿Un almacén de armas?¿Tendría que poner en práctica mis conocimientos de artes marciales en caso de enfrentamiento con ese soldado o espía? ¿Me servirían de algo si lo que encontramos es un extraterrestre?
Continuará...
Comenté con un amigo, también amante de los misterios y también fan de la serie Perdidos, la presencia de esta entrada a la tierra. Mi amigo alucinaba más de la manera cómo le explicaba toda la historia que con la presencia de la arqueta en sí, puesto que no le daba más vueltas a ésa. Pero sí que le gustaba cómo le contaba la aparición y mis especulaciones de posibles motivos aparición, usos y contenidos del interior de la arqueta. Que tuviera una escalera indicaba que era para que pudiera acceder una persona, obviamente. No era simplemente un registro de alcantarillado de aguas pluviales ni un depósito de combustibles. Mi amigo coincidía en que podría haber algo más que simplemente eso, y podía atribuirlo a un refugio de pastores o de agricultores. El caso es que estos refugios tenían sentido en la época en la que los pastores dormían con el rebaño o el agricultor no disponía de transporte para volver a casa cada noche, y tal vez una tormenta podría coger desprevenidos a los profesionales del campo y tenían que refugiarse de improviso. Fuera como fuere, mi idea era poder acercarme para intentar de sacar un poco más de información de lo que me podía guardar esa misteriosa tapa de metal con escalerilla vertical, así que le conté a mi amigo que un día me bajaría de coche para ver un poco de cerca este extraño elemento que formaba ya parte de ese bello rincón de bosque que adornaba esos 20 metros de carretera.
Fue un sábado, sin levantarme demasiado pronto, me preparé un bocadillo y, como en otras ocasiones fui a trabajar. Coincidió que ya clareaba el día pues, el jefe me dijo que no hacía falta que para esa jornada fuéramos de madrugada, y eso me permitió poder ver bien el lugar. El caso es que tomé el coche y yendo con una ventaja de 20 minutos al trabajo, llegué al lugar del misterioso pozo de tapa metálica y escalera igualmente metálica. Dejé el coche en el pequeño arcén que se formaba unos diez metros antes de la zona de árboles y arbustos que decoraban mi lugar de misterio y me acerqué caminando. Allí estaba: la escotilla, la escalera y el periscopio (los tubos de ventilación), esperando a que yo llegara para verlos de cerca, para investigarlos. Estos elementos no tenían nada de especial, tan sólo podría destacar que la pesada tapa de la arqueta estaba puesta del revés y no me permitía ver los grabados de la fundición que la fabricó, sólo presentaba un grabado de cuadrícula, una bisagra con la que se enganchaba al marco de la arqueta y una muesca que servía para poner la pata de cabra para abrir la tapa. De la escalera de mano no hay mucho a decir a parte que sobresalía unos 5 peldaños de la superficie de la tierra, dando el aspecto de ser de acero inoxidable, y sobre el misterioso tubo de ventilación de forma curva se puede decir que emergía del suelo un metro y medio y terminaba en forma curvada claramente para que no entrara agua en caso de lluvias, siendo éste también de acero inoxidable y constando de una única soldadura en el momento en que iniciaba la curva. Al acercar el oído a la boca del tubo no oí nada más que un tenue sonido de aire que corre como el que oye el mar en las caracolas.
Me apresuré a tomar todas las fotos que pude con mi teléfono móvil a máxima resolución y geo-etiquetado y volví al coche para ir a trabajar. Una suerte de que no pasara nadie en el ratito que estuve en el lugar de la "escotilla". Ni un coche, ni una persona andando o en bicicleta. Ese sábado no coincidí con nadie en la carretera.
En el ordenador del trabajo descargué las fotos al ordenador y las envié a mi amigo de los misterios para su disfrute. Nos intercambiamos un par de correos electrónicos y nos decidimos que teníamos que ir juntos a ver qué había allí. Estábamos tramando la apertura de la "escotilla". La cosa se ponía emocionante y por momentos me estaba haciendo películas de qué podríamos encontrar allí. ¿Encontraría un refugio anti-aéreo? ¿Un soldado transmitiendo datos? ¿Un espía? ¿Un almacén de armas?¿Tendría que poner en práctica mis conocimientos de artes marciales en caso de enfrentamiento con ese soldado o espía? ¿Me servirían de algo si lo que encontramos es un extraterrestre?
Continuará...
Sunday, December 01, 2013
El búnker. El descubrimiento.
Cada día paso por la misma carretera para ir y volver del trabajo. Las mismas rectas, las mismas curvas. Siempre atento a que no se me cruce algún animal salvaje o doméstico que se haya escapado de los campos vecinos. Cada día pendiente de no encontrarme a una tortuga en coche o en camión que me joda los tiempos de llegada al trabajo o de vuelta a casa.
El paisaje mediterráneo es siempre el mismo exceptuando los cambios propios de las estaciones. Agradezco que llueva para poder ver el asfalto de distinto color y tomarme la carretera con otra visión. En esa asquerosa rutina deseo encontrarme en la oscuridad de la madrugada alguna luz misteriosa que me dé un aspecto distinto a la niebla. Deseo firmemente que en los campos aterrice o vea posado algún platillo volante que haya asustado a los caballos o haya matado algún otro animal de los que pastan por esos bosquecillos y campos en barbecho.
El rutinario paisaje varió de repente al cabo de 4 años de estar tomando esa carretera cuando me fijé en un elemento nuevo. A medio camino entre la variante que me lleva por esa carretera y el pueblo de destino, encontré algo que no estaba allí y que no sé si algún otro viajero diario habrá caído en la cuenta de su nueva existencia. Allí se encontraba este nuevo elemento, en un arcén había aparecido de un día para el otro una arqueta como de alcantarilla adornada de un tramo de escalera que estaba ahí puesto para poder acceder a la arqueta para bajar a sus profundidades. Esa arqueta con su escalerilla estaban allí puestas en un lado de la carretera sin llamar mucho la atención puesto que seguían flanqueadas de pinos y matorrales que disimulaban su presencia. Detrás de la escalera, a un metro de ella, había un elemento igual de misterioso: un tubo rematado en una curva a modo de cayado que daba la idea de que se trataría de un tubo de ventilación de lo que hubiera debajo de la tierra.
A priori uno puede pensar que se trataría de una instalación de gas, puesto que el tubo perfectamente recordaba a los tubos de venteo de las instalaciones de gas natural o propano, pero no podía ser sencillamente porque las instalaciones de gas están siempre perfectamente identificadas pintadas de amarillo. Es imposible que se olvidaran de pintar la instalación puesto que no pasaría los controles oficiales. No, no era eso. Imposible. Además, ¿qué redemonios hacía una instalación de gas en medio del campo, lejos de cualquier uso o casa? No era posible que estuviera para poder dar calefacción a los jabalíes o a los zorros o caballos que hay por ahí. No hay casas cerca, no hay nada excepto bosques y campo.
La escalerilla me dejaba mucho más intrigado: Eso es para bajar, claro. Alguien puede bajar por la arqueta por esa escalerilla de mano instalada a la propia arqueta.
Pasar cada día. La ida y la vuelta... a comerme le coco para qué demonios está eso. A comerme el coco por qué había aparecido de un día para el otro. Oye! que yo paso por ahí cada día! Cualquier instalación podría haber llevado más de un día de obra! Tendría que haber visto yo a los obreros que pusieran los tochos de la arqueta, a los herreros que pusieran la escalera,... Dejando volar mi imaginación pensaba que podría tratarse de un búnker como el de la seria "Perdidos" (Lost). De hecho, en mis pensamientos empecé a referirme a esta misteriosa arqueta como "la escotilla". ¿Quién se debe esconder ahí? ¿El de los números? ¿Hay una estación numérica como la Zumbadora, donde está un soldado o un pringado escuchando mensajes todo el día? ¿Transmitiendo mensajes ocultos a no sé qué fuerza armada o gobierno en la sombra? Pudiera ser una base extraterrestre que los hombres de negro hayan excavado para poder alojar un centro de investigaciones o un refugio lejos de las grandes ciudades... pero tampoco era un sitio muy discreto: he sido capaz de verlo, tampoco está muy discreto que digamos. Ya está! una salida del mundo intraterrestre: desde allí se conecta a Agartha o a cualquiera de las ciudades subterráneas. Pero, qué tonterías: los intraterrestres no necesitan que les hagamos una arqueta de obra con escalerilla, la Tierra está llena de orificios de entrada al mundo intraterrestre.
De momento son reflexiones. Seguiré investigando y comiéndome la cabeza para intentar averiguar qué se esconde en esa arqueta que ha aparecido en mi camino de un día para el otro y que me tiene tan intrigado.
Continuará...
El paisaje mediterráneo es siempre el mismo exceptuando los cambios propios de las estaciones. Agradezco que llueva para poder ver el asfalto de distinto color y tomarme la carretera con otra visión. En esa asquerosa rutina deseo encontrarme en la oscuridad de la madrugada alguna luz misteriosa que me dé un aspecto distinto a la niebla. Deseo firmemente que en los campos aterrice o vea posado algún platillo volante que haya asustado a los caballos o haya matado algún otro animal de los que pastan por esos bosquecillos y campos en barbecho.
El rutinario paisaje varió de repente al cabo de 4 años de estar tomando esa carretera cuando me fijé en un elemento nuevo. A medio camino entre la variante que me lleva por esa carretera y el pueblo de destino, encontré algo que no estaba allí y que no sé si algún otro viajero diario habrá caído en la cuenta de su nueva existencia. Allí se encontraba este nuevo elemento, en un arcén había aparecido de un día para el otro una arqueta como de alcantarilla adornada de un tramo de escalera que estaba ahí puesto para poder acceder a la arqueta para bajar a sus profundidades. Esa arqueta con su escalerilla estaban allí puestas en un lado de la carretera sin llamar mucho la atención puesto que seguían flanqueadas de pinos y matorrales que disimulaban su presencia. Detrás de la escalera, a un metro de ella, había un elemento igual de misterioso: un tubo rematado en una curva a modo de cayado que daba la idea de que se trataría de un tubo de ventilación de lo que hubiera debajo de la tierra.
A priori uno puede pensar que se trataría de una instalación de gas, puesto que el tubo perfectamente recordaba a los tubos de venteo de las instalaciones de gas natural o propano, pero no podía ser sencillamente porque las instalaciones de gas están siempre perfectamente identificadas pintadas de amarillo. Es imposible que se olvidaran de pintar la instalación puesto que no pasaría los controles oficiales. No, no era eso. Imposible. Además, ¿qué redemonios hacía una instalación de gas en medio del campo, lejos de cualquier uso o casa? No era posible que estuviera para poder dar calefacción a los jabalíes o a los zorros o caballos que hay por ahí. No hay casas cerca, no hay nada excepto bosques y campo.
La escalerilla me dejaba mucho más intrigado: Eso es para bajar, claro. Alguien puede bajar por la arqueta por esa escalerilla de mano instalada a la propia arqueta.
Pasar cada día. La ida y la vuelta... a comerme le coco para qué demonios está eso. A comerme el coco por qué había aparecido de un día para el otro. Oye! que yo paso por ahí cada día! Cualquier instalación podría haber llevado más de un día de obra! Tendría que haber visto yo a los obreros que pusieran los tochos de la arqueta, a los herreros que pusieran la escalera,... Dejando volar mi imaginación pensaba que podría tratarse de un búnker como el de la seria "Perdidos" (Lost). De hecho, en mis pensamientos empecé a referirme a esta misteriosa arqueta como "la escotilla". ¿Quién se debe esconder ahí? ¿El de los números? ¿Hay una estación numérica como la Zumbadora, donde está un soldado o un pringado escuchando mensajes todo el día? ¿Transmitiendo mensajes ocultos a no sé qué fuerza armada o gobierno en la sombra? Pudiera ser una base extraterrestre que los hombres de negro hayan excavado para poder alojar un centro de investigaciones o un refugio lejos de las grandes ciudades... pero tampoco era un sitio muy discreto: he sido capaz de verlo, tampoco está muy discreto que digamos. Ya está! una salida del mundo intraterrestre: desde allí se conecta a Agartha o a cualquiera de las ciudades subterráneas. Pero, qué tonterías: los intraterrestres no necesitan que les hagamos una arqueta de obra con escalerilla, la Tierra está llena de orificios de entrada al mundo intraterrestre.
De momento son reflexiones. Seguiré investigando y comiéndome la cabeza para intentar averiguar qué se esconde en esa arqueta que ha aparecido en mi camino de un día para el otro y que me tiene tan intrigado.
Continuará...
Tuesday, October 01, 2013
Ataúd de piedra
Estábamos los dos aquel día de excursión por el monte en la confluencia de las dos carreteras nacionales. En lo que parecía que había sido una cantera que se deslizaba hacía el lecho del río, bajábamos por los pedruscos amarillos en un escarpado paisaje de aspecto lunar. Bajábamos de piedra en piedra pues nuestro objetivo era llegar al río.
Hacía poco que salía con ella. Es más, me parece que no había nadie que supiera lo nuestro. Nos conocíamos del trabajo, pues ella era una cliente a la que empecé a visitar más asiduamente sin necesidad de terminar vendiendo nada. Dentro de mis visitas sin éxito comercial, comenté mi afición por la montaña y ella me dijo que estaría encantada de acompañarme a alguna de mis aventuras por los montes de la cercanía y, quien sabe, alguna un poco más lejana. Así fue como aprovechamos una de nuestras citas de domingo para transformarla en excursión montañera. Últimamente, justo antes de empezar a salir con ella, solía ir a la montaña solo. No necesitaba compañía. Tenía yo un amigo que siempre me había acompañado pero un buen día ya no pudo venir más y me dediqué a seguir caminando entre árboles y pedruscos yo sólo.
