Saturday, June 01, 2013

El Palo del Curandero

Cierta vez coincidí con un compañero de trabajo que no tenía muchas luces... bueno, era tonto del culo. Este compañero de trabajo, de unos 55 años, no se dejaba sorprender por nada, incluso llegó a comentar que un ordenador no servía para nada, y él solo era capaz de hablar horas y horas sin parar de auténticas tonterías y dando vueltas al mismo asunto. En definitiva: era un pelmazo de cuidado. Pero dentro de sus múltiples puntazos, decía conocer muy bien las personas con sólo verlas venir. Decía que tenía un don especial que le hacía anticiparse a cualquiera. Él decía que su don de conocer a la gente le venía dado por un hecho insólito que le comentó su madre, y es que decía que él había llorado dentro del vientre de su madre. Antiguamente se comentaba que el bebé que se le oía llorar dentro del vientre de la madre, sería un niño con alguna habilidad especial, y fuera de pensar que su habilidad era dar la paliza constantemente y creerse con la verdad y razón absoluta, él decía que su mágico don era poder radiografiar a una persona con sólo tratarle un poco, era un scanner capaz de ver si una persona era de fiar o no... Su historia se puede empezar por este hecho anecdótico o estúpido, según gustos, pero lo que realmente escondía era el caso de... El Palo del Curandero.

Aunque él hacía trabajos como peón de fábrica, vigiliante de parking, conserje de escalera de vecinos, barrendero... siempre tenía un trabajo paralelo en el que podía desarrollar sus poderes, y no sólo en el campo de conocer o no a las personas, sus poderes iban incluso por la sanación. Sí, lectores, el Sr. Vicente era curandero.Si hablando de cualquier banalidad el Sr. Vicente era un plasta, imagínense ustedes si hablaba de sus poderes curativos o, como mejor le gustaba llamarles, sus poderes mágicos. Como buen mago que se consideraba no le podía faltar su varita mágica: un asqueroso palo de unos 60 centímetros de largo y un centímetro y medio de diámetro, que siempre llevaba consigo y que, redondeado por los extremos y muy liso y marronoso de ser manoseado constantemente, bien se veía que se había construido gracias a serrar el cabo de una escoba.

Me contaba de las aberraciones que hacía y que, milagrosamente, pocas veces terminaban en desgracia. Pero si alguna vez había alguna acción que se le fuera de las manos, era tal la fe que tenían sus "pacientes" en él que jamás hubiera existido una denuncia por sus prácticas infames. Sin querer centrarme en un caso particular de los que me contara, sí deseo contarles algunos de los que me parecieron auténticas anormalidades propias de una mente enferma:

Aunque su especialidad era curar contusiones y esguinces, alguna vez venía algún caso un poco más raro pero que solía tener una curación similar: el tontorrón pasaba su palo por la zona dolorida y recitaba un cántico completamente inconexo y sin rima alguna. Con esto y una inmovilización de la zona tratada los subnormales de sus clientes se iban convencidos que se recuperarían: de hecho lo hacían pero no sé hasta qué punto era obra de sus poderes.

Una de las veces que me contó que se encontró un caso difícil es que un obrero de su mismo cociente intelectual le llegó con una lumbalgia bestial. Cuando pasó tres veces el palo por el lomo del obrero y este no obtenía mejora inmediata, le asestó un brutal golpe con el palo en las lumbares y ante el grito desgarrador del paciente, mi compañero no se le ocurrió decirle que ese nuevo dolor era señal de que empezaba a curar, que si no había dolor hubiera sido mal augurio.

Un caso que me heló la sangre fue cuando un vecino le trajo a su mujer por dolores menstruales. No sé si continuar este caso pues me da mucho repelús lo que me contó. Cómo se le ocurre a esa bestia con forma humana meterle el palo por el culo a la señora argumentando que el dolor que viene por detrás del cuerpo se tenía que tratar desde la raíz y que no sufriera el marido porque esa extrema sodomización pues las mujeres están acostumbradas a meterse cosas a diferencia de los machos que son los que tienen que meterlas, y que los gritos que profería la mujer no tenían que ser de dolor precisamente pues el dolor se lo estaba aliviando, dijera lo que dijera la señora. ¡Qué burro!

Al final perdí la pista del Sr. Vicente porque se enfrentó con el jefe después que el jefe se quejara de dolor de cabeza que le estaba causando el imbécil del Sr. Vicente con su verborrea al excusarse de un error y éste quiso aliviárselo con su palo. Claro, sin que llegara a golpearle el jefe le despidió de manera fulminante.

Tiempo después supe que el Sr. Vicente estaba de baja por una enfermedad en el hígado... no sé por dónde se metería el palo para curarse.


Sunday, December 16, 2012

C.E.S.M.A.

¿Qué coño quiere decir C.E.S.M.A.? Es un secreto que Don Eleuterio se llevó a la tumba.

El Sr. Eleuterio regentaba un bar llamado C.E.S.M.A. Lo mejor de todo es que en el rótulo ponía C.E.S.M.A. F.C. (Futbol Club). Los orígenes del bar son confusos y bien merecerían un trabajo de investigación para esclarecer uno de los más grandes misterios del barrio de Torrellobeta (Barcelona).

Autodefensa tuvo mucha relación con ése barrio ya que en uno de los muchos bares de Torrellobeta Autodefensa tuvo su "sede social". Otro día hablaremos de ello, ahora centrémonos en el local sito en la Calle Cartellà.

Los chicos de Autodefensa y su troupe supieron de un futbolín en las proximidades. Un futbolín de putísima madre, cómodo de jugar, donde los muñecos parecían ser una prolongación del jugador. Ese campo de entreno era el C.E.S.M.A. Allí se reunía lo mejor de lo mejor del barrio y de barrios colindantes... Por boca de vecinos de toda la vida supimos algo de la historia del bareto del cual se contaban todo tipo de leyendas y anécdotas, unas divertidas y otras más divertidas aun.

El bar se podía definir como el típico antro. Bareto cutre donde los haya pero con encanto (todo sea dicho). Por los cristales no penetraba mucha luz debido al dedo de grasa que se acumulaba de manera histórica. El bar era rectangular, de unos 50 metros cuadrados y al entrar uno se encontraba con la barra a la izquierda, en medio el futbolín, a continuación la máquina del millón (pin-ball) y al fondo la traga-perras. Suspendido, en el rincón derecho, al fondo estaba el televisor. Todo el bar tenía un aspecto como si fuera la casa de Torrente (sí, "el brazo tonto de la ley"), pero, me repito, con encanto. El C.E.S.M.A. no tenía un gran surtido de productos de consumo. Tenía detrás de la barra unas pocas botellas de vino, coñac, anís,... y en un expositor sobre la barra tenía cuatro latas de berberechos, calamares en salsa americana,... y poca cosa más.

Aunque el bar era propiedad del Sr. Eleuterio también se podía contar a menudo con la presencia de su Sra. hermana (de la cual no recuerdo el nombre si es que alguna vez se mencionó). Recuerdo a Don Eleuterio como un señor mayor de cara redonda, rubicunda, calvo y cuerpo redondo, siempre detrás de la barra del bar, que siempre despedía a sus clientes con la mítica frase "Adiós, hasta luego".
Tenía costumbre de "pelearse" con las pocas botellas que le acompañaban. Mientras los clientes disfrutaban de sus partidas al futbolín era costumbre escuchar un susurro de detrás de la barra. Era como una discusión entre el Sr. Eleuterio y los fantasmas que habitaban el bar desde tiempos inmemoriales. Fantasmas que moraban en las botellas, en la cafetera, en los vasos para el cortado. Las voces psicofónicas que emitía nuestro buen amigo el camarero a veces iban acompañadas de palmadas, golpes sobre la barra, silbidos,... todo métodos de comunicación de ultra-tumba que ponían nervioso al más bravo de los asistentes.

Pero si había algo que a usted, mi querido lector, pudiera poner más nervioso que los fantasmas era sin duda alguna: la bandera de España con el escudo franquista en medio. Don Eleuterio era un nostálgico que no dudaba en invocar a su sagrado Francisco Franco cuando había alguna situación que no le era favorable. Es por todos conocida la vez que, después de una pelea callejera en frente de su bar, Don Eleuterio comentó con la policía: "Con Franco vivíamos mejor y no pasaban estas cosas".

Había un detalle que nos llamaba mucho la atención... ¿Cómo es que el bar no tenía caja registradora? Cuenta la leyenda que un conocido vecino del barrio llamado El Bola entró en el bar diciendo "buenas tardes", cogió la caja registradora y marchó con total impunidad despidiéndose educadamente con un "Adiós". Don Eleuterio, no se sorprendió lo más mínimo ni salió gritando "¡al ladrón, al ladrón!", Don Eleuterio, sin vacilar un momento, cogió un trapo húmedo y se puso a limpiar el polvo depositado en el lugar donde segundos antes había estado la caja. No fue hasta que llegó su hermana que Don Eleuterio se dio cuenta de la magnitud de la tragedia y llamaron a la policía para denunciar el robo.

Un día Don Eleuterio estaba viendo los toros que televisaban con motivo de las fiestas de San Isidro de Madrid, porque sea dicho de paso que a don Eleuterio le gustaban los toros, ya nos había contado más de una vez que él no era persona de fútbol (¿entonces a qué coño venía lo de C.E.S.M.A. F.C.?)... ¿Por dónde iba...? Ah, sí! Estaba don Eleuterio mirando los toros mientras los chicos de Autodefensa se explayaban con las atracciones del bar: futbolín, Pin-Ball, el camarero mismo,... en eso que unos de los miembros fundadores de Autodefensa que en ese momento estaba jugando al "milloncete" (el Pin-Ball) perdió la partida y se le coló la bola, fue tal coraje que le entró al perder de manera humillante que, de la rabia, asestó un sonoro puñetazo sobre el cristal de la máquina de Pin-Ball y, lógicamente, el cristal se hundió quedando roto en varias partes. Durante unos minutos todos los asistentes nos quedamos mirándonos a los ojos, atónitos, por lo sucedido. ¿Todos? No. Don Eleuterio, completamente ajeno a la fractura del cristal, seguía deleitando su afición a los toros con la magnífica corrida que transmitían en directo desde Madrid. Entonces fue cuando el responsable de la rotura del cristal se acercó a la barra para contar lo ocurrido y disculparse:

Autodefensa: Disculpe, Don Eleuterio,... verá... sin querer he golpeado el cristal... y se ha roto.

Don Eleuterio: No, si ya. Si ya te he visto como lo rompías.

Autodefensa: Pero...

Don Eleuterio: ¡Fuera! ¡Fuera del bar! ¡No quiero verte jamás aquí! ¡Largo para siempre!

Al día siguiente Autodefensa en pleno volvió al bar. El responsable de romper el cristal durante dos días ocultaba su cara detrás de la melena y subiendo las solapas del cuello de la chaqueta. Pasados estos dos días de prudencia ya el rompe-máquinas volvió a entrar al bar sin más disfraz. ¿Le había perdonado Don Eleuterio? ¿Realmente Don Eleuterio tenía memoria para retener la cara del delincuente juvenil durante más de un día?