Íbamos saltando de piedra en piedra, de roca en roca, saboreando con la suela de las botas el raro amarillo de esas piedras de cantera abandonada. En uno de los saltos ocurrió el fatal momento que provoca este relato: mi chica resbaló y no fui capaz de alargar el brazo lo suficiente para que ella se agarrara a él. La caída fue brutal y no pude hacer nada más que quedarme petrificado, viendo cómo iba rebotando de roca en roca su delgado cuerpo por aquel bestial desnivel que no hubiera supuesto más peligro de haber pisado bien la roca, pero que el rebote en cada una de esas rocas planas, hacía que se convirtieran en mortales martillazos contra las costillas, cráneo, columna vertebral,… y cada vez más fuertes a medida que se superaba una nueva roca plana donde rebotar. Al tercer rebote me imaginé que ya había perdido la vida y me convencí de ello en el quinto rebote pues vi su rostro ensangrentado mirándome fijamente por encima de la mochila que llevaba a la espalda: su columna cervical ya no tenía más uso, se había deshecho y su cuello ya daba la vuelta entera al cuerpo. Y otro bote, y otro rebote. Su cuerpo botó varias veces hasta que llegó próximo al lecho del río y fue a encajarse entre dos enormes rocas que estaban separadas por una rendija cuya profundidad no dejaba ver el fondo. Allí quedó, en sepultura natural, su cadáver.
En ese paraje desolador en el que no había nadie ni nada. No había ni escorpiones en las piedras ni moscas en el ambiente. No había nadie a quien pedir ayuda. No había cobertura de telefonía móvil. No había NADA: sólo piedras. Sólo piedras y dos excursionistas, uno muerto y el otro acojonado perdido. Al cabo de diez eternos minutos en los cuales repetía en mi memoria la caída de mi amiga, una y otra vez; me moví un poco y fui recobrando el ánimo para bajar a ver qué había pasado con la chica. Bajé de roca en roca. La bajada no fue difícil pero si se ponía un pie en falso se podría convertir en un descenso por la escalinata de 100 metros de desnivel más peligrosa del mundo. Llegué hasta las dos rocas que atraparon el cuerpo sin vida y sin huesos enteros de mi recién estrenada y terminada compañera de aventuras. Miré por la rendija por donde se coló el cuerpo con su mochila y todo. No había salpicaduras de sangre pues ésta se quedó en las primeras piedras, además que la caída fue bastante limpia y la muerte vendría más por la fractura de la columna cervical que por el traumatismo craneal o el ínfimo desangramiento. Miré entre las piedras para ver si se atisbaba alguna cosa pero no mi más que oscuridad y un olor de humedad acompañado de un sonido de agua correr: el curso subterráneo del río, sin duda alguna.
Me senté en una piedra próxima a la rendija. Entonces empecé a pensar… y pensar qué debería hacer. Estaba yo tan asustado que no le veía la manera de reaccionar. Qué cojones hago, qué hago?!? Me preguntaba… Ya está: me piro. Salí del lecho del río seco y me dirigí hacia la carretera de nuevo. Nadie sabía que estaba allí, nadie nos vio, nadie ni nada me retenía al lado de un cadáver por el cual no se podía hacer nada. Estaba yo muy asustado y lo único que se me ocurrió fue abandonar el cuerpo sin vida de la chavala que me acompañaba en esa excursión.
Mientras caminaba cuesta arriba, con la cabeza abajo, me notaba la sensación como si hubiera bebido más de la cuenta. No caminaba haciendo eses pero no tenía claro en qué punto estaba yo caminando: si estaba cerca o lejos de la carretera. Me sentía como si un ruido me tapara los oídos y no me dejara oír el vacío silencio de esa cantera de piedras amarillas. No podía levantar la cabeza ni darme cuenta de qué había a mis lados pues se me había anulado la visión periférica. ¿Qué me pasaba? Pues que estaba acojonado perdido. La cara de esa chica mirándome por encima de su mochila -qué fuerte- y no estoy seguro de que realmente me estuviera viendo… un momento… ¿y si sí que me estuviera viendo y, aun y teniendo el pescuezo fracturado, tuviera un hilo de vida que aun le permitía percibir imágenes y la última imagen que se llevaba de esta puta vida era a su compañero mirándola como se despeñaba sin haber alargado la mano para ayudarla a no caer? Es igual… ¿A quién se le va a chivar de eso? Seguí subiendo por las piedras hasta llegar a la carretera sin poder escuchar ni una mosca, el aturdimiento que me taponaba los oídos no me dejaba oír nada, intentaba recordar las impresiones llevadas del fondo del lecho del río: el ataúd pétreo de la chica, el olor a humedad, y el sonido de agua que corría por el fondo de esa brecha entre piedras. Porque sólo oí correr el agua… ¿verdad? No se oía a nadie pedir auxilio… ¿verdad? ¿o sí?... No, imposible pues la chica estaba muerta al tercer rebote, tenía el pescuezo fracturado: me miró por encima de su mochila.
Un punto más a añadir a mi acojone: había perdido a la chavala, la había visto morir, me piraba del sitio sin ninguna intención de pedir ayuda o relatar lo ocurrido pues seguro que me buscaría problemas, y no estaba realmente seguro de que se hubiera muerto pues ahora no sabía si había o no había oído una voz entre las piedras… ¡Vaya mierda de vida!
Un día desperté en mitad de la noche por una pesadilla que tuve en la que presencié la muerte de una chica en una cantera de piedras amarillentas. Era todo tan real que el sudor frío había empapado la almohada. Me cercioré que había sido una pesadilla y que después de un vaso de agua todavía me quedaban 3 horas enteras para dormir antes de que sonara el despertador para ir a trabajar. No dejaba de darle vueltas a la pesadilla:
- Era sólo una pesadilla. Una pesadilla.- me decía a mi mismo para convencerme, pero había algo que me decía que esto ya me había ocurrido en cierta vez. Pero no en una cantera…
Resucitó en mí una sensación de recuerdo. Como aquellos que recuerdan algo de cuando tenían menos de 2 años o qué oían en el vientre de su madre. Algo lejano, borroso pero, a la vez, vívido. Algo oculto en mi mente durante mucho tiempo. Me vino a la memoria una carretera oscura de madrugada, un transeúnte caminando por el arcén derecho y cómo ése caía por arte de magia, sin haberlo tocado nadie. ¿Otro sueño? Creo que me había quedado dormido recordando este otro suceso, pues la almohada estaba más mojada aun… Era otro sueño ¿o no?
Hacía poco que salía con ella. Es más, me parece que no había nadie que supiera lo nuestro. Nos conocíamos del trabajo, pues ella era una cliente a la que empecé a visitar más asiduamente sin necesidad de terminar vendiendo nada. Dentro de mis visitas sin éxito comercial, comenté mi afición por la montaña y ella me dijo que estaría encantada de acompañarme a alguna de mis aventuras por los montes de la cercanía y, quien sabe, alguna un poco más lejana. Así fue como aprovechamos una de nuestras citas de domingo para transformarla en excursión montañera. Últimamente, justo antes de empezar a salir con ella, solía ir a la montaña solo. No necesitaba compañía. Tenía yo un amigo que siempre me había acompañado pero un buen día ya no pudo venir más y me dediqué a seguir caminando entre árboles y pedruscos yo sólo.
Íbamos saltando de piedra en piedra, de roca en roca, saboreando con la suela de las botas el raro amarillo de esas piedras de cantera abandonada. En uno de los saltos ocurrió el fatal momento que provoca este relato: mi chica resbaló y no fui capaz de alargar el brazo lo suficiente para que ella se agarrara a él. La caída fue brutal y no pude hacer nada más que quedarme petrificado, viendo cómo iba rebotando de roca en roca su delgado cuerpo por aquel bestial desnivel que no hubiera supuesto más peligro de haber pisado bien la roca, pero que el rebote en cada una de esas rocas planas, hacía que se convirtieran en mortales martillazos contra las costillas, cráneo, columna vertebral,… y cada vez más fuertes a medida que se superaba una nueva roca plana donde rebotar. Al tercer rebote me imaginé que ya había perdido la vida y me convencí de ello en el quinto rebote pues vi su rostro ensangrentado mirándome fijamente por encima de la mochila que llevaba a la espalda: su columna cervical ya no tenía más uso, se había deshecho y su cuello ya daba la vuelta entera al cuerpo. Y otro bote, y otro rebote. Su cuerpo botó varias veces hasta que llegó próximo al lecho del río y fue a encajarse entre dos enormes rocas que estaban separadas por una rendija cuya profundidad no dejaba ver el fondo. Allí quedó, en sepultura natural, su cadáver.
En ese paraje desolador en el que no había nadie ni nada. No había ni escorpiones en las piedras ni moscas en el ambiente. No había nadie a quien pedir ayuda. No había cobertura de telefonía móvil. No había NADA: sólo piedras. Sólo piedras y dos excursionistas, uno muerto y el otro acojonado perdido. Al cabo de diez eternos minutos en los cuales repetía en mi memoria la caída de mi amiga, una y otra vez; me moví un poco y fui recobrando el ánimo para bajar a ver qué había pasado con la chica. Bajé de roca en roca. La bajada no fue difícil pero si se ponía un pie en falso se podría convertir en un descenso por la escalinata de 100 metros de desnivel más peligrosa del mundo. Llegué hasta las dos rocas que atraparon el cuerpo sin vida y sin huesos enteros de mi recién estrenada y terminada compañera de aventuras. Miré por la rendija por donde se coló el cuerpo con su mochila y todo. No había salpicaduras de sangre pues ésta se quedó en las primeras piedras, además que la caída fue bastante limpia y la muerte vendría más por la fractura de la columna cervical que por el traumatismo craneal o el ínfimo desangramiento. Miré entre las piedras para ver si se atisbaba alguna cosa pero no mi más que oscuridad y un olor de humedad acompañado de un sonido de agua correr: el curso subterráneo del río, sin duda alguna.
Me senté en una piedra próxima a la rendija. Entonces empecé a pensar… y pensar qué debería hacer. Estaba yo tan asustado que no le veía la manera de reaccionar. Qué cojones hago, qué hago?!? Me preguntaba… Ya está: me piro. Salí del lecho del río seco y me dirigí hacia la carretera de nuevo. Nadie sabía que estaba allí, nadie nos vio, nadie ni nada me retenía al lado de un cadáver por el cual no se podía hacer nada. Estaba yo muy asustado y lo único que se me ocurrió fue abandonar el cuerpo sin vida de la chavala que me acompañaba en esa excursión.
Mientras caminaba cuesta arriba, con la cabeza abajo, me notaba la sensación como si hubiera bebido más de la cuenta. No caminaba haciendo eses pero no tenía claro en qué punto estaba yo caminando: si estaba cerca o lejos de la carretera. Me sentía como si un ruido me tapara los oídos y no me dejara oír el vacío silencio de esa cantera de piedras amarillas. No podía levantar la cabeza ni darme cuenta de qué había a mis lados pues se me había anulado la visión periférica. ¿Qué me pasaba? Pues que estaba acojonado perdido. La cara de esa chica mirándome por encima de su mochila -qué fuerte- y no estoy seguro de que realmente me estuviera viendo… un momento… ¿y si sí que me estuviera viendo y, aun y teniendo el pescuezo fracturado, tuviera un hilo de vida que aun le permitía percibir imágenes y la última imagen que se llevaba de esta puta vida era a su compañero mirándola como se despeñaba sin haber alargado la mano para ayudarla a no caer? Es igual… ¿A quién se le va a chivar de eso? Seguí subiendo por las piedras hasta llegar a la carretera sin poder escuchar ni una mosca, el aturdimiento que me taponaba los oídos no me dejaba oír nada, intentaba recordar las impresiones llevadas del fondo del lecho del río: el ataúd pétreo de la chica, el olor a humedad, y el sonido de agua que corría por el fondo de esa brecha entre piedras. Porque sólo oí correr el agua… ¿verdad? No se oía a nadie pedir auxilio… ¿verdad? ¿o sí?... No, imposible pues la chica estaba muerta al tercer rebote, tenía el pescuezo fracturado: me miró por encima de su mochila.
Un punto más a añadir a mi acojone: había perdido a la chavala, la había visto morir, me piraba del sitio sin ninguna intención de pedir ayuda o relatar lo ocurrido pues seguro que me buscaría problemas, y no estaba realmente seguro de que se hubiera muerto pues ahora no sabía si había o no había oído una voz entre las piedras… ¡Vaya mierda de vida!
Un día desperté en mitad de la noche por una pesadilla que tuve en la que presencié la muerte de una chica en una cantera de piedras amarillentas. Era todo tan real que el sudor frío había empapado la almohada. Me cercioré que había sido una pesadilla y que después de un vaso de agua todavía me quedaban 3 horas enteras para dormir antes de que sonara el despertador para ir a trabajar. No dejaba de darle vueltas a la pesadilla:
- Era sólo una pesadilla. Una pesadilla.- me decía a mi mismo para convencerme, pero había algo que me decía que esto ya me había ocurrido en cierta vez. Pero no en una cantera…
Resucitó en mí una sensación de recuerdo. Como aquellos que recuerdan algo de cuando tenían menos de 2 años o qué oían en el vientre de su madre. Algo lejano, borroso pero, a la vez, vívido. Algo oculto en mi mente durante mucho tiempo. Me vino a la memoria una carretera oscura de madrugada, un transeúnte caminando por el arcén derecho y cómo ése caía por arte de magia, sin haberlo tocado nadie. ¿Otro sueño? Creo que me había quedado dormido recordando este otro suceso, pues la almohada estaba más mojada aun… Era otro sueño ¿o no?
Sunday, September 01, 2013
El chalet de la carretera
Supongo que recordarán ustedes el relato "La cabaña del Indio", una historia ambientada en el pueblo donde pasaba los veranos de mi niñez y cuyo nombre no pienso revelar. Sólo diré que está en la provincia de Barcelona y que mantiene su ambiente agrícola dedicado a la vid.
En aquel pueblo pasé mis veranos, y mi hermano y yo nos juntábamos con otros hermanos vecinos de nuestra casa con los que vivimos grandes aventuras como la ya mencionada "La cabaña del Indio", escapándonos de casa para visitar pueblos cercanos, recorrer peligrosas carreteras, senderos de montaña, fuentes perdidas y robar algún que otro melón del campo bajo el riesgo de llevarnos un merecido perdigonazo de sal en el culo. A medida que nos hacíamos mayores, nuestras aventuras veraniegas sobre bicicleta o en el monte solían llevarnos cada vez más lejos, pero de vez en cuando nos encontrábamos una nueva experiencia más cerca de lo que nos podíamos imaginar...
Con 7 u 8 años ya nos escapábamos de casa para hacer la odisea de 1 kilómetro que separaba nuestras casas en la urbanización del pueblo al que pertenecíamos. Esa carretera asfaltada de hormigón de sólo un kilómetro suponía nuestra primera frontera. Una vez salvada, y con el paso de los años, ya fue únicamente la pista de escape para nuevos destinos. En aquel entonces no habían muchas casas en la carretera y destacaba una casa amurallada que había a un lado de la misma, después de tomar un desvío de unos 300 metros. La casa no sólo destacaba por ser una de las únicas que habían en la carretera, situada en la falda del monte con una ligera pendiente, y por estar completamente amurallada, también destacaba por ser una construcción tipo chalet de grandes dimensiones. Las casas de la urbanización eran todas con una planta similar y de dos pisos; esta tenía dos pisos pero tenía muchos metros cuadrados más, además de que su recinto era una parcela mayor que cualquier otra vista por allí.
De la misteriosa casa no se sabía mucho y no veíamos nunca a nadie, no se veía entrar ni salir gente, aunque se veían a lo lejos coches aparcados tanto fuera como dentro del muro, en una zona que era visible la superficie del interior de la parcela. Habían días en que habían más coches y otros días menos... coches de gama alta y media.
A cierta edad empezamos a cuestionarnos sobre esa casa que vigilaba nuestros pedaleos por la carretera siempre que la tomábamos para ir al pueblo o más allá. Esa casa amurallada que debía guardar algún secreto que nos intrigaba en desmesura pues nos jactábamos de conocer a todo el mundo en ese pueblo: el que no era amigo era enemigo, y el que no era ninguna de esas dos cosas era uno más en el pueblo, pero al fin y al cabo uno al que conocíamos, ni que fuera de vista. Pues con el tiempo empecé a leer periódicos y a enterarme un poco de lo que había en el mundo más allá de los dibujos animados, cómics y primeros video-juegos... descubrí cierta vez la sección de "clasificados" del periódico con los anuncios de empresas y particulares, y allí vi los primeros anuncios de relax... vamos, de casas de putas. Conociendo un poco más la ciudad de Barcelona, supe de las zonas más caras y los puti-clubs de lujo que se instalaban y se anunciaban. Con esta idea me llevó a deducir que esa misteriosa casa no era otra cosa que una casa de putas de superlujo: todo encajaba, discreción, coches de lujo, nadie a la vista, chalet grande, recinto amurallado... tal vez era pocos elementos para llegar a tal deducción pero sumen a todo esto que no se veía nunca a nadie.
Ya con 14 años coincidimos con un amiguete del otro lado de la urbanización que sumó más misterio a la casa al decirnos que por su parte de la urbanización corría el rumor que era una casa donde se retenían a niños por mano de una secta. Era lo que nos faltaba, ¡que una secta se metiera en nuestro pueblo y que además retuviera a niños! En aquel entonces vi en los periódicos, y en periódicos viejos de mediados de los 80s, varias noticias que hacían referencia a sectas destructivas que actuaban en Estados Unidos, e incluso en la ciudad de Barcelona, usaban el gancho de la droga que se extendía como la pólvora entre la juventud de la capital para captar adeptos y adictos, pero lo que no imaginábamos es que los gurús de una secta se desplazaran a un pueblucho de mil habitantes para instalar una base de operaciones y llevar a cabo sus fechorías y secuestros.
El verano de mis 14 años, ya empezamos a cansarnos un poco de pedalear y nos hacíamos amigos del autostop. Craso error... si lo supieran nuestros padres nos hubieran cruzado la cara a hostias. Un día, el hermano mayor de nuestros amigos y yo, dos mocosos de 14 años, volvíamos del pueblo después de comprar un paquete de Lucky Strike, y por tal de aprovechar el tiempo nos dijimos de hacer autoestop para llegar antes a nuestro escondrijo de fumadores clandestinos sin cansarnos. Allí, en la carretera, nos paró un Citroën Dyane amarillo, el dos caballos. En él había un tío de unos 46 tacos con bigote de chuloputas y gafas de sol al estilo de poli americano. Nos subimos al coche y nos preguntó dónde íbamos y le dijimos que la plazoleta del restaurante de la urbanización nos iría bien. El tío era simpático y marchoso: tenía puesta música Salsa o Merengue o alguna de estas músicas del caribe. Al pasar junto a la casa amurallada, él nos dijo que era su casa. Al oír esto nos quedamos mirándonos a los ojos y nuestro semblante se tornó blanco. El tío, que se percató de que llevábamos un paquete de tabaco, no perdió tiempo en invitarnos a ir a su casa cuando quisiéramos pues podríamos ir a fumarnos nuestros pitillos y meternos alguna litrona sin miedo a que nos pillaran nuestros viejos. Argumentaba que él había tenido nuestra edad y sabía de las preferencias de la juventud, y en casa tenía espacio suficiente para que nos escondiéramos de nuestros viejos para meternos la fiesta. Vamos, ya le veíamos las intenciones: este tío nos quería en su casa para petarnos el culo. Le dimos las gracias y le dijimos que el viaje estuvo muy bien por la musiquilla y lo enrollao que era pero que ya teníamos nuestro escondrijo para pegarnos la fumada y bebernos las birrillas. Al despedirse el hijo de la gran puta me guiñó un ojo. Ignoro si fue por simpatía o porque sus intenciones eran de tipo homosexual, lo que sí que sé y os lo juro es que me acojoné pues pensaba más en lo segundo.
Obviamente en cuanto reunimos la pandilla, lo que hicimos fue comentar el viaje con el petaculos del Citroën y planeamos vengarnos de la supuesta proposición indecente. ¿Qué cojones teníamos que hacer? No nos podíamos conformar con pasar de él, hacer que no lo habíamos conocido, y ya está. Está claro que no podíamos decirle a nuestros padres lo de este tío y lo que sospechábamos de él y de su maldita finca llena de críos con el coco comido, pederastas o de putas de superlujo; la bronca nos la llevaríamos nosotros por subir a coches de desconocidos. Teníamos de 12 a 14 años, era nuestra edad de hacer putadas y de crecer afrontando nuestros miedos con acciones que sólo veíamos en películas. El Equipo A tenía que entrar en acción. Así nos fuimos al monte donde construíamos nuestras cabañas, donde vivíamos nuestras aventuras más silvestres, y nos dispusimos en la falda del monte que daba directamente a la pared posterior de la finca del marchoso bigotudo amante de los medianos. Allí pudimos desclavar del suelo un enorme pedrusco que estaba clarísimo que su trayectoria iría a parar de lleno al muro en cuanto lo hiciéramos rodar por la pendiente. La fuerza de la gravedad hizo su trabajo perfectamente, lo que no nos imaginábamos es que el pedrusco de unos 300 kilos se moviera con tanta agilidad al ser empujado por 4 criajos y que cayera cada vez más rápido por la pendiente carente de árboles, y lo peor de todo fue el enorme estruendo que provocó en cuanto chocó contra el muro de la finca llegando a romperlo y dejando una brecha de un metro de ancho. Empezamos a correr en todas direcciones antes de que oyéramos el primer grito de rabia del bigotudo entonando un "ME CAGO EN DIOS" muy baritonal, pero con la mala fortuna que el chuloputas estaba en el patio en ese momento y presenció en primera fila cómo se le desmoronaba la pared por nuestra acción y a lo lejos vio las siluetas de los criajos correr en lo alto del barranco que nos sirvió de lanzadera.
- Hijos de puta!!! Malditos hijos de puta!!! Por poco me matáis, cabrones!!! que estaba yo detrás del muro!!! - Nos gritaba desde la lontananza.
Me paré detrás de un pino y vi cómo el supuesto gurú pedófilo salía por la brecha de nuestra obra y gracia vestido con unos pantalones cortos, camiseta rosa, sandalias de maricón de playa y... y... un garrote. Ese tío estaba dispuesto a abrirnos la cabeza con el garrote si nos pillaba. Él corría torpemente subiendo por la pendiente y nosotros ya estábamos lejos y perdidos por el monte como para que nos pillara.
Por caminos distintos, ya anocheciendo, llegamos al garaje de casa de los vecinos para comentar la jugada. Quién más quien menos, íbamos llenos de zarzas pero enteros. Nos fuimos a la plazoleta del restaurante desde donde se tenía buena panorámica de la casa y allí vimos dos patrullas de la Guardia Civil tomando parte de la denuncia que presentaría el hombre del Citroën. Nos estábamos preguntando si la Guardia Civil habría descubierto los niños de la secta o si habría destapado el negocio de las putas de superlujo.
Durante el resto del verano evitábamos pasar por la carretera por el miedo atroz a que el señor del bigote nos reconociera o llegara a relacionar a los dos autoestopistas con los salvajes tira-rocas. Siempre que salíamos con las bicis lo hacíamos por caminos de montaña.
El miedo se diluyó, cambiamos de hábitos y el Citroën amarillo no se vio nunca más tal y como no lo teníamos visto hasta el día en que nos recogió. No llegamos a coincidir más con el bigotudo y años más tardes vimos un cartel de "SE VENDE" en la finca. El misterio, al igual que el miedo, se diluyó pero que se diluyera no quiere decir que desapareciera... No sé cuánto tiempo tiene que pasar más hasta que reaparezca el del bigote y su dos caballos para tomarse la venganza del muro de su chalet.
En aquel pueblo pasé mis veranos, y mi hermano y yo nos juntábamos con otros hermanos vecinos de nuestra casa con los que vivimos grandes aventuras como la ya mencionada "La cabaña del Indio", escapándonos de casa para visitar pueblos cercanos, recorrer peligrosas carreteras, senderos de montaña, fuentes perdidas y robar algún que otro melón del campo bajo el riesgo de llevarnos un merecido perdigonazo de sal en el culo. A medida que nos hacíamos mayores, nuestras aventuras veraniegas sobre bicicleta o en el monte solían llevarnos cada vez más lejos, pero de vez en cuando nos encontrábamos una nueva experiencia más cerca de lo que nos podíamos imaginar...
Con 7 u 8 años ya nos escapábamos de casa para hacer la odisea de 1 kilómetro que separaba nuestras casas en la urbanización del pueblo al que pertenecíamos. Esa carretera asfaltada de hormigón de sólo un kilómetro suponía nuestra primera frontera. Una vez salvada, y con el paso de los años, ya fue únicamente la pista de escape para nuevos destinos. En aquel entonces no habían muchas casas en la carretera y destacaba una casa amurallada que había a un lado de la misma, después de tomar un desvío de unos 300 metros. La casa no sólo destacaba por ser una de las únicas que habían en la carretera, situada en la falda del monte con una ligera pendiente, y por estar completamente amurallada, también destacaba por ser una construcción tipo chalet de grandes dimensiones. Las casas de la urbanización eran todas con una planta similar y de dos pisos; esta tenía dos pisos pero tenía muchos metros cuadrados más, además de que su recinto era una parcela mayor que cualquier otra vista por allí.
De la misteriosa casa no se sabía mucho y no veíamos nunca a nadie, no se veía entrar ni salir gente, aunque se veían a lo lejos coches aparcados tanto fuera como dentro del muro, en una zona que era visible la superficie del interior de la parcela. Habían días en que habían más coches y otros días menos... coches de gama alta y media.
A cierta edad empezamos a cuestionarnos sobre esa casa que vigilaba nuestros pedaleos por la carretera siempre que la tomábamos para ir al pueblo o más allá. Esa casa amurallada que debía guardar algún secreto que nos intrigaba en desmesura pues nos jactábamos de conocer a todo el mundo en ese pueblo: el que no era amigo era enemigo, y el que no era ninguna de esas dos cosas era uno más en el pueblo, pero al fin y al cabo uno al que conocíamos, ni que fuera de vista. Pues con el tiempo empecé a leer periódicos y a enterarme un poco de lo que había en el mundo más allá de los dibujos animados, cómics y primeros video-juegos... descubrí cierta vez la sección de "clasificados" del periódico con los anuncios de empresas y particulares, y allí vi los primeros anuncios de relax... vamos, de casas de putas. Conociendo un poco más la ciudad de Barcelona, supe de las zonas más caras y los puti-clubs de lujo que se instalaban y se anunciaban. Con esta idea me llevó a deducir que esa misteriosa casa no era otra cosa que una casa de putas de superlujo: todo encajaba, discreción, coches de lujo, nadie a la vista, chalet grande, recinto amurallado... tal vez era pocos elementos para llegar a tal deducción pero sumen a todo esto que no se veía nunca a nadie.