Un servidor tenía por costumbre acercarme a la barra para entablar conversación con Don Eleuterio, por estrechar lazos en algo más que la fría relación únicamente vinculada al futbolín. Así fuí conociendo a todo un personaje con el que se podía hablar de muchas cosas. Fueron históricas las conversaciones que mantuvimos sobre tauromaquia, fútbol, cosas del barrio y, sobre todo, de la buena gente que visitaba el bar. ¿Cuántas veces nos congratulábamos de lo buenos chicos que éramos los que formábamos la pandilla de Autodefensa?

Autodefensa: Qué, Don Eleuterio, qué gusto da cuando el bar está lleno de vida, con buena gente y buen ambiente, ¿eh?

Comentaba yo mientras los demás nos brindaban una partida animada partida al futbolín.

Don Eleuterio: Sí, señor, así es. ¡Qué buena gente que sois! Así da gusto, de verdad.

La hermana: Venga, id terminando ya que tenemos que cerrar.

Don Eleuterio: ¡Calla, mujer, que estoy viendo el futbol! Anda, majos, tomad. Tomad una partida.

Cierto día ocurrió una situación que dejó a los hermanos Autodefensa muy perplejos. Siempre habíamos tratado con Don Eleuterio una relación separada físicamente por la barra del bar. Lo único que veíamos de ese hombre era una cabeza y un tronco más bien redondos y unos bracitos que meticulosamente preparaban vasos de vino, cortados, cafés con leche y otras bebidas propias de un bar. Pero el día que vimos a don Eleuterio fuera de la barra del bar fue toda una revelación. Estábamos ante la visión de uno de los secretos más bien guardados de la historia:

Don Eleuterio tenía piernas.

Me explico. Ya nos imaginábamos que tendría piernas porque se le veía caminar por detrás de la barra mientras discutía con sus etéreos amigos del más allá, pero lo que no nos imaginábamos es que las piernas llegaran a ser tan largas y tan finas como las tenía. Un torso redondo con unas piernas tan flacas le daban una imagen de "chupa-chups", mejor aun... recordaba al mítico Humpty Dumpty. Eso es, parecía un Humpty Dumpty y hoy en día hubiera pagado lo que fuera por verlo sentado sobre la barra del C.E.S.M.A. en lugar de un muro como el original.

Después de algún tiempo sin pasar por el bar nos decidimos a volver y encontrarnos con los viejos conocidos del C.E.S.M.A. F.C. y cuál fue nuestra sorpresa que nos encontramos una persiana bajada. El bar había cerrado sus puertas.

Hoy en día el local permanece cerrado y junto a éste han puesto una tienda de comics donde se organizan partidas de juegos rol. Aun y así creo que la diversión en la calle Cartellà no será nunca más lo mismo sin el futbolín del C.E.S.M.A.

Cuenta la leyenda que Don Eleuterio murió. Esperemos que descanse en paz y de esta manera pueda hacer las paces con los fantasmas que le molestaban mientras trabajaba.

"Adiós, hasta luego."

Wednesday, December 17, 2008

EL MÁNAGER DE ROCK

Volvía yo de trabajar en tren. Me encontraba en un asiento, dentro de un compartimento para cuatro pasajeros de un cercanías, acompañado de una señorita sentada en los asientos de en frente, en diagonal a mi. La señorita parecía completamente ajena a todo a causa de la música de parecía que estaba escuchando con su Walkman. El asiento de delante estaba libre esperando a un pasajero que tenía que llegar en una estación u otra. Unos pocos viajeros más terminaban de llenar el espacio que tenía a mi vista, todo el mundo bien sentado y dejando libres muchos asientos más. El tren se detuvo en una estación de la ciudad de Barcelona. Por la puerta más próxima al lugar donde yo me sentaba entró un señor vestido de manera elegante y que adornaba su atuendo con una pajarita, una prenda que no se suele ver mucho durante la semana laboral y que aquel señor vestía de la manera más natural del mundo, realzando un estupendo bigote. Su aspecto parecía sacado de una novela de Sir Arthur Conan Doyle, recordando a personajes como el Dr. Challenger o el mismísimo Sherlock Holmes. Ese misterioso señor entró de manera elegante y saludó a los pocos viajeros que poblábamos el vagón del cercanías de la siguiente manera: - Buenas tardes y a la paz de Dios a todo el mundo. Curioso saludo, sí señor. Todo un ejemplo de educación que me dejó sorprendido. No pude hacer menos que responder con la misma cortesía con la que se nos había dirigido. El buen hombre se sentó en el asiento que tenía yo en frente y mantúvose distraído durante varias estaciones observando el entorno y analizando a sus compañeros de viaje con miradas bien disimuladas. Por supuesto que reparó en el detalle de mi indumentaria compuesta por pantalón negro y una chaqueta de tipo Cruzada, como la que llevamos los Heavies, Punkies, Rockeros, etc... Este detalle es importante ya que fue el que puso mecha al asunto para entablar conversación conmigo. Para romper el hielo me preguntó usando un catalán macarrónico: 

  - Perdoni, senyor. Té vostè hora bona? (disculpe, señor. ¿tiene usted hora buena?) Yo miré el reloj y le respondí en la misma lengua: 

  - I tant. Ara són tres quarts de vuit. (por supuesto. Ahora son las ocho menos cuarto) 

  - Gràcies. Moltes gràcies. - respondió con voz apacible de persona agradecida. 

 Era un poco ridículo que preguntara la hora porque todas las puertas del vagón estaban dotadas de una pantalla donde se anunciaban las estaciones y cuando no aparecía el nombre de ninguna estación, aparecía un reloj perfectamente en hora (otra cosa es la puntualidad que siguiera el maquinista,...) Al salir de la estación de Barberà del Vallès, el hombre me entró de nuevo. Su prudencia era la misma pero esta vez su petición era un poco más osada, y en esa vez ya se me dirigió en castellano. Vamos a ver qué me pidió: 

- Perdone, caballero. Verá, yo pertenezco a una sociedad cultural que promueve las actividades para jóvenes y en nuestro centro tenemos un colectivo de trabajadores de la construcción que forman un grupo de Rock. En pro de poder financiarse los instrumentos y los discos, están preparándose para una pequeña gira que les llevará a dar varios conciertos por tierras de Castilla y León, visitando una serie de pueblos que se encuentran preparando sus Fiestas Patronales. Por esto, y disculpe mi osadía, estoy mirando de ayudarles recaudando fondos. ¿Sería usted tan amable, ya que también debe ser roquero, en realizar una pequeña aportación económica? Por poco que sea, siempre será bien recibida una ayuda.

Yo le contesté: 

  - Disculpe, caballero. Valoro mucho su osadía y créame que sería para mi un honor poder contribuir a tan noble causa como es la de ayudar a unos hermanos, ya no sólo por ser humanos, si no por pertenecer a la familia de los roqueros, que somos muchos y tenemos que ayudarnos entre nosotros. El caso es que no me es posible hacer ninguna imposición económica. Créame que de verdad lo siento. 

- Me excusé, desconfiando del olor a alcohol que me empezó a venir desde el asiento que él ocupaba. 

  - Pero, ¿me dirá que no puede colaborar ni con veinte duros? - Me insistió.- Sepa que es algo que agradecerán mucho dado que son obreros como usted y como yo, sin apenas recursos para poder seguir adelante en sus proyectos musicales. Su método de financiación se ciñe a las aportaciones desinteresadas de gente que comparte sus inquietudes, y su ayuda es primordial para que puedan abrirse camino en el duro mundo de la música. Una gira por Castilla León está en juego, todo un trampolín a nuevos escenarios. 

  - De verdad, buen ciudadano. Aplaudo su iniciativa y me pongo en su lugar ya que yo también soy músico y entiendo lo duro de este oficio si no hay padrinos. Pero corren malos tiempos de crisis económica y me encuentro más tirado que una colilla. 

- Me volví a excusar. De repente, miró a la señorita de los Walkman que parecía ajena a la conversación aunque lo estaba oyendo todo, por la delatadora sonrisa que describía su boca. Se estaba haciendo la dormida y tenía la música suficientemente baja como para oir toda la banda sonora de la escena que protagonizábamos el señor de la pajarita y quien escribe. 

  - ¿Y usted, señorita? No le apetece colaborar en un acto de solidaridad para nuestros vecinos los roqueros. Con veinte duritos estarán muy contentos. 

 Entonces la chica respondió: 

 - Estará usted contento con los veinte duritos para el vino, eh? Que ya le tengo visto yo a usted del centro, visitando los bares y pillando la taja a base de vinillos.

- ¿Pero cómo me dice eso, señorita? - Respondió con gran sorpresa el hombre de la pajarita. ¿Qué me está diciendo?

La chica no paraba de sonreír mientras le adivinaba al señor sus verdaderas intenciones, dejándolo en evidencia por su afición al licor. El hombre vio que ya estábamos parados en la estación donde debía apearse y se levantó alegremente y se despidió del vagón entonando una melodía que adornaba sus palabras de despedida:

- Adiós, buenas tardes. Que tengan todos un feliz día!!! 

 A todo esto... ¿Qué podría añadir? De verdad que me sentía ciertamente ligado a los supuestos trabajadores de la construcción que tenían un grupo de rock. Pero creo que me siento un poco más ligado al señor locuelo. No por gustarle el pipiriripipí-de la bota empinar-pararápapá si no por la historia que se montó para poder pedir veinte duros para, en realidad, tomarse un vinillo. 

Sí, amigos lectores, yo soy un peliculero. Hago este fanzine de lo chorra con las historias que me pasan, las que me invento, las que me invento que me han pasado, y las que me pasan pero que acostumbro a inventarme cómo pasaron... y en todos los casos debo admitir que de lo peliculero que soy me he llegado a inventar tonterías similares a las del señor del tren. Incluso, ahora confieso, en la vida real he tenido que meter mucha fantasía en forma de bonito relato. Si llegara yo a poner sobre el papel (o pantalla) las historias que he llegado a contar Blogspot se quedaría sin bytes para albergar El Blog de Autodefensa. Por suerte, no tengo tanta memoria como imaginación y se me suelen olvidar casi al momento. Para terminar quiero comentar que sí me siento muy hermanado con aquel tarado y que, aunque a mi no me mole tanto la priva, sí que me mola inventarme todo tipo de historietas como la que les acabo de contar... o tal vez no me la haya inventado... Da igual!

Sunday, December 07, 2008

EL CARTERO FEO

Durante un tiempo por motivos de trabajo estuve comiendo en un bar que había cerca del lugar donde desempeñé mi labor. El bar era pequeño y lo llevaban entre dos jóvenes amigos.

En las cercanías había una oficina de correos cuyos trabajadores, al terminar la jornada, solían acerarse al bar a tomar una cervecita. El elenco de personajes que formaban los trabajadores de correos era de lo más variopinto pero destacaba el hecho que no había ninguno que correspondiera a un perfil normal de ser humano: eran todos/as muy feos/as. Me parece que en la selección de personal era obligado ser desaliñado y FEO.

Las maravillosas criaturas que formaban el equipo de carteros eran singulares y, evidentemente como ya he dicho, feas. Habían ejemplos de fealdad para todos los (dis)gustos. Aunque me dirán ustedes: y tú eres un Robert Redford, ¿verdad?. Pues no, no soy ningún Robert Redford pero no me veo tan feo como lo eran aquellos carteros y carteras que pienso yo que lo tendrían muy crudo para entrar a los portales para repartir el correo en los buzones. ¿A ver quién era el listo que dejaba entrar a su casa a cualquier engendro con el pretexto de firmar un certificado?