Ya con 14 años coincidimos con un amiguete del otro lado de la urbanización que sumó más misterio a la casa al decirnos que por su parte de la urbanización corría el rumor que era una casa donde se retenían a niños por mano de una secta. Era lo que nos faltaba, ¡que una secta se metiera en nuestro pueblo y que además retuviera a niños! En aquel entonces vi en los periódicos, y en periódicos viejos de mediados de los 80s, varias noticias que hacían referencia a sectas destructivas que actuaban en Estados Unidos, e incluso en la ciudad de Barcelona, usaban el gancho de la droga que se extendía como la pólvora entre la juventud de la capital para captar adeptos y adictos, pero lo que no imaginábamos es que los gurús de una secta se desplazaran a un pueblucho de mil habitantes para instalar una base de operaciones y llevar a cabo sus fechorías y secuestros.
El verano de mis 14 años, ya empezamos a cansarnos un poco de pedalear y nos hacíamos amigos del autostop. Craso error... si lo supieran nuestros padres nos hubieran cruzado la cara a hostias. Un día, el hermano mayor de nuestros amigos y yo, dos mocosos de 14 años, volvíamos del pueblo después de comprar un paquete de Lucky Strike, y por tal de aprovechar el tiempo nos dijimos de hacer autoestop para llegar antes a nuestro escondrijo de fumadores clandestinos sin cansarnos. Allí, en la carretera, nos paró un Citroën Dyane amarillo, el dos caballos. En él había un tío de unos 46 tacos con bigote de chuloputas y gafas de sol al estilo de poli americano. Nos subimos al coche y nos preguntó dónde íbamos y le dijimos que la plazoleta del restaurante de la urbanización nos iría bien. El tío era simpático y marchoso: tenía puesta música Salsa o Merengue o alguna de estas músicas del caribe. Al pasar junto a la casa amurallada, él nos dijo que era su casa. Al oír esto nos quedamos mirándonos a los ojos y nuestro semblante se tornó blanco. El tío, que se percató de que llevábamos un paquete de tabaco, no perdió tiempo en invitarnos a ir a su casa cuando quisiéramos pues podríamos ir a fumarnos nuestros pitillos y meternos alguna litrona sin miedo a que nos pillaran nuestros viejos. Argumentaba que él había tenido nuestra edad y sabía de las preferencias de la juventud, y en casa tenía espacio suficiente para que nos escondiéramos de nuestros viejos para meternos la fiesta. Vamos, ya le veíamos las intenciones: este tío nos quería en su casa para petarnos el culo. Le dimos las gracias y le dijimos que el viaje estuvo muy bien por la musiquilla y lo enrollao que era pero que ya teníamos nuestro escondrijo para pegarnos la fumada y bebernos las birrillas. Al despedirse el hijo de la gran puta me guiñó un ojo. Ignoro si fue por simpatía o porque sus intenciones eran de tipo homosexual, lo que sí que sé y os lo juro es que me acojoné pues pensaba más en lo segundo.
Obviamente en cuanto reunimos la pandilla, lo que hicimos fue comentar el viaje con el petaculos del Citroën y planeamos vengarnos de la supuesta proposición indecente. ¿Qué cojones teníamos que hacer? No nos podíamos conformar con pasar de él, hacer que no lo habíamos conocido, y ya está. Está claro que no podíamos decirle a nuestros padres lo de este tío y lo que sospechábamos de él y de su maldita finca llena de críos con el coco comido, pederastas o de putas de superlujo; la bronca nos la llevaríamos nosotros por subir a coches de desconocidos. Teníamos de 12 a 14 años, era nuestra edad de hacer putadas y de crecer afrontando nuestros miedos con acciones que sólo veíamos en películas. El Equipo A tenía que entrar en acción. Así nos fuimos al monte donde construíamos nuestras cabañas, donde vivíamos nuestras aventuras más silvestres, y nos dispusimos en la falda del monte que daba directamente a la pared posterior de la finca del marchoso bigotudo amante de los medianos. Allí pudimos desclavar del suelo un enorme pedrusco que estaba clarísimo que su trayectoria iría a parar de lleno al muro en cuanto lo hiciéramos rodar por la pendiente. La fuerza de la gravedad hizo su trabajo perfectamente, lo que no nos imaginábamos es que el pedrusco de unos 300 kilos se moviera con tanta agilidad al ser empujado por 4 criajos y que cayera cada vez más rápido por la pendiente carente de árboles, y lo peor de todo fue el enorme estruendo que provocó en cuanto chocó contra el muro de la finca llegando a romperlo y dejando una brecha de un metro de ancho. Empezamos a correr en todas direcciones antes de que oyéramos el primer grito de rabia del bigotudo entonando un "ME CAGO EN DIOS" muy baritonal, pero con la mala fortuna que el chuloputas estaba en el patio en ese momento y presenció en primera fila cómo se le desmoronaba la pared por nuestra acción y a lo lejos vio las siluetas de los criajos correr en lo alto del barranco que nos sirvió de lanzadera.
- Hijos de puta!!! Malditos hijos de puta!!! Por poco me matáis, cabrones!!! que estaba yo detrás del muro!!! - Nos gritaba desde la lontananza.
Me paré detrás de un pino y vi cómo el supuesto gurú pedófilo salía por la brecha de nuestra obra y gracia vestido con unos pantalones cortos, camiseta rosa, sandalias de maricón de playa y... y... un garrote. Ese tío estaba dispuesto a abrirnos la cabeza con el garrote si nos pillaba. Él corría torpemente subiendo por la pendiente y nosotros ya estábamos lejos y perdidos por el monte como para que nos pillara.
Por caminos distintos, ya anocheciendo, llegamos al garaje de casa de los vecinos para comentar la jugada. Quién más quien menos, íbamos llenos de zarzas pero enteros. Nos fuimos a la plazoleta del restaurante desde donde se tenía buena panorámica de la casa y allí vimos dos patrullas de la Guardia Civil tomando parte de la denuncia que presentaría el hombre del Citroën. Nos estábamos preguntando si la Guardia Civil habría descubierto los niños de la secta o si habría destapado el negocio de las putas de superlujo.
Durante el resto del verano evitábamos pasar por la carretera por el miedo atroz a que el señor del bigote nos reconociera o llegara a relacionar a los dos autoestopistas con los salvajes tira-rocas. Siempre que salíamos con las bicis lo hacíamos por caminos de montaña.
El miedo se diluyó, cambiamos de hábitos y el Citroën amarillo no se vio nunca más tal y como no lo teníamos visto hasta el día en que nos recogió. No llegamos a coincidir más con el bigotudo y años más tardes vimos un cartel de "SE VENDE" en la finca. El misterio, al igual que el miedo, se diluyó pero que se diluyera no quiere decir que desapareciera... No sé cuánto tiempo tiene que pasar más hasta que reaparezca el del bigote y su dos caballos para tomarse la venganza del muro de su chalet.
Thursday, August 01, 2013
El palacete de los raros
Íbamos de excursión por una carretera de la provincia de Tarragona cuando decidimos hacer un alto en el camino en una zona de picnic cerca de un riachuelo. Esta zona de picnic estaba junto a una urbanización presidida por un conjunto de edificaciones señoriales que denotaban un pasado de prosperidad económica muy posiblemente atribuida al negocio textil vistas las ruinas de una fábrica próxima a la zona.
Bajamos para situarnos en una explanada donde, a nuestras espaldas, quedaba la zona de picnic a unos 100 metros, y justo en frente nuestro se nos presentaban a la izquierda el palacete señorial, en medio una nave de la parroquia, y a la derecha el edificio principal de la iglesia. Detrás de la iglesia (a nuestra derecha) ya se encontraba el barranco que llevaba al río.
Aunque se podía ver que las edificaciones podían estar habitadas, no se observaba movimiento alguno y eso acompañado que el sol hacía lucir las paredes de los edificios de un amarillo desértico, me daba la sensación que todo ello le confería a todo un aspecto de abandono, como si fueran edificios que hacía tiempo que no se visitaban.
Allí, en esa explanada estábamos mi hermano y yo buscando cómo acceder a la zona de picnic que, como he comentado, estaba a nuestras espaldas aunque se tenía que acceder por una especie de pasillo arbolado que no parecía muy a primera vista. El resto de los que formábamos la comitiva de vacaciones se había quedado arriba, en la carretera, en los coches esperando a que volviéramos de nuestra incursión en ese apartado del camino para ver la posibilidades de parking y fonda. No sé cómo, pero la sensación que me daba todo aquello me decía que estábamos cerca de una nueva aventura que me dejaría un sabor agridulce de la visita a ese conjunto de arquitectónico en entorno de semi-naturaleza.
Siempre he estado interesado en las construcciones de una burguesía que en otro tiempo vivió un cierto esplendor, y hoy en día quedan como vestigio de ese tiempo, aunque las familias propietarias ya no tengan el estatus de aquella época y sean sólo "viejas glorias". Así, me gusta investigar un poco sobre qué fue de esas familias que con sus empresas gozaron de riqueza y prestigio, y sobre todo qué es lo que queda de ellas. Me quedé embobado mirando la iglesia construida con esa piedra amarillenta y brillante con el sol de aquel día. En el pórtico de la entrada no contenía muchos detalles de la mano y creatividad del artista que la construyó, y simplemente se podía leer cosas como "ego sum lux mundi 1889 Miralles Salvat". A mi espalda estaba la casa señorial con un muro interminable que contenía una balconada que iba de punta a punta del muro, y este balcón era ya rematado por el rivete del tejado. Me pareció que no había nadie en él pero una ventana del propio balcón parecía abierta con una tímida cortina blanca de ganchillo asomaba por la ventana entreabiaerta. Me preguntaba si la familia Miralles Salvat continuaba siendo propietaria de conjunto de construcciones.
Decidimos ir a la zona de picnic de donde salía humo de las barbacoas y se oía cierto griterío de niños y risas de adultos. No sé cómo pero en ese preciso momento a mi hermano no se le ocurri`ó otra cosa que tirar una piedra contra el muro de la casa señorial. El por qué todavía lo desconozco pero era una broma que con 12 años puedes permitirte, pero con treinta y algo ya no. Obviamente aceleramos el paso para salir de la explanada cuando oíamos una voz que venía de lo alto de la casa. Era un hombre que unos 70 años que nos gritaba algo así:
- Eh! Por qué me habéis tirado una piedra a la casa? Eso está muy mal.
Nosotros nos hicimos los sordos pensando que estábamos fuera de la vista del pavo. La sorpresa vino después, cuando ya estábamos mirándo las barbacoas y ya no estábamos a la vista de la casa, cuando el tío de 70 años apareció a la zona de barbacoa y nos increpó, mejor dicho, me increpó hartándome de preguntas sobre quién éramos y por qué le habíamos tirado la piedra a la casa. Una casa con muros enormes y muy gruesos a los que no le haría daño la piedra pero que al tío le había jodido cantidad.
- Yo no le he tirado ninguna piedra. No he hecho nada.- le contesté con semblante serio sin decir ninguna mentira pero interiormente estaba muy nervioso pues no me gusta que me llamen la atención en ningún caso y menos cuando no soy culpable de nada.
- Oiga usted!.-me decía el señor- he visto como ustedes estaban allí delante de mi casa y me tiraban una piedra.
Yo empecé a hablarle en catalán pues pensaba que podría ser un Miralles Salvat y que, por tanto, sería una família histórica de habla catalana, pero el pavo me hablaba en castellano y parecía que no fuera de esa estirpe, y pronto supe por qué.
- Yo compré esta casa hace mucho tiempo y no me gusta que me vengan a estorbarme de esta manera. Aun suerte que dejo a los turistas a que vengáis a las barbacoas, pero lo que ustedes me han hecho está muy mal.
Por momentos me parecía que se me iba a poner a llorar de la manera cómo estaba defendiendo su propiedad, por lo que deduje que ese hombre no estaba bien del todo. El tío, en su discurso, que ya pasaba de ser una riña por la pedrada, me estaba empezando a comer la cabeza con que "si su propiedad, su palacete, que cuando lo compró, que si él había sido empresario y que había llevado tres empresas, que cuando vino del pueblo...". Por mucho que intentaba excusarme de que no era yo el responsable de la pedrada el hombre la había tomado conmigo y, finalmente mi hermano intervino justo antes de que estuviera a punto de enviarle a la mierda. Mi hermano le dijo simple y llanamente:
- He sido yo, algún problema? Le he pegado una pedrada a la casa y ya está, no le he cortado ningún brazo. Póngame una denuncia si quiere pero calle la boca de una puta vez.
Bajamos para situarnos en una explanada donde, a nuestras espaldas, quedaba la zona de picnic a unos 100 metros, y justo en frente nuestro se nos presentaban a la izquierda el palacete señorial, en medio una nave de la parroquia, y a la derecha el edificio principal de la iglesia. Detrás de la iglesia (a nuestra derecha) ya se encontraba el barranco que llevaba al río.
Aunque se podía ver que las edificaciones podían estar habitadas, no se observaba movimiento alguno y eso acompañado que el sol hacía lucir las paredes de los edificios de un amarillo desértico, me daba la sensación que todo ello le confería a todo un aspecto de abandono, como si fueran edificios que hacía tiempo que no se visitaban.
Allí, en esa explanada estábamos mi hermano y yo buscando cómo acceder a la zona de picnic que, como he comentado, estaba a nuestras espaldas aunque se tenía que acceder por una especie de pasillo arbolado que no parecía muy a primera vista. El resto de los que formábamos la comitiva de vacaciones se había quedado arriba, en la carretera, en los coches esperando a que volviéramos de nuestra incursión en ese apartado del camino para ver la posibilidades de parking y fonda. No sé cómo, pero la sensación que me daba todo aquello me decía que estábamos cerca de una nueva aventura que me dejaría un sabor agridulce de la visita a ese conjunto de arquitectónico en entorno de semi-naturaleza.