Había uno que levantaba un metro y medio del suelo, de pelo revolucionado y bigote como el de Azkarorta. Otro que parecía que llevaba gafas para que no se le cayeran los ojos al suelo. Otro que carecía de músculos faciales desde la mandíbula superior hacia abajo, y el labio inferior le quedaba completamente caído dejando al descubierto la dentadura. Una cartera que parecía que se hubiera limado todos los dientes en forma de punta y le quedaba la boca como una sierra... Algo común a todos ellos es que parecía que se hubieran peleado con el peine: todas las cabelleras eran batallas campales entre los pelos.

Ante tal desfile de artistas de circo de los años 1900 la reacción inicial era la de echarse a correr por miedo a que no estuvieran vacunados, pero daba gusto verlos cómo se divertían y se contaban sus anécdotas en un ambiente laboral digno de envidia, sin malos rollos y con una cordialidad ejemplar.

En una ocasión vi cómo uno de ellos, que iba vestido con una camisa de leñador, contaba una historia gesticulando de manera exagerada como si fuera el mismo Charles Manson. Sus compañeros seguían la narración con una expectación tal que hacía que no perdieran detalle, riendo a cada palabra o gesto gracioso del conferenciante. El del labio sin músculo estaba tan metido en la historia que contaba el de la camisa de leñador y, sin darse cuenta, bajó un poco más el labio inferior de manera que se le cayó un salibajo de 50 mililitros que fue directamente a parar a su pantalón. El salibajo se formó en el labio inferior y allí se acumulaba como si fuera un recipiente. El peso de la saliba aumentó a medida que formaba y el labio inferior cedió. El resultado es el que les he contado. Una baba tsunámica aterrizando sobre la pernera del pantalón tejano. Me reprimí la risa mientras observaba cómo bajaba lentamente la mirada a su pantalón y cogía una servilleta de papel para limpiarse la bochornosa mancha de saliba. Cuando se levantó se percató que la visible mancha parecía producto de una enúresis.

Llegó el momento de marchar y la cartera de los dientes puntiagudos, mirando el paquete del del labio flojo, se fijó en la mancha de la saliba y puso en conocimiento de todos que el compañero parecía que se hubiera meado. Todos echaron a reír. El del labio flojo en principio decía que no pero al poco empezó a carcajearse con los demás con el buen humor de saber reírse de sí mismo. El de la camisa de leñador increpó en medio de las risas a la de los dientes de sierra preguntándole que qué es lo que pretendía mirar cuando descubrió el salibajo:

- ¿Y qué es lo que estabas mirando para ver la mancha de la saliba? ¿No será tuya la saliba, eh? JAJAJA.

Todos continuaron riendo de manera incontrolada. Entre tanta risa y cacareo, las mujeres del grupo de vez en cuando entonaban un UUUUUUUUUUUUUUUUU!!! al más puro estilo de señora de 50 o 60 años que no se aguanta el ataque de risa. Era bastante habitual que su buen humor y buen rollo se descontrolara dando como resultado un gallinero de 110 decibelios difícil de controlar por los camareros que, impotentes, veían cómo algunos de los clientes -vamos a llamarles- normales dejaban de asistir ya que la visión de alguno de los carteros le hacía quitar el hambre.

El grupo estaba tan bien avenido que seguro que su relación se llevaba más allá del trabajo y los propios compañeros de la oficina eran los mismo que podían formar parte del grupo de amistades fuera del ámbito labora. Su buena relación hacía suponer que incluso mantuvieran relaciones sexuales liberadas y que los flirteos de la de los dientes de sierra no producían celos entre las demás compañeras. Allí parecía todo muy hippie. No quería ni imaginarme cómo pudiera ser una escena en la que los mismos compañeros habían quedado un domingo por la tarde para ver el fútbol en casa de uno y que se desmarcaran dos parejas para hacer guarreridas españolas en habitaciones de la casa. Tenía que resultar muy gore comprobar (o imaginar) al del labio flojo soltando un salibajo en toda la cara de la de los dientes serrados después de pegarle un morreo de película.

Yo dejé de ir por el bar a las pocas semanas ya que terminé mi misión en aquel barrio. Creo que todavía deben trabajar allí y continuarán yendo por el bar. No sé. Será cuestión de un dia ir a comprobarlo, aunque debo admitir que me ha costado mucho sacarme de la memoria la saliba cayendo sobre el pantalón y el posible morreo entre la de los dientes y el salibero, es por eso que me corto mucho de ir a ese bar ya que aflorarían recuerdos que me abrirían heridas en mi memoria.

Heridas muy gores. slurrrp!

Sunday, November 30, 2008

FRANKFURTS, TAPAS Y PLATOS COMBINADOS (6)

El ávido comedor de croquetas

Tal y como les anunciaba en el post anterior, reemprendo esta estupenda serie de temática grastronómica con otro puntazo derivado de mis experiencias como profesional de la hostelería.

Esta vez voy a centrarme en otra desventura del ser humano de hambre sin fin. El mismo protagonista de "El bocadillo de Mortadela" tuvo la mala suerte de ser cliente habitual de un camarero burleta que sólo hace que recordar las paridas que se sucedieron en el tiempo que trasncurrió como camaruta en su trayectoria profesional.

Un buen día nuestro glotón cliente entró con un ligue.

¡Hombre! - exclamamos todos - ¡por fin se ha echado novia! A ver si así sienta la cabeza.

Su compañera se propuso enderezar a nuestro amigo en el buen camino de la vida, empezando por ponerlo a régimen para que perdiera unos kilos y mejorara sus hábitos alimentarios para llevar una dieta más sana y equilibrada. Una tarea extremadamente difícil.

La feliz parejita cenó algo ligero porque tenía intención de retirarse pronto, supongo que para hacer un poco de ejercicio y no gimnástico precisamente, pero decidieron rematar la velada con unas copas. Así pues, se pidieron un pelotazo cada uno. No sé si fue que, por haber comido poco, el pelotazo se le rebeló dentro del estómago e hizo que se le abriera el apetito de manera terrorífica, aprovechando la mínima oportunidad que tuvo para darse una dosis de satisfacción gástrica. Veamos cómo fue:

Ella: Me voy al labavo un momento.

Él: Vale.

Ella: Camarero. Vigílame que no coma ni beba nada más, que ya ha tragado bastante.

Camarero: No se preocupe, señorita. Su acompañante permanecerá en inanición.

Ella: Eso espero.

En seguida que la chica se metió en el labavo, él se acercó a la barra y pidió cuatro rollizas croquetas que ya tenía pipeadas desde que había entrado en el bar y que no había pedido porque no "eran de régimen". Apetitosas croquetas de pollo rebozadas de manera artesanal, como todo lo que se hacía en aquel bar. Le ofrecí calentarlas en el microondas, cosa que nuestro glotón profesional rechazó para no perder tiempo, y sentado en un taburete enfrente del surtidor de cerveza, se las metió todas en la boca quedándose en con las manos juntas delante de la boca mientras disimulaba los movimientos de mandíbula que le permitían masticar las cuatro croquetas (juntas podrían pesar unos 200 gramos). Su compañera salió del labavo y vió a nuestro gordo amigo en una posición que más bien podía recordar a alguien que estuviera rezando delante del surtidor de cerveza.

Ella: ¡Qué! ¿Qué coño haces ahi? ¿Ya estás comiendo?

Él: mmffNo... mmf. - respondió con la boca llena.

Ella: eres incorregible. Glotón! Más que glotón!

Él permaneció en total silencio con la cara toda roja, más que de vergüenza, por el principio de atragantamiento que parecía que iba a suceder.

La mujer, cabreadísima, volvió al labavo no sé a qué, y él aprovechó esa nueva ausencia para tomarse un "cubata-express". En menos de lo que canta un gallo me pidió un Gin Tonic, se lo serví y él se lo bebió de un trago como si viniera del desierto del Sáhara.

Ella salió de nuevo del WC y ordenó al cerdo humano pagar la cuenta y marcharse.

Al cabo de media hora volvió nuestro cliente preferido. El mosqueo de ella hizo que no hubiera remate de la velada y esto hizo que el hombre se decidiera a terminar la noche con un placer aun más grande que un polvo. ¿Que qué dijo en cuanto entró?

Él: VENGO A COMEEEERRRR!!!!

Su rápido ojo para todo lo que era papeo estaba perfectamente entrenado con memoria fotográfica y nos dijo que ya había visto cómo metíamos una ensalada de alubias con tomate, cebolla, pimiento y atún (un empedrado) en la nevera expositora de la barra del bar. Su mente criminal había retenido esa imagen y fue devorando, tapa a tapa, la ensalada hasta dejar la bandeja de kilo y medio completamente vacía. ¡Y además con pan!

Cuentan los vecinos sobre el ataque de pedorrera que se oyó en su piso durante aquella noche. Un ataque de pedorrera que arrastró varios días, por lo que tuvimos noticia por él mismo, cuando nos contó que se le escapó un silencioso pero letal pedo en un autobús y todos los viajeros echaron la culpa a otro señor al que expulsaron del vehículo de transporte publico acusado de marrano, cuando fue nuestro cliente el que, callado como un puta, eliminó aquel demonio en forma de pedo.





El caso de los Trinaranjus






Y es que son unas cuantas anécdotas más las que podría contar sobre este singular personaje y las grandes cantidades de alimentos y líquidos que era capaz de ingerir. Podría contarles que en una mañana de sábado de verano, apretaba el calor y entró nuestro glotón cliente para refrescar el gaznate:


Él: Buenos días. ¡Qué calor que hace! Ponme, por favor, una cervecita.


Yo: Buenos días. Con mucho gusto.


Después de meterse tres cervezas no parecía que la sed se terminara y decidió beber tres botellines de CocaCola y, como el calor persistía en su garganta, mi padre le recomendó:


Padre: Oye, en lugar de seguir metiéndote cervezas a las 11 de la mañana ¿por qué no te bebes un Trinaranjus? El trinaranjus es refrescante y ni te emborracharás ni te llenarás el estómago de burbujas.


Él: Bueno. Vamos a probar esto del Trinaranjus.


Ni que decir tiene que este señor no tenía mesura alguna con lo que era el verbo ingerir. Se llegó a meter hasta 18 Trinaranjus seguidos. El líquido de las botellas de Trinaranjus entraba en su estómago de un sólo trago y el espacio de tiempo que había entre botella y botella era sólo cuando él decía:


Ponme otra.


Ahora analicemos la ingesta con números:


Si cada botella de Trinaranjus contiene 20 cl, los botellines de CocaCola tienen también 20 cl. y las de cerveza eran medianas de un tercio de litro, ¿Cuántos litros de líquido se metíó en el plazo de una hora? ¡¡¡fue un total de 5 litros de líquido!!! Y ENCIMA PÁGALO! La broma, tratándose de aproximadamente el año 1994, le salió por casi 3.000 pesetas (el botellín de refresco se pagaba igual que el tercio de cerveza: unas 125 pesetas). Las 3.000 lentejas son 18 € pero por el crecimiento económico si vas a un bareto y te tomas todo lo que se tomó el colega cuenta que como muy barato te tendrías que gastar al menos un euro por botellín. Así digamos que 18 de Trina, 3 de ColaCola y 3 de birra, a un euro cada botella: 24 Eurazos, el equivalente a 4.500 pesetas. Pero, claro... los cálculos los he hecho a la baja ¿A ver en qué bareto te tomas una birra por 1 euro? Obviamente, hoy en día está todo mucho más caro y ya con un café au lait se te van 1.20€; ¡doscientas pelas, tío!