Siempre he estado interesado en las construcciones de una burguesía que en otro tiempo vivió un cierto esplendor, y hoy en día quedan como vestigio de ese tiempo, aunque las familias propietarias ya no tengan el estatus de aquella época y sean sólo "viejas glorias". Así, me gusta investigar un poco sobre qué fue de esas familias que con sus empresas gozaron de riqueza y prestigio, y sobre todo qué es lo que queda de ellas. Me quedé embobado mirando la iglesia construida con esa piedra amarillenta y brillante con el sol de aquel día. En el pórtico de la entrada no contenía muchos detalles de la mano y creatividad del artista que la construyó, y simplemente se podía leer cosas como "ego sum lux mundi 1889 Miralles Salvat". A mi espalda estaba la casa señorial con un muro interminable que contenía una balconada que iba de punta a punta del muro, y este balcón era ya rematado por el rivete del tejado. Me pareció que no había nadie en él pero una ventana del propio balcón parecía abierta con una tímida cortina blanca de ganchillo asomaba por la ventana entreabiaerta. Me preguntaba si la familia Miralles Salvat continuaba siendo propietaria de conjunto de construcciones.
Decidimos ir a la zona de picnic de donde salía humo de las barbacoas y se oía cierto griterío de niños y risas de adultos. No sé cómo pero en ese preciso momento a mi hermano no se le ocurri`ó otra cosa que tirar una piedra contra el muro de la casa señorial. El por qué todavía lo desconozco pero era una broma que con 12 años puedes permitirte, pero con treinta y algo ya no. Obviamente aceleramos el paso para salir de la explanada cuando oíamos una voz que venía de lo alto de la casa. Era un hombre que unos 70 años que nos gritaba algo así:
- Eh! Por qué me habéis tirado una piedra a la casa? Eso está muy mal.
Nosotros nos hicimos los sordos pensando que estábamos fuera de la vista del pavo. La sorpresa vino después, cuando ya estábamos mirándo las barbacoas y ya no estábamos a la vista de la casa, cuando el tío de 70 años apareció a la zona de barbacoa y nos increpó, mejor dicho, me increpó hartándome de preguntas sobre quién éramos y por qué le habíamos tirado la piedra a la casa. Una casa con muros enormes y muy gruesos a los que no le haría daño la piedra pero que al tío le había jodido cantidad.
- Yo no le he tirado ninguna piedra. No he hecho nada.- le contesté con semblante serio sin decir ninguna mentira pero interiormente estaba muy nervioso pues no me gusta que me llamen la atención en ningún caso y menos cuando no soy culpable de nada.
- Oiga usted!.-me decía el señor- he visto como ustedes estaban allí delante de mi casa y me tiraban una piedra.
Yo empecé a hablarle en catalán pues pensaba que podría ser un Miralles Salvat y que, por tanto, sería una família histórica de habla catalana, pero el pavo me hablaba en castellano y parecía que no fuera de esa estirpe, y pronto supe por qué.
- Yo compré esta casa hace mucho tiempo y no me gusta que me vengan a estorbarme de esta manera. Aun suerte que dejo a los turistas a que vengáis a las barbacoas, pero lo que ustedes me han hecho está muy mal.
Por momentos me parecía que se me iba a poner a llorar de la manera cómo estaba defendiendo su propiedad, por lo que deduje que ese hombre no estaba bien del todo. El tío, en su discurso, que ya pasaba de ser una riña por la pedrada, me estaba empezando a comer la cabeza con que "si su propiedad, su palacete, que cuando lo compró, que si él había sido empresario y que había llevado tres empresas, que cuando vino del pueblo...". Por mucho que intentaba excusarme de que no era yo el responsable de la pedrada el hombre la había tomado conmigo y, finalmente mi hermano intervino justo antes de que estuviera a punto de enviarle a la mierda. Mi hermano le dijo simple y llanamente:
- He sido yo, algún problema? Le he pegado una pedrada a la casa y ya está, no le he cortado ningún brazo. Póngame una denuncia si quiere pero calle la boca de una puta vez.
El señor de 70 años se quedó mudo como si le faltara el aire. Pensaba que se estaba a punto de poner rojo sin respiración de lo cortado que se quedó por la contestación de mi hermano. Entonces, con la voz trémula a punto del llanto nos pidió que le acompañáramos a casa pues se encontraba mal (y no es para menos, parecía que le iba a entrar un ataque de no sé qué) y mientras nos seguía comiéndonos la cabeza con su historia de las empresas, la llegada del pueblo, etc.
Él era el Sr. Neira-Vázquez y vino en los años 50 de un pueblo de A Coruña y se puso a trabajar en Barcelona como camarero. De allí se montó un bar que le fue bastante bien y entró en el negocio inmobiliario pues compró varios pisos que ponía en aquiler, además que empezó a moverlos: ahora compro, ahora vendo por más... Así se fue haciendo un pequeño imperio empresarial con el tema de los pisos, la construcción y los bares pues tenía unos cuantos "Bar Restaurant". Su fortuna creció para poder comprar el palacete y un título nobiliario de marqués de no sé qué cosa que el pavo lucía con gran orgullo como si lo hubiera llevado su familia desde tiempos remotos, y no era más que una parida adquirida que tenía en su caso que renovar cada cierto tiempo, y pagando. No había que quitarle mérito porque este vejete nos decía que llegó del pueblo sin apenas saber leer ni escribir y que a base de trabajar se pudo sacar la ingeniería con la que ha levantado pisos, casas y chalets a la vez que se pudo montar en la peseta para permitirse el conjunto patrimonial que tenía actualmente. Dicho sea de paso, el hombre no tenía mucho líquido y sobrevivía de lo que el bar del picnic y un restaurante le daba, pues al jubilarse se desprendió de mucho de lo que tenía por no poder atender, en parte porque el gestor le gastó una jugarreta y perdió mucho, de ahí que mimara hasta las piedras de su palacete ante cualquier agresión lítica por parte de un gamberro de capital. De todas maneras, en él había algo que me inquietaba y que me transmitía muy mal rollo pues ese sencillo hombre orgulloso de un título nobiliario que le costaba dinero, parecía que tenía un secreto que podía ser dañino. No sé, veamos que fue.
Con su verborrea llegamos a su casa (los cien metros más largos de mi vida) y entramos por el portal acristalado que tenía la casa en un lateral por la parte contraria a la explanada. Allí nos abrió una sirvienta vestida con estilo clásico y coronada con una cofia. Parecía sacada de una película de Gracita Morales la tía. La sirvienta, gorda, vio al señorito y con sorpresa y terror exclamaba:
- Señor, pero qué le ha pasado? Quiénes son estos señores? No le habrán hecho daño?
El señor, que poco a poco iba recuperando el aliento, le decía que trajera un vaso de agua que ahora se ocupaba de nosotros. Una vez recobró el aliento nos acompañó escaleras arriba a una estancia que parecía un salón comedor de estilo tope de rancio. Allí, en un sofá, como si de una sala de espera se tratara, habían un señor, una señora, una señora más vieja y un niño de unos 7, todos ellos regordetes, con gafas enormes, vestidos de manera similar y peinados igual, con la raya a un lado. Me cago en la puta, parecían de una peli de terror. El Sr. Neira le dijo a la sirvienta que se llevara a esos señores y que preparara la mesa para nosotros.
- Pero señor, estos señores hace tiempo que esperan.- contestó la gorda de la sirvienta.
- Nada, nada. llévelos a otra estancia para que sigan esperando, que estos señores tienen prioridad.
¿Prioridad para qué? Le explicamos que sentíamos lo sucedido y que, ya que se encontraba mejor, le dejábamos porque teníamos que irnos. Pero el Sr. Neira nos obligaba a quedarnos para poder pagarnos el favor de acompañarlo a casa en medio de su ataque de ansiedad, ataque que nosotros mismos se puede decir que le habíamos provocado. Pero, casi sin darnos cuenta estábamos sentados en una mesa y el hombre mismo nos estaba sirviendo una especie de sopaipas cruquientes y super harinosas, además habían platos de estofado con trozos de carne guisada súper-gordos. Yo que desconfiaba les dije a mis colegas que no probaran nada que seguro que estaba envenenado y que el cabrón del señorito nos quería hacer pasar putas el resto del día por una pedrada y un mal rato en el picnic, pero mi hermano ya se estaba metiendo el estofado a dos cucharas. Yo probé las sopaipas y no estaban mal. Sí, terminamos comiendo. Mientras estábamos disfrutando del papeo, nos trajo a su señora: una mujer de unos 70 también, muy flaca, rubia platino de pote con pelo corto y rizado y con gafas enormes, que en todo momento parecía que estaba como riéndose de nosotros y murmurando cosas con el pirado del marido. A mi me estaba repateando el estómago las risitas y los murmuros. En eso que la señora me pidió si podía dejar un plato en la nevera que había próxima la mesa, pero lo dijo tan bajito que no acerté a entenderla al momento y le pregunté dónde, en eso que la vieja murmuró como riéndose de mi algo como que
- ¿Pues dónde los vas a dejar, sordo-tonto?
Eso me encendió de tal manera que me salió del alma darle una respuesta a grito pelado:
- ¡Me cago en su estampa, señora! Si le pregunto dónde es porque no lo he oído! a qué viene que usted me hable flojo provocando y me venga con insultos pues eso de "sordo-tonto" sí que lo he oído, pedazo de vieja-bruja!!!
Se le desencajó la cara ante mis gritos, y en menos de un segundo empezó a llorar lanzando gritos y repitiendo: "me ha insultado, me ha insultado..." Sus gritos quedaban semi-apagados dentro de las manos que le tapaban la cara pero que no contenían los enormes chorros de lágrimas de su llanto.
- Paco, - que es como le llamaba a su marido, el Sr. Neira- hazles algo, mátalos, me han insultado. ¿Para qué traes gente a casa para que me traten así?
Al señor Neira volvía a quedarse sin aliento y parecía que iba a ponerse a llorar también. ¡Menuda casa de locos! En eso que el Sr. Neira cogió un puntiagudo tenedor empuñándolo a modo de arma y rápidamente le espeté:
- ¿Qué coño va a hacer con ese tenedor? Ni se le ocurra llegar a amenazarnos.
El Sr. Neira lo alzó con la mano derecha y con la izquierda agarró la mano derecha de su mujer y la puso encima de la mesa, y súbitamente le clavó el tenedor en la huesuda mano de su mujer llegando a ser tan fuerte el golpe que dejó el tenedor clavado en la mesa.
- Llora más fuerte ahora, bruja!- le dijo a su esposa y comenzó a reír mientras ordenaba a la criada que fuera preparando el despacho para atender a la familia que le esperaba abajo.
Nosotros, que estábamos acojonados, le increpamos, y mi hermano lo tiró de la silla diciéndole que él no iba a ningún despacho. Por mal que nos sintiéramos por el trato de la señora no podíamos dejar que el loco del Sr. Neira apuñalara a su mujer con el tenedor. Así mientras estaba en el suelo, yo cogí el teléfono más cercano para llamar a la policía. En medio de los gritos de la Sra. de Neira aún se le entendía:
- nooo, nooo, no llames a la policía. La culpa es vuestra.
Maldita loca, pensaba yo, tienes el tenedor clavado en la mano y encima no quieres que avisemos a la policía para denunciar al pirado de tu marido. Inexplicable, todavía alucino. En medio de todo el griterío, se oían venir por el pasillo las voces de los miembros de esa extraña família de fotocopias de humanos que estaban esperando:
- Señor Neira, ¿está usted bién? ¿Nos va a poder atender?- Le preguntaban al anfitrión.
- No es... estoy b..bien - respondía el Sr. Neira con un ataque de ansiedad provocado obviamente por lo malos que éramos nosotros.- Suban , por favor, suban. Estos señores se portan mal, muy mal. - Les pedía el Sr. Neira a los invitados peinados con la raya al lado.
En cuanto subieron dispuestos a no sé qué, nos encontraron en el salón en tan increíble escenario con la señora gritando y sangrando a borbotones por la mano, el Sr. Neira en el suelo entonando un padre-nuestro a grito pelado, la gorda de la sirvienta llorando, yo con el teléfono en la mano y mi hermano no había perdido el tiempo y había vaciado los platos de comida sobre el hijo de puta del Sr. Neira. en un acto de humillación a tal psicópata. En cuanto el padre de la familia rara se acercó en actitud amenazante, le frené su intención de agredirnos, enviándole una silla de una patada que le fue a parar el respaldo contra la barriguilla de tragón. El gordito papá se encogió en cuanto la silla le llegó a la panza. La mamá gordita y el repollo del niño estaban atónitos preguntándonos el por qué le hacíamos esto al matrimonio Neira. Dijeron algo de que el Sr. Neira era muy bueno, era el mejor curandero que había en el mundo, era un trozo de Dios en la Tierra. Si no te digo, el cabroncete! Empresario de la hostelería, la construcción, inmobiliaria y encima... curandero!!! este tío lo tenía todo.
- Pues por mi se puede ir a la mierda el curandero, usted y la madre que los parió. Si a ustedes les gusta que les dé por el caca, allá ustedes, pero este loco de mierda acaba de clavar un tenedor en la mano de su señora. Ahora mismo iremos a la policía.- Le repliqué.
- Nooo, por favor, nooo. No le diga nada a la policía, que le quitarán el título nobiliario- respondió el gordo del papá de la clencha al lado.
O sea, que temía que la policía le quitara el título de marqués al imbécil este y no le preocupaba que en medio de una de sus sesiones de curandero no le diera un arrebato y les clavara un cuchillo sanador igual que había clavado el tenedor en la mano de la loca peliteñida.