En este caso la culpa de todo no fue de su sed, no fue de su ansia por introducir cosas en el estómago, no fue ni mucho menos culpa de mi padre quien le dio la idea del Trinaranjus. La culpa fue del propio Trinaranjus que por ser dulzón, fresquito y sin burbujas, hace que te entre como si fuera agua y ni te des cuenta.


Las burbujas en un refresco pueden servir como freno para evitar la ingestión descontrolada de líquido. A veces -no sé si les ha pasado a ustedes- pero al recién abrir una botella de ColaLoca y meterle el primer buche, el exceso de burbujas súper-rabiosas ha hecho que no me pudiera meter un trago guapo, teniendo forzosamente que tomar buches más pequeños para evitar que una invasión ofensiva de burbujas me colapasara el estómago hasta el punto que pudieran bloquear mi cárdias impidiendo la llegada de más líquido hasta que el gas no fuera expulsado en forma de sonoro eructo.



Hasta el siguiente artículo.

Tuesday, June 24, 2008

LA CABAÑA DEL INDIO

A más de uno le puede sonar este título a una aventura tipo Tom Sawyer y Huckleberry Fynn. Pues lo que van a leer es la historia de una leyenda viva de un pueblo en el que pasábamos los veranos haciendo toda clase de gamberradas.

Por aquel entonces nos divertíamos con las bicicletas y éramos ávidos tragadores de helados aunque ya le habíamos encontrado más el gustito a la cerveza y a los cigarritos. Nuestras aventuras iban más allá de los confines del pueblo y nos atrevíamos a traspasar los límites municipales por las más peligrosas carreteras de curvas y por tortuosos caminos de montaña.

Una vez, después de pedalear durante horas, llegamos a un riachuelo que se podía atravesar por una zona de muy poca profundidad. Y como por este paso discurría el camino que íbamos siguiendo, decidimos traspasar el río. Aflojamos la marcha de las bicicletas para no resbalar mientras atravesábamos el río. En la otra orilla, oculta tras unos árboles, vimos una cabaña construida con materiales diversos que bien le daban el aspecto de una chabola. Anexa a la cabaña había un cercado de tela metálica donde se veía correr a unas cuantas gallinas de aspecto enfermizo. La imagen general de aquella construcción era más propia de un documental sobre el cuarto mundo. Por la presencia de las gallinas intuíamos que en esa cabaña había gente, si más no en ese momento parecía que no había nadie.

Muertos de curiosidad nos acercamos para ver de cerca aquella misteriosa cabaña de la que jamás habíamos tenido noticia no estando esta muy lejos del pueblo donde pasábamos las vacaciones de verano. Al aproximarnos a la fea construcción a base de retales de diversas cosas, descubrimos que se encontraba vacía en ese momento y echamos un vistazo general, mirando de cerca las famélicas gallinas, chapas que formaban paredes, uralitas que remataban el techo y, por supuesto, nos inclinamos sobre un sucio ventanuco para ver el interior.

A través de una polvoriento cristal roto vimos que en la casa debía estar habitada habitualmente dado que tenía una mesa con un plato con sus restos de comida reciente, de refilón se veía una cocina y, entre otras cosas, una cama desecha de la cual parecía que habían estado durmiendo la noche anterior. Toda la casa echaba un hedor lo más parecido al de unos huevos podridos. Una peste que nos irritaba la pituitaria despertando en nuestro cerebro un maldito recuerdo odorífero que no habíamos experimentado desde hacía años.

De repente, un fuerte ladrido nos asustó. Un perrazo enorme nos estaba ladrando desde detrás de unos árboles. Junto al perro se oyó la voz de un hombre mayor que decía:

Calla, perro asqueroso. ¿Es que hay alguien?

El perro vino corriendo emitiendo ladridos a nosotros y, despavoridos por la repugnancia del tono de voz de aquel hombre, salimos pedaleando lo más rápido que pudimos.

Ya por la noche nos encontramos con Juan Carlillos, un gamberrete de la capital que acababa de llegar al pueblo a pasar las vacaciones depués de haber estado una semana de ruta por Méjico (o eso era lo que nos dijo). Juan Carlillos nos contó las aventuras que nos habiamos perdido después de unos meses sin haber coincidido y así nos pusimos al día de lo que habiamos vivido durante el año. Entre otras cosas nos contó que le había visto el felpudo a su novia en los labavos del colegio y nos contó que era "todo peludo".

Después de meternos una litrona y fumarnos unos Lucky Strike en el bosquecillo nos fuimos a casa de un amigo para sentarnos alrededor de una mesa a jugar a las cartas en el garaje y seguir hablando. En eso que, de los 5 que éramos, dos estuvimos en la cabaña y decidimos contar lo que habíamos visto. No omitimos detalles en calificar como muy misteriosa la presencia de aquella cabaña y sus asquerosos habitantes: gallinas enfermas, un perro rabioso y un hombre de voz como... viscosa. JuanCarlillos que todo y tener sólo 13 años tenía ya mucho mundo corrido, nos comentó que, por los detalles que aportábamos, se trataba de la CABAÑA DEL INDIO. Nos quedamos muy sorprendidos ya que no habían indios en ese pueblo, los indios estaban en América. Juan Carlillos nos aclaró que el término Indio se lo había ganado ese señor por su tonalidad de piel y aspecto facial ya que, todo y ser caucásico, parecía amerindio y por esto la gente lo conocía como el Indio.

Juan Carlillos, que era un peliculero de cojones pero no dudamos nunca de su sinceridad, nos contó las peripecias del Indio y por qué vivía en esta especie de granja de construcción tipo chabola. Por lo visto el Indio se había ganado la mala fama de haber matado niños y se había forjado la leyenda de que incluso comía carne humana. Vivía apartado del pueblo porque hacía muchos años cometió un asesinato y fue encarcelado durante 15 años en los que fue expuesto a todo tipo de torturas. Cuando salió de la cárcel volvió al pueblo donde siempre había vivido pero al recibir el rechazo de sus vecinos se vio forzado a vivir apartado del nucleo urbano llevando una vida de subsistencia a base de consumir la leche que le daba una cabra, agua del río, huevos de gallina y todo lo que encontraba por el bosque. Todo, quería decir todo. Si algún niño curioso se acercaba a la cabaña primero se quedaba con su cara. Si el niño tenía el valor de ir otra vez, le podía amonestar verbalmente con toda una colección de perjurios que harían enfermar a cualquiera. Pero si alguien tenía el suficiente valor de ir de nuevo a molestarle en su lugar de ermitaño retiro, era el momento de formar parte del complemento de su dieta de caza y recolección.

Ante tal relato nos quedamos con ganas de ir a ver de cerca a tal caníbal. Al día siguiente nos acercamos todos a la cabaña del Indio. Allí, escondidos detrás de unos arbustos, vimos que estaba arrojando una serie de huesos largos dentro de un bidón de aceite que en cuya superficie requemada aun se podía leer la marca CEPSA. Acto seguido aquel ser vertió en el bidón un cubo de agua y una serie de polvos que nos daba la sensación de que se estaba preparando un caldo pero ni más ni menos que en un bidón de aceite para motores. Cuando nos percatamos de las dimensiones de los huesos no pudimos pensar otrea cosa de que se trataban de huesos humanos. Aquel hijo de puta se estaba preparando un caldo de persona. Pueden ustedes imaginarse cómo nos sentimos. Yo noté como si una mano invisible me agarrara el estómago por abajo y otra me apresara el esófago impidiéndome que pudiera vomitar. Pese el calor del verano y las amenazas de incendios forestales, aquel hombre encendió la fogata para calentar el caldo humano que se cocería en el bidón de CEPSA. El más pequeño de nosotros no pudo más y marchó corriendo y llorando a moco tendido en un ataque de pánico, lo que provocó que el Indio se percatara de nuestra presencia y mandó al perro a espantarnos o a cazarnos, yo qué sé. Cogimos las bicicletas y salimos pitando.

La verdad, al salir de aquel escenario, no recordábamos si estábamos en la fase en que "se había quedado con nuestra cara" o si ya nos había lanzado la maldición con una colección de insultos y perjurios ya que corríamos y gritábamos, y no alcamos a oir más que una voz viscosa pronunciando no sé qué discurso. Este punto era importante ya que de ello dependía una tercera visita.

Después de mucho pedalear, finalmente llegamos al bosquecillo donde usualmente nos bebíamos nuestras litronas y procedimos a encender unos cigarritos por el hecho de que nos relajaríamos si fumábamos un poco. El humo de aquel cigarrillo fue el más malo de mi vida. No podía saborear el humo del Lucky porque se me mezclaba con el nauseabundo hedor de la cabaña del Indio. Hedor que llevaba yo impregnado en la camiseta. No creo que estuviéramos tanto tiempo en las cercanías de esa choza, pero por poco rato que estuviéramos, los vapores del caldo fueron suficientemente nebulizados como para llegar a nosotros, por la acción del ligero viento, y alojarse en nuestras ropas.

Hicimos un poco de reunión acerca de lo ocurrido y nos dijimos de no volver jamás a aquella cabaña. Pero el morbo era tal que nos llevó a acercarnos una vez más, pero esta vez advirtiendo que quien tuviera miedo sería mejor que se quedara en casa.

Ese mediodía ninguno de nosotros comió. En casa, nuestros respectivos padres se quedaron muy desconcertados y no daban crédito a que sus hijos no probaran bocado ni bebieran un sólo vaso de gazpacho. Lo que presenciamos aquella mañana nos había quitado el apetito pero nos había dejado con otro tipo de hambre. El hambre de volver a observar qué es lo que hacía el Indio en esa cabaña. Ya me dirán ustedes qué es lo que nos llevó a volver a esa cabaña, a volver a mirar a nuestro miedo cara a cara. ¿Qué le haríamos? ¿Qué nos haría si el Indio nos pillaba de nuevo? Nosotros, unos niñatos que fumábamos y bebíamos cerveza de escondidas, que nos dedicábamos a saltar a los huertos a coger manzanas, melones y pimientos sin tener la necesidad real de "tomar prestado" nada ya que en casa nunca faltaba el plato en la mesa, ¿qué nos impulsaba a introducirnos en casa del Indio más cuando no tenía nada él que nos pudiera interesar y no resultaba nada atractiva la idea de encontrarnos con ese humano por los peligros que supuestamente corríamos en caso de ser alcanzados? Nada, nada. Todo y en lo que ahora estoy reflexionando, creo que lo mejor de todo era observar. No observar su casa, su persona, sus enfermas gallinas o su maloliente caldero de refinería petroquímica, lo importante era observar nuestra reacción y nuestro miedo.

Así pues, esa misma tarde nos volvimos a reunir con nuestras bicicletas y pedaleamos hasta las inmediaciones de la casa del Indio. Desde el riachuelo vimos que se alejaba de la casa con una hoz y un capazo y su perro caminaba con su mismo ritmo unos diez metros por delante de él. Cuando ya vimos que se había metido en la espesura del bosque decidimos avanzar y acercarnos a la cabaña. Esta vez, tentando a la suerte, los cinco que fuimos nos armamos de valor para profanar esa casa de los horrores que era la cabaña, penetrando por el corral donde estaban aquellas muertas-vivientes gallinas. No resultó difícil entrar en la cabaña puesto que la puerta carecía de cerradura y quedaba entreabierta. Y es que, visto así, ¿para qué quieres poner cerradura en tu casa si nadie se atreve ni a acercarse?