A todo esto que les dije a los míos que nos largáramos y avisaríamos a la policía en el próximo pueblo. Así salimos de ese comedor abriéndonos paso pateando sillas y empujando a los individuos que nos estorbaban el paso (el gordo y el Sr. Neira). La mujer del gordo y el niño también gordo se apartaron del camino. Abajo, en el vestíbulo, todavía estaba la vieja que supongo que sería madre del gordo a tenor del vestido, las gafas y el maldito peinado.
- ¿Pues dónde los vas a dejar, sordo-tonto?
Eso me encendió de tal manera que me salió del alma darle una respuesta a grito pelado:
- ¡Me cago en su estampa, señora! Si le pregunto dónde es porque no lo he oído! a qué viene que usted me hable flojo provocando y me venga con insultos pues eso de "sordo-tonto" sí que lo he oído, pedazo de vieja-bruja!!!
Se le desencajó la cara ante mis gritos, y en menos de un segundo empezó a llorar lanzando gritos y repitiendo: "me ha insultado, me ha insultado..." Sus gritos quedaban semi-apagados dentro de las manos que le tapaban la cara pero que no contenían los enormes chorros de lágrimas de su llanto.
- Paco, - que es como le llamaba a su marido, el Sr. Neira- hazles algo, mátalos, me han insultado. ¿Para qué traes gente a casa para que me traten así?
Al señor Neira volvía a quedarse sin aliento y parecía que iba a ponerse a llorar también. ¡Menuda casa de locos! En eso que el Sr. Neira cogió un puntiagudo tenedor empuñándolo a modo de arma y rápidamente le espeté:
- ¿Qué coño va a hacer con ese tenedor? Ni se le ocurra llegar a amenazarnos.
El Sr. Neira lo alzó con la mano derecha y con la izquierda agarró la mano derecha de su mujer y la puso encima de la mesa, y súbitamente le clavó el tenedor en la huesuda mano de su mujer llegando a ser tan fuerte el golpe que dejó el tenedor clavado en la mesa.
- Llora más fuerte ahora, bruja!- le dijo a su esposa y comenzó a reír mientras ordenaba a la criada que fuera preparando el despacho para atender a la familia que le esperaba abajo.
Nosotros, que estábamos acojonados, le increpamos, y mi hermano lo tiró de la silla diciéndole que él no iba a ningún despacho. Por mal que nos sintiéramos por el trato de la señora no podíamos dejar que el loco del Sr. Neira apuñalara a su mujer con el tenedor. Así mientras estaba en el suelo, yo cogí el teléfono más cercano para llamar a la policía. En medio de los gritos de la Sra. de Neira aún se le entendía:
- nooo, nooo, no llames a la policía. La culpa es vuestra.
Maldita loca, pensaba yo, tienes el tenedor clavado en la mano y encima no quieres que avisemos a la policía para denunciar al pirado de tu marido. Inexplicable, todavía alucino. En medio de todo el griterío, se oían venir por el pasillo las voces de los miembros de esa extraña família de fotocopias de humanos que estaban esperando:
- Señor Neira, ¿está usted bién? ¿Nos va a poder atender?- Le preguntaban al anfitrión.
- No es... estoy b..bien - respondía el Sr. Neira con un ataque de ansiedad provocado obviamente por lo malos que éramos nosotros.- Suban , por favor, suban. Estos señores se portan mal, muy mal. - Les pedía el Sr. Neira a los invitados peinados con la raya al lado.
En cuanto subieron dispuestos a no sé qué, nos encontraron en el salón en tan increíble escenario con la señora gritando y sangrando a borbotones por la mano, el Sr. Neira en el suelo entonando un padre-nuestro a grito pelado, la gorda de la sirvienta llorando, yo con el teléfono en la mano y mi hermano no había perdido el tiempo y había vaciado los platos de comida sobre el hijo de puta del Sr. Neira. en un acto de humillación a tal psicópata. En cuanto el padre de la familia rara se acercó en actitud amenazante, le frené su intención de agredirnos, enviándole una silla de una patada que le fue a parar el respaldo contra la barriguilla de tragón. El gordito papá se encogió en cuanto la silla le llegó a la panza. La mamá gordita y el repollo del niño estaban atónitos preguntándonos el por qué le hacíamos esto al matrimonio Neira. Dijeron algo de que el Sr. Neira era muy bueno, era el mejor curandero que había en el mundo, era un trozo de Dios en la Tierra. Si no te digo, el cabroncete! Empresario de la hostelería, la construcción, inmobiliaria y encima... curandero!!! este tío lo tenía todo.
- Pues por mi se puede ir a la mierda el curandero, usted y la madre que los parió. Si a ustedes les gusta que les dé por el caca, allá ustedes, pero este loco de mierda acaba de clavar un tenedor en la mano de su señora. Ahora mismo iremos a la policía.- Le repliqué.
- Nooo, por favor, nooo. No le diga nada a la policía, que le quitarán el título nobiliario- respondió el gordo del papá de la clencha al lado.
O sea, que temía que la policía le quitara el título de marqués al imbécil este y no le preocupaba que en medio de una de sus sesiones de curandero no le diera un arrebato y les clavara un cuchillo sanador igual que había clavado el tenedor en la mano de la loca peliteñida.
A todo esto que les dije a los míos que nos largáramos y avisaríamos a la policía en el próximo pueblo. Así salimos de ese comedor abriéndonos paso pateando sillas y empujando a los individuos que nos estorbaban el paso (el gordo y el Sr. Neira). La mujer del gordo y el niño también gordo se apartaron del camino. Abajo, en el vestíbulo, todavía estaba la vieja que supongo que sería madre del gordo a tenor del vestido, las gafas y el maldito peinado.
El caso es que salimos del palacete de esa gente tan rara convencidos de ir a la policía a denunciar lo ocurrido. Cuando llegamos a la oficina de la policía local del pueblo cercano, allí nos dijeron que dejáramos en paz a la familia Vázquez-Neira y que mejor que nos fuéramos porque era gente muy influyente y los agentes nos advirtieron que ellos mismos nos detendrían acusados de la lesión de la señora si no nos íbamos. Obviamente salimos de la comisaría con la idea de denunciar tal amenaza a una instancia más alta pero cogimos carretera y manta y nos propusimos volver algún día para hacerle la putada final al Sr. Neira pues no podía quedar eso así. Si la ley no nos era favorable para poder pararle los pies al hijo de puta del curandero, íbamos a tomarnos la justicia por nuestra mano para que la cosa no quedara así...
El caso es que pasó el tiempo, tanto como unos diez años. Vas viviendo acordándote de anécdotas vividas: unas más dulces y otras más amargas; y como si fuera un tema tabú, al recordar viejas vivencias con mi hermano, el tema del palacete de la gente rara no ha salido a relucir en nuestras conversaciones... no sé, el mal rollo de ese día se nos puso residente en el hígado más que en el cerebro y no osamos hablar de según que historias, en concreto de esta. Si hoy me estoy decidiendo a poner por escrito la historia desde el anonimato de mi blog es porque el recuerdo de aquel día ha aflorado de manera vívida en el momento en que esta tarde me ha parecido ver al Sr. Vázquez-Neira en el metro de Barcelona. Detrás de las gafas de sol que llevaba estaba él, tal y como lo recordaba, misteriosamente sin envejecer. Sé que él me estaba mirando entre la gente que se apretujaba en el metro y que me escudriñaba desde esas gafas de sol de chulo de playa. Queda pendiente todavía una cuenta que pagar...
Monday, July 01, 2013
El misterio del Sr. Prudencio
Aunque yo trabajaba en un negocio familiar mientras no estaba en el instituto, me veía obligado a trabajar fuera del ámbito de la familia para conseguir dinero extra, concretamente para el viaje de estudios que tenía proyectado para ir al extranjero. Buscando trabajo encontré un bufete de abogados que necesitaban a un joven que repartiera la publicidad por buzoneo. Allí conocí a un personaje de los que sólo parecían estar en las películas: el Sr. Prudencio.
He conocido gente solitaria pero pocas veces he conocido gente que realmente estuviera sola. Sé de gente solitaria, que vive sola por motivos de trabajo o familiares pero, quien más quien menos, tiene su familia en un sitio u otro. Sólo en las películas se veía gente que no tiene a nadie y que se les ve trabajando, divirtiéndose, en relaciones esporádicas propias del guión, pero sin que se conozcan familiares ni próximos ni lejanos. El Sr. Prudencio era un hombre que correspondía al perfil de persona solitaria sin más familia, como si fuera un personaje de película: un quiosquero de Nueva York que aparece asesinado y que a su entierro sólo van cuatro clientes, como el misterioso protagonista veterano del ejército (al cual no se conoce familia) que es llamado a filas después de que haya cumplido en la guerra, ganándose un Corazón Púrpura, y es el único que puede resolver un caso de rescate de militares...
El dueño del bufete me advirtió de que si el Sr. Prudencio venía bebido por las mañanas se lo comunicara. Me contó que en más de una ocasión había llegado con un fuerte olor de alcohol dando la excusa de que "hace mucho frío y me he bebido una barrecha para calentarme". Estos hechos no gustaban a la gerencia del bufete y no querían dejarle pasar más estos deslices pues ponían en peligro la imagen de la empresa además de la propia seguridad del Sr. Prudencio que no digamos que pudiera tener un accidente al cruzar la calle por ir bebido o protagonizar un episodio violento repartiendo la publicidad del bufete en un portal, etc. Me quedé con estas palabras y empecé mi trabajo con el misterioso Sr. Prudencio.
Cobrábamos puntualmente 2000 pesetas al día trabajando por las mañanas repartiendo la publicidad por el barrio y barrios colindantes del bufete, y todos los días recibíamos nuestro salario por la semana trabajada. Me gustaba el trabajo, me gustaba la libertad de moverme por las calles y conocer la ciudad, ver la variedad de escaleras, apellidos en los buzones, trato esporádico con el mundo, conocer la ciudad desde un ángulo distinto. Era un trabajo tan interesante como el de camarero pero con la ventaja de que te movías e ibas cambiando de escenario sin llegar a aburrirte de estar siempre en el mismo sitio. Además, me sentía bien pagado y pude financiarme el viaje de estudios.
El objetivo era salir por la mañana a la hora indicada y volver al mediodía juntos a la hora indicada. No estaba bien visto por la empresa perdernos, más que nada porque deseaban que el Sr. Prudencio estuviera vigilado. Teníamos un mapa donde se nos marcaba la zona que teníamos que cubrir de publicidad y dejar constancia del número de papeletas que dejábamos en cada portal de cada calle. Al día salían unas 1500 papeletas. La relación con el compañero no me era difícil.pues no era yo persona muy habladora y él tampoco solía soltar prenda. Sí que de vez en cuando sacaba su cigarrillo NB y me decía:
- Yo aprovecho estas calles más pequeñas para... fumar... - y mientras acababa la frase parecía que soltaba el humo del cigarrillo.
Hasta que un día me decidí por tirarle de la lengua y me soltó lo que se estaba guardando desde hacía muuuchos años. Me contó que tenía 56 años y que era natural de Cantabria, y se había dedicado a la minería en sus tiempos mozos. Tenía una hermana con la que se vino a Barcelona pero que no sabía nada de ella. Se perdió el contacto. Él vivía alquilado en una habitación de un piso donde había más gente como él, alcohólicos, drogadictos, ladrones, estafadores de poca monta,... un ir y venir de personajes salidos de las partes más oscuras de la ciudad, pero sin tener que ir a buscarlos a ningún sitio típico como puede imarginarse (Ciutat Vella, La Mina o el Paral·lel). Por lo que me decía, él vivía en el Turó de la Peira. Su vida era sencilla, no tenía nómina, no pensaba en una pensión por jubilación ni se preguntaba por qué no tenía hijos ni qué iba a ser de él cuando no pudiera trabajar. Comía siempre lo mismo, y siempre una vez al día: un arroz con pollo que le preparaban en un bar de Sant Andreu donde se acostumbraba a dar de comer a personajes como él. Un bar que yo me imaginaba que servía de comedor social para marginados en que se solía servir ese arroz con pollo a modo de sopa boba. Con lo que le daba el trabajo repartiendo publicidad se tenía que apañar para poder comer su ración de arroz y su paquete de tabaco NB... ah, y su dosis de alcohol.
Decía estar rehabilitado del alcoholismo pero no era cierto. Se le veía que alguna vez no había comido por gastarse el dinero en bebida. Pero el colmo fue cuando un día le perdí la pista durante la jornada. Le busqué por las calles que teníamos que hacer, las que habíamos hecho y la que estábamos haciendo... ni rastro. No le encontré. Dada la hora fui a la oficina y conté lo sucedido. Mientras los jefes me decían que eso no podía ser nos sorprendió que llegara el Sr. Prudencio con una borrachera como un piano profiriendo todo tipo de insultos. En ese momento ya se le negó la entrada a la oficina y no se supo más de él: allí lo despidieron.
Esto ocurrió en 1993 y no creo que el Sr. Prudencio llegara a ver el fin de siglo.
He conocido gente solitaria pero pocas veces he conocido gente que realmente estuviera sola. Sé de gente solitaria, que vive sola por motivos de trabajo o familiares pero, quien más quien menos, tiene su familia en un sitio u otro. Sólo en las películas se veía gente que no tiene a nadie y que se les ve trabajando, divirtiéndose, en relaciones esporádicas propias del guión, pero sin que se conozcan familiares ni próximos ni lejanos. El Sr. Prudencio era un hombre que correspondía al perfil de persona solitaria sin más familia, como si fuera un personaje de película: un quiosquero de Nueva York que aparece asesinado y que a su entierro sólo van cuatro clientes, como el misterioso protagonista veterano del ejército (al cual no se conoce familia) que es llamado a filas después de que haya cumplido en la guerra, ganándose un Corazón Púrpura, y es el único que puede resolver un caso de rescate de militares...