Dentro de la cabaña descubrimos que se trataba de un sólo habitáculo con los enseres que ya he descrito: una cama desecha, una mesa, todavía estaban los restos de comida otro día, etc... pero vimos cosas nuevas a nuestros ojos. Esta vez no fue mi estómago sinó mi corazón, y como el mío el de los demás, el que fue apresado por aterradoras manos invisibles al ver con mis propios ojos, sobre la encimera de una vieja cocina a butano, la cabeza de una cabra con los ojos desorbitados. Esa cabeza estaba infestada de moscas por todas partes: ojos, lengua y sobretodo por el cuello en donde se había coagulado la sangre del animal. Nos dijimos que era momento de salir corriendo de esa maldita cabaña. Ya habíamos visto suficiente. Era preferible que nos quedáramos con las ganas de saber para qué tenía la cabeza de la cabra pudriéndose sobre la cocina a que nos pillara husmeando en su casa. Pero era demasiado tarde. En el momento que salíamos del corral el Indio estaba a 20 metros de la entrada con lo que nos pilló de marrón y soltando el capazo lleno de hierbajos, enarboló la hoz a la vez que empezaba a correr hacia nosotros gritando no se qué frases que no llegamos a entender dado que su viscosa voz no nos permitía distinguir ni una sola palabra más allá de Ah! y Oh! como si tuviera la boca llena de blandi-blub. Su perrazo, lejos de empezar a correr hacia nosotros, se volvió histérico y no hizo otra cosa que empezar a dar vueltas sobre sí mismo ladrando y tratando de morderse el rabo e hizo que el Indio, en un arrebato de locura, le diera una fuerte patada, que lo desplazó un metro, mientras le ordenaba que nos persiguiera.

No habíamos empezado a levantar las bicicletas del suelo que parecía que ya teníamos al Indio encima nuestro. Y era por la fuerte peste que desprendía, no sólo la cabaña ni las gallinas enfermas, ya era su propio olor putrefacto que supe que ya estaba más cerca. Pudo prender de la camiseta a uno de nosotros haciendo que nos mostrara su cara de poco aspecto amerindio pero con una barba de pelo rebelde de color plomo con trazos amarillos de nicotina en la parte de la boca y nariz, y con una asquerosa espuma en la comisura de los labios.

Finalmente, tras un forcejeo del chaval y unas pedradas por parte de los que estábamos fuera de alcance, logramos zafarnos de las manos del Indio y huimos pedaleando lo más que pudimos. Una vez ya llegamos a nuestro bosquecillo secreto nos sentimos a salvo pero del nerviosismo que teníamos en el cuerpo no logramos ni encender un sólo Lucky. Y de bien poco nos hubiera servido un cigarrillo. Hubiéramos necesitado un Valium10 para sosegarnos.

Decidimos no visitar jamás a la cabaña del Indio y se puede decir que no volvimos a mencionarla hasta el punto de que la aventura se conviertió en tema tabú. Era más que evidente que ya habíamos pasado por la segunda fase de su ritual de caza y ya no sólo se había quedado con nuestras caras y nos había bendecido con sus palabras, si se nos ocurría acercarnos una vez más ya nos podíamos considerar su cena. Aun hoy, veinte años después de los hechos, estoy seguro que si me acerco a la cabaña del Indio, él me reconocerá.

Monday, June 09, 2008

FRANKFURTS, TAPAS Y PLATOS COMBINADOS (5)

La comida del IKEA

Saludos a todos mis hambrientos lectores. Se pensarán ustedes que soy un glotón, pues no van mal encaminados. Como ya comenté en el artículo "El Buffet Libre", me gusta comer y en grandes cantidades. Como ya se pueden imaginar ustedes, si han leído el post que antes les mencionaba, me gusta la comida exótica, sabores que no tengo la oportunidad de experimentar en mi día a día, y siempre que puedo gusto mucho de comprar algo de lo que no es convencional en mi dieta diaria.

El artículo de índole gastronómica de hoy lo voy a dedicar a la comida que sirven en el IKEA. A ver, a mi mujer le encanta el IKEA, sus diseños, pasar el rato mirando muebles, comprando cosas que luego me toca montar a mi. Pero el chuparse el recorrido de los pasillos del IKEA, con el mogollón de peña comprando o, simplemente mirando muebles por pasar la tarde, tiene su recompensa: LA TIENDA SUECA y la CAFETERÍA.

EL HOT DOG IKEA

¿Quién se puede comer un perrito caliente por 0.50€? Vale que no son muy grandes, pero con 2 euros te puedes pegar una merendola guapa, eh? Vamos a describir un poco lo que dan de sí estos bocadillos de Frankfurt a la sueca.


Los frankfurts del IKEA son de unos 20 cm de largo y tienen un diámetro de 1,5 cm. Vienen en unos bollos que pese a ser mucho más pequeños que el frankfurt tienen la medida proporcional justa para que no interfieran en el maravilloso placer de comerse una salchicha de frankfurt con acento sueco. Y digo que no interfieren ya que muchas veces el bocadillo, todo y que es un completísimo gran alimento, puede resultar un nefasto combinado gastronómico por culpa de un exceso de pan que no permita saborear el maravilloso contenido. Por eso quiero remarcar la importancia de que la salchicha sea más larga que el pan y éste sea más bien blandito.


Observemos que las características físicas de la salchicha son de unas dimensiones ideales para permitirnos el lujo de añadir otros aditivos al bocadillo sin el peligro de que se nos desencajen las mandíbulas en el momento de la ingesta. Me refiero a que al ser de un diámetro más bién pequeño, podemos añadir otros ingredientes que encontramos en las otras modalidades del Hot Dog de IKEA y que estudiaremos más adelante.


La carne de los Frankfurts no tiene que importarnos mucho ya que no tratamos amenudo con comida de 50 céntimos el bocadillo y, por tanto, para no llevarnos ningún susto, mejor no nos metamos en qué tipo de carne es. Seguramente sea de cerdo, como todas las salchichas de frankfurt son originalmente, pero por este precio no nos extrañe que algún día descubramos que se trata de un combinado de carnes que no son habituales en nuestra cultura (perro, rata, persona). Sea la carne que sea, la salchicha IKEA está buena y seguro que conserva todas las propiedades organolépticas exigibles a un producto de su categoría. Por esto, no digo que sea una salchicha con la que prevendremos la aparición de escorbuto. No, eso no lo puedo decir porque la enfermedad del escorbuto aparece cuando no se ha ingerido Vitamina C durante largo tiempo, y esta es una vitamina que se encuentra en las frutas y las verduras principalmente... Pero, pese a esta carencia de vitaminas en los preparados cárnicos, la salchicha IKEA es una fuente inigualable de proteina animal a la vez que de lípidos, estos últimos tan necesarios en la formación de la barriga cervecera del bon vivant.


En el proceso de elaboración de todo embutido cocido es emplea la carne debidamente picada hasta su conversión en pasta cárnica para moldear en forma de cilindro y facilitar su digestión. Dentro de esta pasta cárnica tiene cabida todo lo que la imaginación del maestro carnicero acierte a añadir en su búsqueda por la perfección gustativa. Así ya he comentado la posibilidad de algún día encontrarnos con la sorpresa de la adición de otras carnes consideradas tabú, pero lo que es innegable es que el arte de la ingeniería cárnica de los que se dedican a hallar la mejor fórmula para la elaboración de las salchichas IKEA reside en una buena proporción de los ingredientes aderezados con azúcares (glucosa, sacarosa) y otros glúcidos de origen vegetal (almidón, fructosa) para conseguir la perfección en un producto que muchos imaginarán simplemente como un tubo de carne picada.


Sobre los Hot Dogs del Ikea me reitero en comentar que, todo y ser de unos 20 cm y estar servidos en bollos pequeños, tienen buen sabor y que siempre se pueden probar nuevas recetas ya prediseñadas en las que se le añade al frankfurt un ingrediente que se sale: la cebolla frita desecada. Dulzona, crujiente, aromática, que le da a la salchicha el revestimiento ideal para entrar en el más elegante baile de sabores que se celebra en el paladar del IKEA-gourmet. En los bares de nuestras latitudes estamos acostumbrados a consumir el aditivo de la cebolla pasada por la plancha o directamente cruda dentro del bocadillo. Cuando se trata de pasarla por la plancha podemos obtener la caramelización de los aros de cebolla fruto de la cocción en su propia agua a fuego lento, dejando que además de frita quede un pelín cocida dando una textura blanda y un sabor más bién dulzón. Cuando se trata de ponerla cruda en el bocadillo tenemos la sorpresa del crujir en cada mordisco. Pero los suecos van más allá. Ellos se decantan por una variedad de preparación en que la cebolla frita queda de lo más crujiente dándonos además el gran placer de probar un extra de lo más exquisito.


Cuando el dependiente del bar IKEA nos sirve el bocadillo lo provee generosamente de cebolla frita, si así lo solicitamos, y pensamos "dónde vas, animal, que se va a caer toda". Pero por lo que contaba de lo finito que es el frankfurt, te cabe el bocata en toda la boca sin el menor esfuerzo. También hay que admitir que esto es cosa de gente entrenada y cualquier novicio en el arte de la glotonería no puede aventurarse a meterse en la boca medio bocadillo del tirón.

Pero una manjar como el que he descrito requiere de ser regado con uno de los mejores caldos que la viña IKEA ofrece. Aquí viene una de las más gandes oportunidades de gorreo que se pueden presentar para alguien como el que escribió el artículo de "El Buffet Libre". Pues resulta que en IKEA pagas un vaso de tu refresco preferido y lo puedes rellenar cuantas veces quieras en los grifos dispensadores de refrescos. Yo, como ya expliqué en el artículo del Buffet, me decanto habitualmente por las bebidas sin burbujas cuando se trata de reservar espacio para que quepan más cosas en la barriga. Así, si da el caso de que tengo barra libre en alguna cosa procuraré no hincharme el estómago de burbujas y estando en IKEA siempre optaré por probar algo nuevo y exótico:

EL REFRESCO DE JARABE DE ARÁNDANOS

No cabe decir que si tienes que pagar un vaso y te puedes servir los que te dé la gana más vale que comas bien para no pasar hambre pero te reserves algo de espacio para el líquido. Sin más comentarios porque sólo diré que la primera vez que lo probé, al llegar a casa, me pasé 10 minutos meando del tirón. O sea que después de meterme 4 ó 5 frankfurts con todas las combinaciones posibles (con cebolla, solo, con salsita, a tope de ketchup, etc...) me senté en el taburete más cercano a la máquina expendedora de refrescos y pasé olímpicamente de Pepsi, Cola Loca, Mirindas y demás líquidos coloreados con burbujas, y me emborraché del jarabe de arándanos suecos.