El dueño del bufete me advirtió de que si el Sr. Prudencio venía bebido por las mañanas se lo comunicara. Me contó que en más de una ocasión había llegado con un fuerte olor de alcohol dando la excusa de que "hace mucho frío y me he bebido una barrecha para calentarme". Estos hechos no gustaban a la gerencia del bufete y no querían dejarle pasar más estos deslices pues ponían en peligro la imagen de la empresa además de la propia seguridad del Sr. Prudencio que no digamos que pudiera tener un accidente al cruzar la calle por ir bebido o protagonizar un episodio violento repartiendo la publicidad del bufete en un portal, etc. Me quedé con estas palabras y empecé mi trabajo con el misterioso Sr. Prudencio.
Cobrábamos puntualmente 2000 pesetas al día trabajando por las mañanas repartiendo la publicidad por el barrio y barrios colindantes del bufete, y todos los días recibíamos nuestro salario por la semana trabajada. Me gustaba el trabajo, me gustaba la libertad de moverme por las calles y conocer la ciudad, ver la variedad de escaleras, apellidos en los buzones, trato esporádico con el mundo, conocer la ciudad desde un ángulo distinto. Era un trabajo tan interesante como el de camarero pero con la ventaja de que te movías e ibas cambiando de escenario sin llegar a aburrirte de estar siempre en el mismo sitio. Además, me sentía bien pagado y pude financiarme el viaje de estudios.
El objetivo era salir por la mañana a la hora indicada y volver al mediodía juntos a la hora indicada. No estaba bien visto por la empresa perdernos, más que nada porque deseaban que el Sr. Prudencio estuviera vigilado. Teníamos un mapa donde se nos marcaba la zona que teníamos que cubrir de publicidad y dejar constancia del número de papeletas que dejábamos en cada portal de cada calle. Al día salían unas 1500 papeletas. La relación con el compañero no me era difícil.pues no era yo persona muy habladora y él tampoco solía soltar prenda. Sí que de vez en cuando sacaba su cigarrillo NB y me decía:
- Yo aprovecho estas calles más pequeñas para... fumar... - y mientras acababa la frase parecía que soltaba el humo del cigarrillo.
Hasta que un día me decidí por tirarle de la lengua y me soltó lo que se estaba guardando desde hacía muuuchos años. Me contó que tenía 56 años y que era natural de Cantabria, y se había dedicado a la minería en sus tiempos mozos. Tenía una hermana con la que se vino a Barcelona pero que no sabía nada de ella. Se perdió el contacto. Él vivía alquilado en una habitación de un piso donde había más gente como él, alcohólicos, drogadictos, ladrones, estafadores de poca monta,... un ir y venir de personajes salidos de las partes más oscuras de la ciudad, pero sin tener que ir a buscarlos a ningún sitio típico como puede imarginarse (Ciutat Vella, La Mina o el Paral·lel). Por lo que me decía, él vivía en el Turó de la Peira. Su vida era sencilla, no tenía nómina, no pensaba en una pensión por jubilación ni se preguntaba por qué no tenía hijos ni qué iba a ser de él cuando no pudiera trabajar. Comía siempre lo mismo, y siempre una vez al día: un arroz con pollo que le preparaban en un bar de Sant Andreu donde se acostumbraba a dar de comer a personajes como él. Un bar que yo me imaginaba que servía de comedor social para marginados en que se solía servir ese arroz con pollo a modo de sopa boba. Con lo que le daba el trabajo repartiendo publicidad se tenía que apañar para poder comer su ración de arroz y su paquete de tabaco NB... ah, y su dosis de alcohol.
Decía estar rehabilitado del alcoholismo pero no era cierto. Se le veía que alguna vez no había comido por gastarse el dinero en bebida. Pero el colmo fue cuando un día le perdí la pista durante la jornada. Le busqué por las calles que teníamos que hacer, las que habíamos hecho y la que estábamos haciendo... ni rastro. No le encontré. Dada la hora fui a la oficina y conté lo sucedido. Mientras los jefes me decían que eso no podía ser nos sorprendió que llegara el Sr. Prudencio con una borrachera como un piano profiriendo todo tipo de insultos. En ese momento ya se le negó la entrada a la oficina y no se supo más de él: allí lo despidieron.
Esto ocurrió en 1993 y no creo que el Sr. Prudencio llegara a ver el fin de siglo.
Saturday, June 01, 2013
El Palo del Curandero
Cierta vez coincidí con un compañero de trabajo que no tenía muchas luces... bueno, era tonto del culo. Este compañero de trabajo, de unos 55 años, no se dejaba sorprender por nada, incluso llegó a comentar que un ordenador no servía para nada, y él solo era capaz de hablar horas y horas sin parar de auténticas tonterías y dando vueltas al mismo asunto. En definitiva: era un pelmazo de cuidado. Pero dentro de sus múltiples puntazos, decía conocer muy bien las personas con sólo verlas venir. Decía que tenía un don especial que le hacía anticiparse a cualquiera. Él decía que su don de conocer a la gente le venía dado por un hecho insólito que le comentó su madre, y es que decía que él había llorado dentro del vientre de su madre. Antiguamente se comentaba que el bebé que se le oía llorar dentro del vientre de la madre, sería un niño con alguna habilidad especial, y fuera de pensar que su habilidad era dar la paliza constantemente y creerse con la verdad y razón absoluta, él decía que su mágico don era poder radiografiar a una persona con sólo tratarle un poco, era un scanner capaz de ver si una persona era de fiar o no... Su historia se puede empezar por este hecho anecdótico o estúpido, según gustos, pero lo que realmente escondía era el caso de... El Palo del Curandero.
Aunque él hacía trabajos como peón de fábrica, vigiliante de parking, conserje de escalera de vecinos, barrendero... siempre tenía un trabajo paralelo en el que podía desarrollar sus poderes, y no sólo en el campo de conocer o no a las personas, sus poderes iban incluso por la sanación. Sí, lectores, el Sr. Vicente era curandero.Si hablando de cualquier banalidad el Sr. Vicente era un plasta, imagínense ustedes si hablaba de sus poderes curativos o, como mejor le gustaba llamarles, sus poderes mágicos. Como buen mago que se consideraba no le podía faltar su varita mágica: un asqueroso palo de unos 60 centímetros de largo y un centímetro y medio de diámetro, que siempre llevaba consigo y que, redondeado por los extremos y muy liso y marronoso de ser manoseado constantemente, bien se veía que se había construido gracias a serrar el cabo de una escoba.
Me contaba de las aberraciones que hacía y que, milagrosamente, pocas veces terminaban en desgracia. Pero si alguna vez había alguna acción que se le fuera de las manos, era tal la fe que tenían sus "pacientes" en él que jamás hubiera existido una denuncia por sus prácticas infames. Sin querer centrarme en un caso particular de los que me contara, sí deseo contarles algunos de los que me parecieron auténticas anormalidades propias de una mente enferma:
Aunque su especialidad era curar contusiones y esguinces, alguna vez venía algún caso un poco más raro pero que solía tener una curación similar: el tontorrón pasaba su palo por la zona dolorida y recitaba un cántico completamente inconexo y sin rima alguna. Con esto y una inmovilización de la zona tratada los subnormales de sus clientes se iban convencidos que se recuperarían: de hecho lo hacían pero no sé hasta qué punto era obra de sus poderes.
Una de las veces que me contó que se encontró un caso difícil es que un obrero de su mismo cociente intelectual le llegó con una lumbalgia bestial. Cuando pasó tres veces el palo por el lomo del obrero y este no obtenía mejora inmediata, le asestó un brutal golpe con el palo en las lumbares y ante el grito desgarrador del paciente, mi compañero no se le ocurrió decirle que ese nuevo dolor era señal de que empezaba a curar, que si no había dolor hubiera sido mal augurio.
Un caso que me heló la sangre fue cuando un vecino le trajo a su mujer por dolores menstruales. No sé si continuar este caso pues me da mucho repelús lo que me contó. Cómo se le ocurre a esa bestia con forma humana meterle el palo por el culo a la señora argumentando que el dolor que viene por detrás del cuerpo se tenía que tratar desde la raíz y que no sufriera el marido porque esa extrema sodomización pues las mujeres están acostumbradas a meterse cosas a diferencia de los machos que son los que tienen que meterlas, y que los gritos que profería la mujer no tenían que ser de dolor precisamente pues el dolor se lo estaba aliviando, dijera lo que dijera la señora. ¡Qué burro!
Al final perdí la pista del Sr. Vicente porque se enfrentó con el jefe después que el jefe se quejara de dolor de cabeza que le estaba causando el imbécil del Sr. Vicente con su verborrea al excusarse de un error y éste quiso aliviárselo con su palo. Claro, sin que llegara a golpearle el jefe le despidió de manera fulminante.
Tiempo después supe que el Sr. Vicente estaba de baja por una enfermedad en el hígado... no sé por dónde se metería el palo para curarse.
Al final perdí la pista del Sr. Vicente porque se enfrentó con el jefe después que el jefe se quejara de dolor de cabeza que le estaba causando el imbécil del Sr. Vicente con su verborrea al excusarse de un error y éste quiso aliviárselo con su palo. Claro, sin que llegara a golpearle el jefe le despidió de manera fulminante.
Tiempo después supe que el Sr. Vicente estaba de baja por una enfermedad en el hígado... no sé por dónde se metería el palo para curarse.
Sunday, December 16, 2012
C.E.S.M.A.
¿Qué coño quiere decir C.E.S.M.A.? Es un secreto que Don Eleuterio se llevó a la tumba.
El Sr. Eleuterio regentaba un bar llamado C.E.S.M.A. Lo mejor de todo es que en el rótulo ponía C.E.S.M.A. F.C. (Futbol Club). Los orígenes del bar son confusos y bien merecerían un trabajo de investigación para esclarecer uno de los más grandes misterios del barrio de Torrellobeta (Barcelona).
Autodefensa tuvo mucha relación con ése barrio ya que en uno de los muchos bares de Torrellobeta Autodefensa tuvo su "sede social". Otro día hablaremos de ello, ahora centrémonos en el local sito en la Calle Cartellà.
Los chicos de Autodefensa y su troupe supieron de un futbolín en las proximidades. Un futbolín de putísima madre, cómodo de jugar, donde los muñecos parecían ser una prolongación del jugador. Ese campo de entreno era el C.E.S.M.A. Allí se reunía lo mejor de lo mejor del barrio y de barrios colindantes... Por boca de vecinos de toda la vida supimos algo de la historia del bareto del cual se contaban todo tipo de leyendas y anécdotas, unas divertidas y otras más divertidas aun.
El bar se podía definir como el típico antro. Bareto cutre donde los haya pero con encanto (todo sea dicho). Por los cristales no penetraba mucha luz debido al dedo de grasa que se acumulaba de manera histórica. El bar era rectangular, de unos 50 metros cuadrados y al entrar uno se encontraba con la barra a la izquierda, en medio el futbolín, a continuación la máquina del millón (pin-ball) y al fondo la traga-perras. Suspendido, en el rincón derecho, al fondo estaba el televisor. Todo el bar tenía un aspecto como si fuera la casa de Torrente (sí, "el brazo tonto de la ley"), pero, me repito, con encanto. El C.E.S.M.A. no tenía un gran surtido de productos de consumo. Tenía detrás de la barra unas pocas botellas de vino, coñac, anís,... y en un expositor sobre la barra tenía cuatro latas de berberechos, calamares en salsa americana,... y poca cosa más.
Aunque el bar era propiedad del Sr. Eleuterio también se podía contar a menudo con la presencia de su Sra. hermana (de la cual no recuerdo el nombre si es que alguna vez se mencionó). Recuerdo a Don Eleuterio como un señor mayor de cara redonda, rubicunda, calvo y cuerpo redondo, siempre detrás de la barra del bar, que siempre despedía a sus clientes con la mítica frase "Adiós, hasta luego".
Tenía costumbre de "pelearse" con las pocas botellas que le acompañaban. Mientras los clientes disfrutaban de sus partidas al futbolín era costumbre escuchar un susurro de detrás de la barra. Era como una discusión entre el Sr. Eleuterio y los fantasmas que habitaban el bar desde tiempos inmemoriales. Fantasmas que moraban en las botellas, en la cafetera, en los vasos para el cortado. Las voces psicofónicas que emitía nuestro buen amigo el camarero a veces iban acompañadas de palmadas, golpes sobre la barra, silbidos,... todo métodos de comunicación de ultra-tumba que ponían nervioso al más bravo de los asistentes.
Pero si había algo que a usted, mi querido lector, pudiera poner más nervioso que los fantasmas era sin duda alguna: la bandera de España con el escudo franquista en medio. Don Eleuterio era un nostálgico que no dudaba en invocar a su sagrado Francisco Franco cuando había alguna situación que no le era favorable. Es por todos conocida la vez que, después de una pelea callejera en frente de su bar, Don Eleuterio comentó con la policía: "Con Franco vivíamos mejor y no pasaban estas cosas".
Había un detalle que nos llamaba mucho la atención... ¿Cómo es que el bar no tenía caja registradora? Cuenta la leyenda que un conocido vecino del barrio llamado El Bola entró en el bar diciendo "buenas tardes", cogió la caja registradora y marchó con total impunidad despidiéndose educadamente con un "Adiós". Don Eleuterio, no se sorprendió lo más mínimo ni salió gritando "¡al ladrón, al ladrón!", Don Eleuterio, sin vacilar un momento, cogió un trapo húmedo y se puso a limpiar el polvo depositado en el lugar donde segundos antes había estado la caja. No fue hasta que llegó su hermana que Don Eleuterio se dio cuenta de la magnitud de la tragedia y llamaron a la policía para denunciar el robo.
Un día Don Eleuterio estaba viendo los toros que televisaban con motivo de las fiestas de San Isidro de Madrid, porque sea dicho de paso que a don Eleuterio le gustaban los toros, ya nos había contado más de una vez que él no era persona de fútbol (¿entonces a qué coño venía lo de C.E.S.M.A. F.C.?)... ¿Por dónde iba...? Ah, sí! Estaba don Eleuterio mirando los toros mientras los chicos de Autodefensa se explayaban con las atracciones del bar: futbolín, Pin-Ball, el camarero mismo,... en eso que unos de los miembros fundadores de Autodefensa que en ese momento estaba jugando al "milloncete" (el Pin-Ball) perdió la partida y se le coló la bola, fue tal coraje que le entró al perder de manera humillante que, de la rabia, asestó un sonoro puñetazo sobre el cristal de la máquina de Pin-Ball y, lógicamente, el cristal se hundió quedando roto en varias partes. Durante unos minutos todos los asistentes nos quedamos mirándonos a los ojos, atónitos, por lo sucedido. ¿Todos? No. Don Eleuterio, completamente ajeno a la fractura del cristal, seguía deleitando su afición a los toros con la magnífica corrida que transmitían en directo desde Madrid. Entonces fue cuando el responsable de la rotura del cristal se acercó a la barra para contar lo ocurrido y disculparse:
Autodefensa: Disculpe, Don Eleuterio,... verá... sin querer he golpeado el cristal... y se ha roto.
Don Eleuterio: No, si ya. Si ya te he visto como lo rompías.
Autodefensa: Pero...
Don Eleuterio: ¡Fuera! ¡Fuera del bar! ¡No quiero verte jamás aquí! ¡Largo para siempre!
Al día siguiente Autodefensa en pleno volvió al bar. El responsable de romper el cristal durante dos días ocultaba su cara detrás de la melena y subiendo las solapas del cuello de la chaqueta. Pasados estos dos días de prudencia ya el rompe-máquinas volvió a entrar al bar sin más disfraz. ¿Le había perdonado Don Eleuterio? ¿Realmente Don Eleuterio tenía memoria para retener la cara del delincuente juvenil durante más de un día?
Un servidor tenía por costumbre acercarme a la barra para entablar conversación con Don Eleuterio, por estrechar lazos en algo más que la fría relación únicamente vinculada al futbolín. Así fuí conociendo a todo un personaje con el que se podía hablar de muchas cosas. Fueron históricas las conversaciones que mantuvimos sobre tauromaquia, fútbol, cosas del barrio y, sobre todo, de la buena gente que visitaba el bar. ¿Cuántas veces nos congratulábamos de lo buenos chicos que éramos los que formábamos la pandilla de Autodefensa?
Autodefensa: Qué, Don Eleuterio, qué gusto da cuando el bar está lleno de vida, con buena gente y buen ambiente, ¿eh?
Comentaba yo mientras los demás nos brindaban una partida animada partida al futbolín.
Don Eleuterio: Sí, señor, así es. ¡Qué buena gente que sois! Así da gusto, de verdad.
La hermana: Venga, id terminando ya que tenemos que cerrar.
Don Eleuterio: ¡Calla, mujer, que estoy viendo el futbol! Anda, majos, tomad. Tomad una partida.
Cierto día ocurrió una situación que dejó a los hermanos Autodefensa muy perplejos. Siempre habíamos tratado con Don Eleuterio una relación separada físicamente por la barra del bar. Lo único que veíamos de ese hombre era una cabeza y un tronco más bien redondos y unos bracitos que meticulosamente preparaban vasos de vino, cortados, cafés con leche y otras bebidas propias de un bar. Pero el día que vimos a don Eleuterio fuera de la barra del bar fue toda una revelación. Estábamos ante la visión de uno de los secretos más bien guardados de la historia:
Don Eleuterio tenía piernas.
Me explico. Ya nos imaginábamos que tendría piernas porque se le veía caminar por detrás de la barra mientras discutía con sus etéreos amigos del más allá, pero lo que no nos imaginábamos es que las piernas llegaran a ser tan largas y tan finas como las tenía. Un torso redondo con unas piernas tan flacas le daban una imagen de "chupa-chups", mejor aun... recordaba al mítico Humpty Dumpty. Eso es, parecía un Humpty Dumpty y hoy en día hubiera pagado lo que fuera por verlo sentado sobre la barra del C.E.S.M.A. en lugar de un muro como el original.
El Sr. Eleuterio regentaba un bar llamado C.E.S.M.A. Lo mejor de todo es que en el rótulo ponía C.E.S.M.A. F.C. (Futbol Club). Los orígenes del bar son confusos y bien merecerían un trabajo de investigación para esclarecer uno de los más grandes misterios del barrio de Torrellobeta (Barcelona).
Autodefensa tuvo mucha relación con ése barrio ya que en uno de los muchos bares de Torrellobeta Autodefensa tuvo su "sede social". Otro día hablaremos de ello, ahora centrémonos en el local sito en la Calle Cartellà.
Los chicos de Autodefensa y su troupe supieron de un futbolín en las proximidades. Un futbolín de putísima madre, cómodo de jugar, donde los muñecos parecían ser una prolongación del jugador. Ese campo de entreno era el C.E.S.M.A. Allí se reunía lo mejor de lo mejor del barrio y de barrios colindantes... Por boca de vecinos de toda la vida supimos algo de la historia del bareto del cual se contaban todo tipo de leyendas y anécdotas, unas divertidas y otras más divertidas aun.
El bar se podía definir como el típico antro. Bareto cutre donde los haya pero con encanto (todo sea dicho). Por los cristales no penetraba mucha luz debido al dedo de grasa que se acumulaba de manera histórica. El bar era rectangular, de unos 50 metros cuadrados y al entrar uno se encontraba con la barra a la izquierda, en medio el futbolín, a continuación la máquina del millón (pin-ball) y al fondo la traga-perras. Suspendido, en el rincón derecho, al fondo estaba el televisor. Todo el bar tenía un aspecto como si fuera la casa de Torrente (sí, "el brazo tonto de la ley"), pero, me repito, con encanto. El C.E.S.M.A. no tenía un gran surtido de productos de consumo. Tenía detrás de la barra unas pocas botellas de vino, coñac, anís,... y en un expositor sobre la barra tenía cuatro latas de berberechos, calamares en salsa americana,... y poca cosa más.
Aunque el bar era propiedad del Sr. Eleuterio también se podía contar a menudo con la presencia de su Sra. hermana (de la cual no recuerdo el nombre si es que alguna vez se mencionó). Recuerdo a Don Eleuterio como un señor mayor de cara redonda, rubicunda, calvo y cuerpo redondo, siempre detrás de la barra del bar, que siempre despedía a sus clientes con la mítica frase "Adiós, hasta luego".
Tenía costumbre de "pelearse" con las pocas botellas que le acompañaban. Mientras los clientes disfrutaban de sus partidas al futbolín era costumbre escuchar un susurro de detrás de la barra. Era como una discusión entre el Sr. Eleuterio y los fantasmas que habitaban el bar desde tiempos inmemoriales. Fantasmas que moraban en las botellas, en la cafetera, en los vasos para el cortado. Las voces psicofónicas que emitía nuestro buen amigo el camarero a veces iban acompañadas de palmadas, golpes sobre la barra, silbidos,... todo métodos de comunicación de ultra-tumba que ponían nervioso al más bravo de los asistentes.
Pero si había algo que a usted, mi querido lector, pudiera poner más nervioso que los fantasmas era sin duda alguna: la bandera de España con el escudo franquista en medio. Don Eleuterio era un nostálgico que no dudaba en invocar a su sagrado Francisco Franco cuando había alguna situación que no le era favorable. Es por todos conocida la vez que, después de una pelea callejera en frente de su bar, Don Eleuterio comentó con la policía: "Con Franco vivíamos mejor y no pasaban estas cosas".
Había un detalle que nos llamaba mucho la atención... ¿Cómo es que el bar no tenía caja registradora? Cuenta la leyenda que un conocido vecino del barrio llamado El Bola entró en el bar diciendo "buenas tardes", cogió la caja registradora y marchó con total impunidad despidiéndose educadamente con un "Adiós". Don Eleuterio, no se sorprendió lo más mínimo ni salió gritando "¡al ladrón, al ladrón!", Don Eleuterio, sin vacilar un momento, cogió un trapo húmedo y se puso a limpiar el polvo depositado en el lugar donde segundos antes había estado la caja. No fue hasta que llegó su hermana que Don Eleuterio se dio cuenta de la magnitud de la tragedia y llamaron a la policía para denunciar el robo.
Un día Don Eleuterio estaba viendo los toros que televisaban con motivo de las fiestas de San Isidro de Madrid, porque sea dicho de paso que a don Eleuterio le gustaban los toros, ya nos había contado más de una vez que él no era persona de fútbol (¿entonces a qué coño venía lo de C.E.S.M.A. F.C.?)... ¿Por dónde iba...? Ah, sí! Estaba don Eleuterio mirando los toros mientras los chicos de Autodefensa se explayaban con las atracciones del bar: futbolín, Pin-Ball, el camarero mismo,... en eso que unos de los miembros fundadores de Autodefensa que en ese momento estaba jugando al "milloncete" (el Pin-Ball) perdió la partida y se le coló la bola, fue tal coraje que le entró al perder de manera humillante que, de la rabia, asestó un sonoro puñetazo sobre el cristal de la máquina de Pin-Ball y, lógicamente, el cristal se hundió quedando roto en varias partes. Durante unos minutos todos los asistentes nos quedamos mirándonos a los ojos, atónitos, por lo sucedido. ¿Todos? No. Don Eleuterio, completamente ajeno a la fractura del cristal, seguía deleitando su afición a los toros con la magnífica corrida que transmitían en directo desde Madrid. Entonces fue cuando el responsable de la rotura del cristal se acercó a la barra para contar lo ocurrido y disculparse:
Autodefensa: Disculpe, Don Eleuterio,... verá... sin querer he golpeado el cristal... y se ha roto.
Don Eleuterio: No, si ya. Si ya te he visto como lo rompías.
Autodefensa: Pero...
Don Eleuterio: ¡Fuera! ¡Fuera del bar! ¡No quiero verte jamás aquí! ¡Largo para siempre!
Al día siguiente Autodefensa en pleno volvió al bar. El responsable de romper el cristal durante dos días ocultaba su cara detrás de la melena y subiendo las solapas del cuello de la chaqueta. Pasados estos dos días de prudencia ya el rompe-máquinas volvió a entrar al bar sin más disfraz. ¿Le había perdonado Don Eleuterio? ¿Realmente Don Eleuterio tenía memoria para retener la cara del delincuente juvenil durante más de un día?
Un servidor tenía por costumbre acercarme a la barra para entablar conversación con Don Eleuterio, por estrechar lazos en algo más que la fría relación únicamente vinculada al futbolín. Así fuí conociendo a todo un personaje con el que se podía hablar de muchas cosas. Fueron históricas las conversaciones que mantuvimos sobre tauromaquia, fútbol, cosas del barrio y, sobre todo, de la buena gente que visitaba el bar. ¿Cuántas veces nos congratulábamos de lo buenos chicos que éramos los que formábamos la pandilla de Autodefensa?
Autodefensa: Qué, Don Eleuterio, qué gusto da cuando el bar está lleno de vida, con buena gente y buen ambiente, ¿eh?
Comentaba yo mientras los demás nos brindaban una partida animada partida al futbolín.
Don Eleuterio: Sí, señor, así es. ¡Qué buena gente que sois! Así da gusto, de verdad.
La hermana: Venga, id terminando ya que tenemos que cerrar.
Don Eleuterio: ¡Calla, mujer, que estoy viendo el futbol! Anda, majos, tomad. Tomad una partida.
Cierto día ocurrió una situación que dejó a los hermanos Autodefensa muy perplejos. Siempre habíamos tratado con Don Eleuterio una relación separada físicamente por la barra del bar. Lo único que veíamos de ese hombre era una cabeza y un tronco más bien redondos y unos bracitos que meticulosamente preparaban vasos de vino, cortados, cafés con leche y otras bebidas propias de un bar. Pero el día que vimos a don Eleuterio fuera de la barra del bar fue toda una revelación. Estábamos ante la visión de uno de los secretos más bien guardados de la historia:
Don Eleuterio tenía piernas.
Me explico. Ya nos imaginábamos que tendría piernas porque se le veía caminar por detrás de la barra mientras discutía con sus etéreos amigos del más allá, pero lo que no nos imaginábamos es que las piernas llegaran a ser tan largas y tan finas como las tenía. Un torso redondo con unas piernas tan flacas le daban una imagen de "chupa-chups", mejor aun... recordaba al mítico Humpty Dumpty. Eso es, parecía un Humpty Dumpty y hoy en día hubiera pagado lo que fuera por verlo sentado sobre la barra del C.E.S.M.A. en lugar de un muro como el original.

Después de algún tiempo sin pasar por el bar nos decidimos a volver y encontrarnos con los viejos conocidos del C.E.S.M.A. F.C. y cuál fue nuestra sorpresa que nos encontramos una persiana bajada. El bar había cerrado sus puertas.
Hoy en día el local permanece cerrado y junto a éste han puesto una tienda de comics donde se organizan partidas de juegos rol. Aun y así creo que la diversión en la calle Cartellà no será nunca más lo mismo sin el futbolín del C.E.S.M.A.
Cuenta la leyenda que Don Eleuterio murió. Esperemos que descanse en paz y de esta manera pueda hacer las paces con los fantasmas que le molestaban mientras trabajaba.
"Adiós, hasta luego."
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