La preparación de este jarabe no debe ser más complicada que la de cualquiera de sus hermanos refrescos. Partimos de un concentrado de extractos de arándanos, azúcar, acidulante: Ácido Ascórbico y algún que otro ingrediente de los que empieza por E- y no quieras saber cómo termina, se mezcla con agua del Osmotic o algún otro trasto de estos y la misma máquina, mientras mantienes presionado el grifo, ya se encarga de bombear las cantidades justas de jarabe concentrado y agua casi destilada para que el líquido que cae dentro de tu vaso sea el refesco de moda en Suecia. Es dulce que te cagas y como no tiene las malditas burbujas el refresco entra como el agua. Y bebe, y bebe. Y te llenas, te llenas de ese líquido rojo. A todo esto me gustaría hacer mención que ya me gustaría pillar por banda la botella del concentrado del jarabe de los cojones porque eso ya debe ser lo más, entonces sólo en el caso de que mi garganta no acertara a dejar pasar toda la cantidad de espeso jarabe que me estuviera metiendo directamente de la botella, sería entonces cuando me pondría debajo del grifo para permitir que la versión más aguada del jarabe aligerara el paso de mi cuello para permitir la llegada al estómago de la cantidad congestionada en mi faringe por la acumulación de jarabe en masa.



Ahora quisiera despedir este artículo comentando que seguiré en mi empeño de dar a conocer la gastronomía que he tenido ocasión de probar y de la que he quedado satisfecho en mayor o menor medida. Por supuesto que La comida del IKEA tendrá su extensión en diversas secuelas porque, aunque me han gustado muchísimo los Hot Dog y el refresco de arándanos, hay muchas otras especialidades de las cuales me gustaría hablar y otras que todavía no he probado pero que en cuanto tenga oportunidad me pegaré un atracón para poder hablar con conocimiento de causa en futuros posts dedicados a: La comida del IKEA.

Skål

Tuesday, May 20, 2008

FENÓMENOS PARANORMALES DE LA CIUDAD

Videntes, fantasmas y demás personajes

A mi me tenía pillado todo el tema de lo paranormal y cosas de esas. Me gustaba hojear las revistas especializadas como Más Allá, Karma 7, Año Cero, seguía alguno de los programas de radio siempre que podía ya que acostumbran a darlos a horas intempestivas, de esta manera me mantenía informado de las historias que contaban monstruos mediáticos como Miguel Blanco, el Professor Sebastià D'Arbó, Jiménez del Oso, etc...

Cuando encontraba a alguien que tuviera alguna anécdota de este tipo para contar yo siempre le escuchaba atentamente y me empapaba de las historias que me narraban. De esta manera me fui haciendo con una buena bibliografía oral que luego me encargaba yo de adornar y terminar de poner fantasía al asunto y poder recitar las historias con más énfasis. Así pues me convertí en un cuenta-cuentos del terror y de la fantasía con gran aceptación por parte de los que tenían la paciencia de escucharme.

Hoy en día no tengo tanta paciencia para escuchar rollos. Es más, soy yo quien lo meto pero sin llegar al putno de convertirme en el come-ollas del barrio (o eso creo) y hasta la fecha creo que aun puedo captar la atención de mi oyentes cuando narro alguna historia relacionada con fantasmas.

Se puede decir que tengo un buén catálogo de cuentos que cualquier día pondré a la luz para que pasen ustedes un buén rato (o un mal rato si son muy aprensivos).

Mis búsquedas de información pasaba por leer el periódico para hallar noticias poco convencionales, aunque las de este tipo no abundaban. No se vayan a pensar que yo era el típico que empezaba a buscar mensajes ocultos entre los textos del periódico para encontrar posibles conspiraciones o mensajes del más allá o de extraterrestres (que haberlos haylos, claro). Dentro de mis lecturas de prensa solía recorrer las páginas de clasificados para encontrar anuncios de parapsicólogos, videntes, etc... únicamente con el fin de saber si había gente dentro del tema paranormal. Y digo únicamente ya que tampoco tenía yo ninguna inquietud en particular por llamar a uno de los teléfonos de los anunciantes, no sé por qué, tal vez porque no necesitaba yo de sus servicios o porque me cobrarían tan sólo por el mero hecho de visitarlos para entrevistarlos y conocer un poco de su actividad y del mundo paralelo en el que se mueven.

EL VIDENTE SALVA

De entre todos los anuncios que encontraba en los clasificados de había uno que no fallaba: EL VIDENTE SALVA. Creo recordar que este vidente, incluso, se había currado panfletos de los que se dejan en los parabrisas de los coches.
Hoy en día, con la llegada de internet, he intentado averiguar si el susodicho vidente está todavía en activo y si tiene algún 906 o una web desde donde anunciarse pero, estarán ustedes de acuerdo conmigo, es un poco difícil poner en el Google "el vidente salva" ya que con estos tags salen un montón de entradas que no tienen nada que ver con el objeto de la búsqueda.

Así, no sé extactamente qué se ha hecho de El Vidente Salva y si todavía sigue en activo o si se arruinó. A decir verdad escribo este párrafo sobre él dado que era uno de los personajes que me dejó un poco out por el mero hecho de ser vidente en una época en la que estuve muy interesado en estos temas, aunque jamás tuviera yo la necesidad de recurrir a ninguno de ellos.

Me dejaba out también su nombre de guerra: "EL VIDENTE SALVA". Jo, macho, te lo podrías haber currado un poco para buscarte el nombre. Vale que te llames Salvador y que tus amigos te llamen Salva y que deseas que tu clientela te trate como un amigo y que, por tanto, te hagas llamar Salva pero no me negarán ustedes, mis lectores, que es un nombre poco llamativo para un vidente. Rappel está bién. Aramís Fuster, también... pero Salva -buf!- ... casi que no. Yo me hubiera puesto algo como, aprovechando el nombre de Salvador: Salvatium, Salvatore (en italiano). No sé, queda más comercial... O si no optara por transformar mi propio nombre, pues: Oculum (ojo en latín); Caster (del inglés tomaría la palabra forecast, previsión del tiempo). En fin, ahí queda el recuerdo hacia este vidente.

EL PROFETA BÍBLICO DE NOU BARRIS

Pero si debo hablar ahora de lo que es el porvenir no puedo pasar por alto a un profeta que nos dejaba sus mensajes escritos en tiza en las paredes de las calles de Barcelona. Fui seguidor de sus escritos, no de sus ideas, ya que era habitual pasear por las calles de Nou Barris, Sant Andreu, Guinardó,... y encontrarse con sus mensajes a la humanidad.

Este profeta de la cristiandad tenía por costumbre escribir mensajes bíblicos en las paredes, como he dicho, en tiza. A veces se trataban de citas textuales de la Biblia y otras veces eran reflexiones y recomendaciones. Y más que reflexiones me atrevería a afirmar que eran advertencias. No recuerdo que en alguno de sus mensajes nos anunciara el fin de los días pero estoy muy seguro que en alguno de sus versículos lo llegaría a mencionar.

Era muy típico reconocer sus mensajes no sólo por el mensaje en sí, sinó porque siempre escribía con letra muy grande, redonda y prácticamente sin separar las palabras ni poner signos de puntuación, con lo cual se hacía muy difícil entender lo que se decía si uno leía el mensaje mientras iba caminando a menos que se detuviera a leerlo con atención. Aun y así era preferible leerlo dos o tres veces para terminar de descifrar la su letra, las pausas del texo y, finalmente, captar el mensaje del escrito. Algunos de sus mensajes decía algo como esto:

"leelabibliaporqueessabiduriacristonosama" y etc...

Pues imagínenese ustedes ni que fuera dos párrafos de letras redonditas, enormes y todas juntas, sin comas o puntos y, por supuesto, ni una sola tilde.

Hace unos meses en Ràdio Contrabanda, el programa Sinaudiencia hizo un pequeño comentario sobre éste profeta calificándolo como uno de tantos grafiteros anónimos de la ciudad de Barcelona. A todo esto añadiría que nuestro querido profeta bíblico barcelonés puede pasar a ser uno de los grafiteros más clásicos de la capital catalana junto con el famosísimo "Xupet Negre" (a veces, y correctamente, xumet) quien dedicaba su obra a grafitear las paredes con su firma: un chupete negro.

Sigamos...

EL PREDICADOR DEL PASEO DE VERDUM

En cierta ocasión, caminando yo por el Paseo de Verdum de la Ciudad Condal, a la salida del metro de Lluchmajor, se me acercó un señor que ya tenía yo visto del barrio pero desde hacía mucho. Jamás nos habíamos dirigido la palabra y dudo que él me tuviera visto o se percatara de mi existencia. Este señor era habitual verle por las cercanías del antiguo manicomio de Verdum (donde acutalmente está el cuartel de la guardia urbana) y por el Parque de la Guineueta, a parte que creo coincidí con él una vez en la cola para entrar al cine Astor.

Aquél día oí su voz por primera vez. Biblia bajo el brazo y vestido con una tupida americana a cuadros, se me acercó abordándome a la salida del metro cuando habíamos caminado en paralelo unos diez metros en dirección al semáforo de la esquina de la Calle Lorena. Veamos qué me dijo:

PREDICADOR: Buenas tardes. Disculpe.

YO: Buenas tardes. ¿Qué desea?

PREDICADOR: ¿Cree usted en Dios?

Yo, chuleta de mi, le quise vacilar y le contesté:

YO: Yo no sólo creo en Diós sinó que también creo en el Demonio.

El predicador se me quedó de piedra, completamente perdido por la respuesta tajante y nada premeditada que le solté. Yo, por mi parte, me sentí reconfortado. Había logrado quedarme con el pavo que de bién seguro, su objetivo era endorsarme una Biblia, una visita con motivos religiosos a casa o invitarme a su congregación de hermanos. Pero cuál fue mi sorpresa cuando el Sr. Predicador buscó la vuelta a mi tajante respuesta:

PREDICADOR: Así que usted cree en el bien y el mal.

YO: Sí.

PREDICADOR: En el amor y en el odio.

YO: Sí.

PREDICADOR: En la justicia y la injusticia.

YO: Sí.

Y entonces es cuando cambió el tono serio y firme de su voz a uno un poco más relajado y cercano con el que me vaciló y se quedó conmigo:

PREDICADOR: Pues, amigo, tú tienes problemaaaas.

Pues sí, amigos, de esta entrada en el fanzine de lo chorra de El Blog Autodefensa les puedo contar que habrán réplicas ya que es un tema suficientemente interesante para poder desarrollar ya que la urbe esconde muchos secretos y personajes con los que he podido coincidir de alguna manera sea en persona o porque me han tocado de cerca o he podido conocer por un medio u otro. Tengan por seguro que les mantendré informados de otros seres que conviven entre nosotros y que, lejos de imaginárselo, ustedes ignoran.

Hasta el siguiente post.

Wednesday, September 26, 2007

BUFFET LIBRE

Siguiendo con lo que les anunciaba en el post anterior quiero dedicar este artículo a algo que nos agrada en desmesura a los que somos "de vida": el buffet libre.

¡Ay qué buen invento que es el Buffet Libre! Buffet es el anglicismo para una palabra de origen francés buffet que viene a significar "mostrador", "despacho", "aparador", así como el mostrador de una tienda es donde se trata con el público. Así pues la palabra nos ha dado la idea de ser un mueble donde se expone. Estamos acostumbrados a escuchar esta palabra a la inglesa para referirnos al mostrador del Buffet Libre. Sin conexión alguna con lo que he explicado, existe la coincidencia que la palabra BUFETE, que según tengo entendido, significa CULO en caló, la variante ibérica de la lengua romaní, habla del pueblo gitano.

Vistas la etimología y una curiosidad sobre esta palabra, vamos a entrar en materia con lo que comentado que es un gran invento: la idea de comer todo lo que puedas por un precio pre-establecido. No sé quién tuvo la brillante idea de poner al alcance de los más tragones la posibilidad de salir más que satisfecho de uno de estos restaurantes habiendo pagado lo que cuesta un menú en cualquier restaurante convencional. Bueno, tal vez el precio sea un poco más caro que en otro restaurante pero el reto está en que te salga a cuenta el haber pasado por el buffet libre. Normalmente los restaurantes de buffet libre se ceban un poco en el precio de las bebidas por lo que el comensal tiene que ser un poco más vivo y pedirse la bebida más barata que haya en el restaurante que generalmente suele ser agua. En cuanto a la bebida y su proporción con respecto a la comida voy ahora a dar un pequeño consejo. Tomen nota:





Por favor, vigile de no hincharse el estómago de líquido ya que no alcanzaría a meter en el estómago la cantidad suficiente de comida para que salga a cuenta haber ido a comer a ese sitio. Ya he escrito que se tiene que obtar por la bebida más barata, el agua mineral sin gas, que suele venir presentada en botellas de litro y medio. No sea toca-cojones con si la botella viene desprecintada, si tiene el gusto de la cañería, que si se nota que es del grifo y han rellenado la botella. Déjese de imbecilidades y dedícase a engullir comida que para eso hemos venido, el agua sólo tiene que ser para, en caso de atragantamiento, poder salvarnos la vida o salvarnos del bochorno de ponernos a toser de manera escandalosa mientras nos atragantamos con piezas alimenticias mayores de las que nuestra garganta puede admitir. Así pues evite beber agua y dedíquese a lo que ha venido, a papear. Por supuesto no me sea cenutrio y vaya a pedirse un refresco carbonatado para acompañar la comida porque, además de que le va a costar un ojo de la cara, las burbujas de los refrescos de naranja, limón, cola,... se concentran en el estómago, nos lo hinchan y éste interpreta que ya está lleno y, por tanto, el cerebro nos da una información falsa diciéndonos que ya estamos satisfechos cuando aun tenemos centímetros cúbicos de estómago por llenar. Ni qué decir tiene que no se decante por bebidas alcohólicas por la razón de la cantidad-precio.

Yo quisiera dejarle claro que en la única situación en que se puede permitir tomarse un refresco de burbujas para acompañar una comida es cuando vaya a un Restaurante Chino ¿por qué? pues porque como uno ya paga el menú, y el menú tiene un principio y un fin, no tiene que reservar espacio para ver cuánto más puede meter en su estómago, simplemente usted ya sabe qué es lo que hay y tiene que contar con ese espacio. Sólo en este caso se permite el uso de una bebida carbónica pero, ojo, no sea burro y no se vaya a pedir una lata de Coca-Cola por aquello de que van 33 cl., y sería usted un tontorrón profundo si se pidiera el botellín de 20 cl. de Coca-Cola (aunque tenga mejor sabor). Usted lo que tiene que pedir en estos casos es una botella de gaseosa. ¿Por qué? pues porque por el mismo precio de una lata de Coca-Cola de 33 cl. se puede meter medio litro de gaseosa que, al fin y al cabo, usted lo que quiere es notar un saborcillo dulce y con burbujas en el fluido que acompaña su "menú-diario-lunes-a-viernes-mediodía,-5€.-excepto-festivos" o lo que coño suela pedir en un chino.

Sobre la comida de los restaurantes chinos diré que me encanta. Ya sé que lo que nos ponen en estos restaurantes está a años luz de lo que realmente comen los chinos en China. Para el que no esté iniciado diré que la gastronomía china difiere mucho de la nuestra ya que allí se lo comen todo, y cuando digo todo es todo. En China comen alimentos que aquí no comeríamos jamás, alimentos como todo tipo de insectos, escorpiones, perros, ratas, etc... Existe la anécdota en la que un embajador británico en China recibió en su casa a no sé qué ministro del gobierno chino. El embajador tenía una perra que acababa de dar a luz una camada de cachorros y después de la reunión el británico decidió regalarle dos perrillos al ministro chino. Al cabo del tiempo el chino agradeció al británico el regalo diciéndole que los perros estaban muy buenos y que hicieron las delicias de los invitados a su casa. Pues lo que decía, en China se come muy diferente de lo que nos ponen en los restaurantes chinos de Europa. Aun y así sí que hay platos comunes como el "cerdo agridulce", el "rollo de primavera" o el "plátano frito".

La comida servida en los restaurantes chinos me mola un mazo porque:

1º. Es abundante (sin más comentarios)
2º. No es a lo que estoy acostumbrado (me gusta variar)
3º. Es muy golosa por ese magnífico invento que es el potenciador del sabor llamado Glutamato el cual ponen en todos los platos de manera bestial.

Llegados a este punto ya están ustedes preparados para saber cual es la máxima aspiración en lo que en materia de papeo se refiere: EL BUFFET LIBRE ORIENTAL

Sí, amigos, si me gusta la comida china y me gusta ingerirla en cantidades industriales, mi máximo sueño es reventar en un buffet libre de comida china a la europea. Comida golosa y a granel aderezada con las más exquisitas salsas de soja tostada, yogur, tahín (pasta de sésamo), salsa de cachuete, etc... Infinidad de ensaladas de lechuga Iceberg con gelatina de agar, rollitos de primavera, la siempre apetecible ternera con salsa de ostras, el gelatinoso pollo con almendras, los tallarines fritos con ternera o gambas, deliciosos bulbos de pasta rellenos de preparados cárnicos con un sinfín de especias,... y todo esto en las más grandes cantidades que un ser humano pueda comer.

Aunque un servidor actualmente no tenga por costumbre comer carne me salto la dieta semi-vegetariana cuando tengo al alcance estos exóticos manjares suculentos en los que los productos de origen animal saltan del plato rogándome que los devore para así llenar mi cavidad bucal de una orgía de sabores y aromas que me transportan en una nave que surca el mar del más placentero de los placeres gastronómicos.

Por la filosofía de la comida vegetariana estuve una vez en una feria dedicada a las costumbres del naturismo, la alimentación biológica, etc... en esta feria había azafatas que repartían publicidad de diversas empresas dedicadas a la agricultura ecológica, alimentación natural, etc... y, cómo no, restaurantes vegetarianos. Así una chica me ofreció la tarjeta del restaurante para el que trabajaba. ¡Dioses! tal vez aquel momento fue una revelación divina. En cuanto leí la tarjeta se me abrió el cielo:

RESTAURANTE VEGETARIANO ORIENTAL - BUFFET LIBRE.

Naturalmente no pasó ni una semana que ya me presenté en el citado restaurante a ver qué se cocía, y nunca mejor dicho. La decoración, hay que decirlo, era muy cutre. El restaurante por dentro simulaba el compartimento de pasajeros de un avión, con ventanillas en las cuales se podían ver vistas aéreas de la ciudad de Nueva York, paisajes de la Micronesia, la Torre Eiffel, etc... las paredes de maedra aglomerada mal-pintadas con esmalte "verde laguna", mesas fijas muy feas. Al inicio del local la barra del bar y al final del mismo... ay! al final del mismo, justo antes de la cocina y los labavos. Al final del local: EL BUFFET. Un mueble de acero inoxidable en el que las bandejas se mantenían calientes por el sistema de calefacción del mismo buffet, bandejas cargadas de comida, eso sí toda vegetariana, dispuesta a ser servida en los platos que se amontonaban junto a la ventanilla de la cocina por la que no paraban de salir más productos alimenticios listos para consumir.

La ventaja es que el restaurante no estaba muy concurrido lo que me permitía ir y venir contínuamente de la mesa al buffet y del buffet a la mesa con todo lo que me iba a llevar al estómago sin vergüenza alguna. Además como las mesas estaban separadas por cortinillas uno tenía la intimidad suficiente para poder cargar el plato hasta los límites del equilibrio y llevarlo a la mesa para devorar el contenido resguardado de las miradas de los que son igual de glotones que yo pero que van a fijarse en lo mucho que come el vecino.

¿Qué comí? todo y de todo. Desde ensaladas inundadas de salsas, falafel (bolas fritas de harina de garbanzo típicas de la cultura árabe), patatas guisadas en salsa ligeramente picante, rollitos de primavera de col, lechuga y zanahoria, bambú guisado en salsita, tallarines de harina de arroz salteados con setas shiitake, estofados de tofu, sopa de azuquis (especie de legumbre asemejada al frijol), arroces de todas clases, etc... Madre del alma, aun y después de varios viajes al buffet el plato siempre aparecía vacío cuando me levantaba de la mesa.

Cuando terminé me pedí un té de gengibre. ¡Qué calentito! ¡qué picantito! ¡qué delicioso! Bebí un trago bueno de ese caldo tan aromático. Noté cómo bajaba el calor por mi esófago arrastrando cualquier trozo de comida que hubiera quedado pegado al interior de la luz de la parte alta de mi tubo digestivo. En cuanto el cálido líquido llegó a mi estómago noté como si diera una vuelta entera al gran bolo alimenticio que yacía en mi panza esperando a ser digerido por mi sistema digestivo. La sensación de notar el calor paseándose por la pared interna de mi órgano gástrico me dio un vuelco que me hizo palidecer y sentir como un escalofrío me recorría la columna vertebral hasta llegar a mi cerebelo, desde éste se mandaría un mensaje nervioso a la protuberancia que activaría el sistema parasimpático de mi cuerpo. Este mensaje fue devuelto a mi estómago en forma de orden para que la musculatura lisa de éste actuara dicéndome que tenía que ir urgentemente al labavo. Con sudor frío, pero calmadamente, fui al labavo y, apuntando mi boca al interior del WC, eché las rabas. Mientras vomitaba, notaba como los azuquis que había comido en sopa sin masticar salían disparados cual munición de una ametralladora M-60, proyectándose sobre la superficie interior del WC hasta el punto que pensaba que iba a romper la cerámica del Roca.

Cuando salí del labavo me pregunté si me había salido a cuenta ir a ese buffet libre. En realidad qué buscaba yo ¿alimentarme o simplemente comer? Yo lo que quería era papear, cuanto más mejor, saborear la comida. Y así lo hice. Mi cuerpo no sintió la sensación de estar hambriento porque comer había comido lo único es que nutricionalmente hablando no me había servido para nada pero yo salí de allí contento. Voy a decirles que, en la edad antigua, los romanos como no tenían tele se tenían que entretener con otras distracciones, de ahí las famosas fiestas y bacanales en las que se recreaban en vícios y placeres, y no tanto con el sexo que lo había, si no con el gran placer de la comida. Los romanos en esas fiestas practicaban el sexo con el fin de practicarlo de manera lúdica y no de reproducirse, de la misma manera comían por el placer de comer y no de alimentarse, y para evitar engordar tomaban sustancias emetizantes que les ayudaban a vomitar lo ingerido de manera lúdica. Para alimentarse comían en casa, para disfrutar del placer de la comida comían en sociedad. Al día siguiente volví para tomarme la revancha con ese maldito té de genjibre y me puse ciego de nuevo. Esta vez no me dio el vuelco en la panza y gané la batalla. No me volví a sentir como un romano.

VIVA EL COMER. VIVAN LOS BUFFETS LIBRES.

EL HUEVO ASQUEADO

Con este artículo se inicia una mini-serie de posts de temática gastronómica. Y es que ya hacía falta que los lectores de este blog tuvieran unas dosis de uno de los placeres más grandes de la vida como es el comer. En siguentes posts se hará un análisis exhaustivo de mis experiencias culinarias tanto como comensal como por haber sido profesional de la restauración. Ahora, sin más dilación, les dejo con el artículo sobre uno de los temas que más han preocupado a niños y mayores como ha sido el comedor de los colegios.



Antes hablaba de uno de los placeres más grandes de la vida... bueno, precisamente un placer no fue lo que se narra en las siguentes lineas ya que se puede hablar de un trauma infantil. Un servidor de ustedes y su hermano en los primeros cursos de EGB (sí, hemos tenido una educación reglada ¿qué os pensábais?) vivían en un pueblo de la costa gerundense y el colegio estaba, entonces, apartado del núcleo urbano con lo cual, al no tener coche nuestra madre, nos veíamos obligados a quedarnos a comer en el comedor del colegio. Ahora muchos de los que leen esto dirán: "Hala! ahora te vas a meter con la comida de los colegios. Pues yo me quedaba al comedor y me molaba" pues yo contesto: "Me alegro que te molase. Si hubieras estado en aquel comedor no dirías lo mismo".



Lo mejor de quedarse a comer en ese colegio era que coincidíamos con un chaval de segundo, Manolo (yo iba a primero) y uno de séptimo, Evaristo. Así, nos sentábamos en una mesa de 4 (en sentido de las agujas del reloj) Evaristo, Manolo, yo y mi hermano. Lo pasábamos en grande con las tonterías que soltaba Evaristo. El tío tenía puntazos.



Lo peor: la comida. En ese colegio la comida era una mierda. No. Corrijo, la comida era una puta mierda. Comer mierda y comer esa comida era lo mismo. Si alguna vez me preguntan ¿a tí te gusta la mierda? yo respondo que no ¿y por qué puedo decir que no me gusta la mierda? pues porque la he probado. No me he comido ningún truño, no. No seamos guarros. Pero aquella comida era mierda.



Si alguna palabra podía definir el comedor de ese colegio la palabra es ASCO. Me daba asco entrar en aquel comedor, que aunque disfrutaba de un escenario para exposiciones y obras de teatro, el aspecto rancio de las paredes con los pósters de paisajes ya amarillentos por el desgaste ya me removían las tripas. Me daba asco el olor de la cocina donde tenía lugar la macabra preparación de los víveres-vívoras (porque eso era venenoso). Me dio mucho asco una vez llevar la bandeja de la bazofia que comíamos a la misma cocina y sorprender a las dos cocineras (por llamarlas de alguna manera) comiendo los restos de la ensalada que había aquel día, sobre todo el detalle que presencié: una cocinera con cara de asco que se comía una aceituna y, en ese momento, se sacaba el hueso de la boca mientras cogía la siguente aceituna para papeársela. Me daban asco los macarrones al gratén que no eran más que un pegote de pasta pasadísima con tomate de manera testimonial (o sea más blanco que rojo) y un queso que, lejos de estar gratinado, estaba crudo. Seguiría enumerando platos inmundos y no terminaría... Pero lo que más asco nos daba a mi hermano y a mi era cuando nos ponían: EL HUEVO ASQUEADO.



¿Qué coño era El Huevo Asqueado (en adelante EHA)? Pues EHA era una especie de huevo frito. Y me dirán ustedes: "pero si el huevo frito es la comida favorita de los niños". Sí, el huevo frito sí pero es que aquello era EHA. Presentado en un plato de metal, redondo y pequeño, como los platos donde se pone la ración individual de canelones, EHA yacía en él sin más guarnición que el huevo en sí. Una clara con los bordes tostados, sin apenas burbujas de su cocción, y la yema de color amarillo selectivo (el amarillo claro de las luces de cruce de un coche de los años 80 y 90) le daban a EHA un aspecto como... de plástico. Me recordaba al típico huevo frito de plástico que incluyen en los juegos de comiditas para las niñas. Cuando uno pasaba el tenedor por la superficie de EHA no encontraba imperfecciones, simplemente era una superficie lisa. No hablemos ya de la yema: a parte del color, que ya he comentado, debo añadir que la maldita yema estaba completamente cuajada. A todo niño le gusta mojar pan en la yema del huevo frito, con EHA no era posible ya que, más que cuajada, estaba petrificada. La solidez de la yema hacía que no se pudiera mojar pan alguno y que si uno cortaba con un cuchillo EHA quedara seccionado dejando a la vista un interior perfectamente lleno de yema cuajada de color amarillo selectivo. Pero lo mejor está por contar, y es el sabor.

El sabor.

Vamos a ver. Si le llamo EHA ¿por qué puede ser? Lógicamente por el asco que daba. Un sabor rancio que no he vuelto a experimentar en mi vida. Mis papilas gustativas no han tenido ocasión de saborear otra vez esa mezcla de rancidez, amargura y no sé cuántos sabores inmundos más combinados en el cúmulo de aromas bucales más asquerosos que haya probado en mi vida. Ahora, ya de mayor, me cuesta de imaginar otro sabor comparable a aquella porquería. He comido de todo, me gusta comer y he saboreado algunos manjares que me han gustado más y otros que menos, además de otros que no me han gustado nada, pero el recuerdo que tengo de EHA es algo indescriptible que me hace venir arcadas tan sólo de pensarlo pero como soy masoquista en este aspecto voy a intentar de poner palabras a tan horrible sensación estomatológica a la vez que miraré de dar una explicación al origen de tan monstruosa aberración culinaria.

He comentado que se trataba de un sabor rancio, como si fuera un alimento que se haya pasado de la fecha o simplemente no esté destinado al consumo humano. No sé si alguno de ustedes, hambrientos lectores, han mordido o lamido alguna vez la pezuña del jamón que cuelga de un gancho de la cocina por Navidad. Si es así, ¿verdad que tiene un sabor como amargo y fuertemente concentrado? Pues EHA tenía un sabor similar pero como si el puto huevo hubiera estado frito con aceite requemado, con un aceite que se haya usado más veces de lo debido y muchas más. Ahora dudo que ese aceite pudiera ser de gira-sol, ni mucho menos de oliva. De hecho como esta historia ocurrió a principios de los años 80, es muy posible que el aceite fuera de colza y que, juntamente con los refritos de los que era objeto durante semanas, el aceite se volviera más peligroso que el gas sarín. Afortunadamente sólo estuvimos 2 años en ese colegio, mal-disfrutando de ese comedor inmundo, de haber estado más tiempo hubiéramos formado parte de las estadísticas de mortalidad infantil (o tal vez nos hubéramos hecho inmunes a toda enfermedad).

En casa denunciábamos los hechos diciéndoles a nuestros padres que la comida en el cole era muy mala, que era una mierda, evidentemente dimos parte del plato que en especial nos tenía amargados (nuestro querido EHA) pero nuestros padres en lugar de decir: "pero cómo se atreven a poner tal bazofia!" no, se partían la caja en un mar de risas por el apelativo con el que habíamos bautizado a uno de los platos más antiguos de la historia y que en ese colegio se convertía en nuestra peor pesadilla. Nuestros padres nos decían que no es lo mismo cocinar para 5 personas que para tanta gente como había en el comedor del colegio y que era normal que la comida no fuera tan buena como la de casa. Pero es que la comida no era buena en absoluto. Además nuestro padre nos decía que en otros tiempos se pasaba hambre y la gente se lo comía todo por malo que fuera y que cuando él estaba en el colegio de curas uno no podía escoger la comida, lo que había era lo que se comía, sin más contemplaciones.

Hoy en día hechos como los que he narrado no tendrían lugar. Seguro que se hacen catas de los menús que se sirven en los colegios para que los padres vean que sus hijos están bien alimentados y que la comida no sólo cumple con su función nutritiva, en base a una dieta "sana y equilibrada", sino que el sabor de la misma hace que la hora de comer no sea un suplicio para los paladares de los niños. Pienso yo... ¿sesiones de catas para la conformidad de los padres en 1981? Jamás de los jamases. Decían que en el servicio militar se comía mal y que los reclutas se veían forzados a tener que comprarse bocadillos durante el paseo y que cuando iban de permiso a sus casas volvían al cuartel cargados con el chorizo de cantimpalo y el pan redondo de kilo. Pues una mierda! donde se comía mal no era en otro sitio que en el maldito comedor del colegio donde estudié primero y segundo de EGB.

Y dicen que el "fast food" es comida-basura. El Huevo Asqueado era una BASURA POR COMIDA.

Saturday, May 26, 2007

LA MÁQUINA DE CAFÉ

Conversación telefónica basada en un caso real que le ocurrió a un buen amigo mío que trabaja como reponedor para un empresa de Vending.


María: ¡Paco! Yama ar número que t'han dado en er armacém de los materiales para poner la máquina de café en el trabajo.

Paco: Ya va... (Joder con la mujer). Vamos a ver... 6, 1, 6, 5,...

Vending: ¿Digame?

Paco: Hola, buenos días.

Vending: Buenos días.

Paco: ¿Son ustés los que ponen las máquinas der café?

Vending: Sí.

Paco: Yo quiero que me pongan una máquina der café.

Vending: Bueno pero para eso tiene usted que llamar a la oficina...

Paco: No, no. Yo la ofisina la tengo en casa y el café me lo hase mi mujé. Lo que quiero es que me pongan una máquina der café en la obra. Verá, el que somos construnsiones Francisco Martínez, s.l.

Vending: Ya, señor, pero usted lo que tiene que hacer es llamar a nuestra oficina. Que le pongan con el departamento comercial.

Paco: ¡Pero qué coño dise der apartamento y der comersio! Si la quiero pa una obra. Le esplico: resulta que los chicos se me van a tomá er café ar bar y es que me tardan mucho rato en volvé a poné los ladrillos. A parte que uno no controla qué es lo que toman, que si er carajillo,... y ya sabe usté lo serias que se están ponieno las altoridades con eso de los riejgos labolares, y por eso quiero una maquinita der café al lao der containe de los vestuariosss.

Vending: Pero no es conmigo con quien tiene que hablar. Si yo soy un reponedor. REPONEDOR.

Paco: Pué eso es lo que quiero yo: que me la PONGA. Joder.

Vending: uhm...

Paco: Mire usté. Lo que passa es que si no tiene ganas de trabajá me lo dise y ya está, en lugar d'estar mareando tanto la perdís. Coño. Así va España. Ya le diré a mi mujé que me prepare er café y se le yevaré en TERMO a los chicoss.

Vending: Pe... pero...

Paco: Ni pero ni ostras en vinagre. Ahí se queda. Ya ha perdío un cliente. Adió, buenos días.

María: Pero Paco, ¿Qué ha pasao? ¿Qué son tantos gritos?

Paco: Ná, María, que la gente es más vaga... que no hay ganas de trabajá. Anda ve poniendo la cafetera grande ar fuego que me yevo er café en los termos...

María: Paco, no te surfures, que no te conviene pal corasón...

Paco: Que no me surfure... Así va España...

María: No me vayas a beber tu café ahora que te va a entrá argo malo...